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SER MEMORABLE

La memorabilidad del docente debiera ser el desiderátum, el no va más, de todo docente. Cuestión aparte es si la memorabilidad es algo innato de unos pocos o si, por el contrario, puede ser alcanzable a través de un aprendizaje.

Todos conocemos ejemplos de magníficos profesores que deslumbran a sus alumnos gracias a su personalidad y conocimientos. Muchos de ellos reflejan su carácter afable en el trato con su alumnado, los intereses personales en la materia que enseñan, sus gustos en la conversación que se da en el aula o su vida personal en los consejos que comparten. Pero, ¿todo esto se aprende?

A los profesores más ordinarios no nos queda otra que aprender de ellos, de sus cualidades, cultivar la persona, no permanecer anclados en el mismo tipo de enseñanza que experimentamos, ser más sensibles, leer y conocer otras realidades que nos permitan conectar con el alumno. No nos queda otra que confiar en aquello de “todo se pega menos la hermosura”.

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Photo credit: Image taken from page 3 of ‘On Design and Beauty. An epistle. [By Isaac Hawkins Browne, the elder.]’ via photopin (license)

Con el tiempo he podido rememorar y descubrir lo estéril de los muchos años de un tipo de docencia recibida que me limité a imitar y trasladar a mis primeros alumnos. Un tipo de docencia “tradicional” que en absoluto está en desuso, por desgracia, donde prevalecen los contenidos y la superioridad del profesor en el aula. Un aula o territorio que se antoja propiedad intransferible del docente y donde no caben más alternativas que un libro de texto y unos exámenes memorísticos que adornarán las calificaciones finales.

La única frase que recuerdo con claridad de mi primeros años de escolarización, es aquella en la que un maestro me decía: “te tengo siempre in mente” con la que me demostraba cariño y ánimo para continuar mi afición a la lectura. El resto tiene ya poco de memorable, salvo alguna excepción que pude disfrutar con más edad. Y, así lo creo, no entiendo que este árido panorama se debiera a la desidia o mala fe, más bien faltaron otros referentes además de padecerse cierta incultura pedagógica. Mas ahora no tenemos excusa.

Te tengo siempre

in mente

La buena noticia es que estamos siempre a tiempo de ser memorables, pese a los muchos o pocos alumnos que hayan pasado por nuestras aulas, aún quedan otros tantos que se merecen nuestra dedicación plena. Una entrega destinada a que nuestros alumnos aprendan disfrutando a la vez que alimentamos su deseo por saber más.