Alguien dijo que el sentido común es el menos común de los sentidos. Una consulta a la Wikiquote (el apartado para citas) revela que de una u otra manera, esa idea la han usado diversos escritores y filósofos. Hasta el punto que se diría que la falta de sentido común es también de sentido común.

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A mi entender lo que pasa es que el sentido común NO viene de serie sino que se construye socialmente y cambia según la época, el país o la clase social. Por ejemplo, me he persuadido de que el sentido común de Mariano Rajoy y el mío no coinciden del todo. De manera que no creo que sea ahora mismo un buen instrumento para crear una sociedad equilibrada y el presidente del gobierno yerra reclamándonos a todos una cosa que es muy suya (y de los suyos, supongo).

Yo creo que es importante construir un “sentido” auténticamente común. Y lo relaciono con el concepto de ciudadanía ponderada que intentaré explicar conectándolo con lo que podría ser competencia educativa.

Si el sentido común es una percepción de la realidad que nos orienta para actuar en la práctica y se supone que ha de ser una percepción compartida, yo diría que ha de tener niveles. Si tu vida práctica se orienta sólo al cuidado de tu casa, tu familia y tu trabajo, ahí se acaban las competencias de tu sentido común. Es decir, el sentido común va ligado a algún nivel de responsabilidad en la vida social. Si fuere así, uno concluye que la responsabilidad de muchos se acaba en su epidermis, lo que les permite acomodar los pies en el asiento de delante en un autobús abarrotado. Incluso en la conducción de una familia, el sentido no siempre es muy común y quien más quien menos se lleva sorpresas en público. No voy a criticar a nadie: en mi época de cines de barrio muchos niños de cinco a siete años jugábamos a indios en las primeras filas vacías del cine mientras nuestras madres lloraban con los dramones de Douglas Sirk. Parece que el sentido común de aquella época lo permitía (y el sonido de la película estaba muy fuerte).

Dada su alta responsabilidad, es lógico que el sentido común le diga a Rajoy cosas que a mí no me dice, pero sigue habiendo un problema. De comunicación. Porque una sociedad es básicamente comunicación. Y uno de los principales fines de la escuela es ensanchar los límites de la comunicación y la percepción. No es que Rajoy y yo debiéramos hacer converger nuestro sentido común, es que tal como está el mundo, chinos, rusos, malayos, afganos, bantúes, colombianos, yankis, noruegos, españoles… etcétera, etcétera deberíamos converger en un sentido común universal, porque nuestras actuaciones prácticas estarán cada vez más interconectadas.

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Cada vez será más de sentido común ver que es inútil pedir aumento de sueldo si los chinos no lo piden también.

Cada vez será más de sentido común ver que los productos de la Tierra los gastamos antes de final de año.

Cada vez será más de sentido común ver que los derechos humanos son plantas frágiles que hay que cuidar mucho.

Cada vez será más de sentido común que las diferencias de riqueza estarán más a la vista de todos.

Cada vez será más de sentido común que la democracia no es posible sin cultura y conocimiento global.

Es decir, cada vez más “sentido común” se equiparará a “visión del mundo”. De todo el mundo. Y será de sentido común que la ciudadanía ha de ser mundial, cosa que aún no pasa.

El sindicalista que sólo sepa desgañitarse exigiendo derechos y rechazando recortes que no ha investigado ni evaluado ni sopesado ni juzgado, se quedará solo en una isla de desconcierto.

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PONDERADO viene del latín pondus, ‘peso’. La persona ponderada es la que ve el problema como el comprador consciente ve la mercancía, la examina y la sopesa. Una ciudadanía ponderada es aquella que pregunta más que exige, que discute y debate sin pretender la victoria sino la verdad (al revés de lo que suele ocurrir en las tertulias políticas). Negocia responsablemente y al final elige una dirección o simplemente no se mueve.

No hace falta gritar.

Una multitud silenciosa e inmóvil puede ser el adversario político más temible.

Eso viene reclamándose hace más de doscientos años. Tal vez Lenin o Mao pensaran que obteniendo el poder se cambiaba al ser humano. Me temo que el comunismo no ha existido nunca ni tiene posibilidades ahora mismo y además la cosa va al revés: cuando cambie el ser humano el comunismo será posible y el poder, auténticamente del pueblo. Y el cambio está siempre en proceso. Nos cambia el planeta, nos cambian las situaciones que en él se dan, nos cambia el ADN, a saber cómo…

Pero seamos o no optimistas, y puestos a confiar lo justo en los partidos, necesitaremos instituciones que den algún empujón al cambio (el del mundo entero). Y la principal debe ser la EDUCACIÓN, basada en el trinomio FAMILIA+ESCUELA+CIUDAD (la política es sólo el campo de batalla). Sólo esa institución puede ir aumentando el grosor de esa capa de humanidad llamada CIUDADANÍA PONDERADA. A eso le llamaría yo un ser humano cambiado, humanizado y sostenible. La educación ha de construir ese sentido común mundial y la escuela, ser su ateneo juvenil.