I

“Estamos ante un mundo sin alma; no hay pueblos sino mercados; ciudadanos, sino consumidores; naciones, sino empresas; relaciones humanas, sino competencias mercantiles”

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En un comentario anterior, hemos estado debatiendo sobre la necesidad de humanizar la tecnología. Ahora, nos gustaría ofrecer una revisión al modelo comunicativo y educativo institucional, mediado por las tecnologías (TIC), imperante en estas dos últimas décadas en España.

Hablaré en plural, porque este discurso está enriquecido por muchas aportaciones de colegas y seguidores, y –de modo particular– por Daniel Aranda y Carmen Marta.

Percibimos que la comunicación se ha reducido en gran medida a información, con frecuencia contaminada por la saturación y el exceso (infoxicación), la falta de rigor y un escaso pluralismo informativo.

Para afrontar este doble reduccionismo (comunicación = información; educación = tecnología) proponemos un modelo que humanice a ambas, un modelo que pivote y fluya sobre tres nodos: comunicación, salud y educación. Tres nodos que vertebra el factor R (relacional) que describe y define una alternativa socioeducativa.

COMUNICACIÓN

La comunicación ha sido origen de culturas en sus múltiples y variados géneros, soportes, formatos y narrativas. Cuna del ser humano desde la oralidad, la escritura y la ya denominada nueva oralidad con la digitalización. Ha sido y es convergencia e hibridación (medios, plataformas, lenguajes, culturas). Y ha sido y es simbolismo, representación, construcción de la realidad. Una comunicación que supera el reduccionismo informativo, mercantilista, o de proselitismo político y/o religioso.

SALUD

Desde esta visión sociocultural de la comunicación, y con otra visión de los “nuevos alfabetismos”, ofrecemos nuestra propuesta de comunicación, en la que la educación para la salud adquiere un papel relevante. Desde el documento HyV  de la Carta de Otawa en los años ochenta, recogida en los noventa y relanzada en 2003 por la OMS, cambia el panorama de la salud. Pasó de un enfoque proteccionista y vacunador, sólo preventivo, a un paradigma de promoción de la salud,  de empoderamiento, sin descuidar la prevención.

Una visión positiva y holística, que abarca las tres dimensiones del ser humano (cognitivo, emocional y social) y desde un proyecto de desarrollo comunitario, que abarca a todos y a cada uno de los agentes  y mediadores sociales en un triple entorno (individual, social y ambiental).

EDUCACIÓN

La educación para la comunicación ha tenido en América Latina diferentes nombres: Argentina (Conecta Igualdad), Uruguay (Ceibal), Chile (Enlaces), Paraguay (Paraguay educa), Bolivia (Plan Nacional de Inclusión Digital), y Méjico, Brasil, etc., etc. En todos y cada uno de estos países se encuentra con mayor o menor medida, una supeditación al dominio de lo tecnológico, con una función básicamente instrumental.

En España, desde la década de los noventa, los programas institucionales, casi en su generalidad,  se han planteado la educación mediática como una servidumbre tecnológica, con un sistema educativo unidireccional, jerárquico y puramente transmisivo, repitiendo los esquemas de instrucción analógica del libro y pizarra de pared.

Este planteamiento educativo es contrario al enfoque sociocultural de la comunicación que hemos expuesto. Consideramos que el discurso TIC está superado, que se ha quedado en el “retrovisor de las narrativas vitales de nuestros alumnos. Los alumn@s no necesitan aprender en el aula destrezas tecnológicas, obsérvese la investigación que estamos realizando en CONINCOM. Los alumn@s están en las redes sociales, videojuegos, conversaciones online. En un conjunto de prácticas digitales y culturales que la escuela rechaza o evita, salvo en honrosas excepciones,  pero que podrían enriquecer en forma y fondo a la propia escuela. En nuestra opinión,  son estas prácticas las que someten a revisión el modelo comunicativo, y por tanto, educativo e institucional, que se produce en los espacios formativos formales.

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FACTOR R

Con estos argumentos, proponemos la incorporación del denominado Factor R (‘relacional’):

Que recoge los grados y niveles de inte-R-acción que ocurren entre sujetos s receptores-productores, entre sujetos y “textos”, entre sujetos y contextos socioculturales significativos.

Que recoge la R-eciprocidad en su horizontalidad de espacios y tiempos (offline/online), con el carácter lúdico que imprenga a las audiencias cuando son participantes. Muchas comunidades fans son un claro ejemplo, algunas las  hemos comentado con los videojuegos.

Que recoge las competencias digitales en su capacidad de análisis y producción, expresión e intercambio, la promoción de una vinculación informal que motive afiliaciones para emprender proyectos colaborativos, en la reconstrucción mediática que propicie la parodia.

El Factor R no es ‘una letra más’, ni una ‘sigla decorativa’, es un elemento sustancial que integra la esencia del ocio digital y propone el modelo de las TRIC: intensifica la R-elación de la C-omunicación y critica y limita la T-ecnología.

Por tanto, recupera el espíritu de la comunicación milenaria; incorpora las prácticas populares culturales y digitales; integra la educación para la sallud en sus múltiples habilidades para la vida en una dimensión totalizadora y holística.

 

II

BLACKM

El visionado de Black Mirror me “arranca” horas de sueño.

Además de inquietante, es provocador. Admite muchas lecturas e interpretaciones, es uno de sus méritos, y tolera  la esperanza (véase  desde  la metáfora del implante).

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Black Mirror

Los cinco primeros minutos del primer capítulo son explícitos: una llamada despierta al Primer Ministro británico. Alguien ha secuestrado a la princesa (pongamos el nombre que queramos  “la del pueblo”, aunque allá el imaginario está en Lady Di). La princesa aparece en un vídeo atada a una silla rogando por su vida y leyendo un manifiesto del secuestrador. Sólo existe una petición para soltarla: el Primer Ministro debe aparecer a las 4 de la tarde en todas las cadenas de televisión del mundo, en directo, practicando sexo con un cerdo.

Los dos capítulos siguientes, en un ambiente futurista, pero con contundentes analogías del hoy y ahora, la narración revolotea por la virtualidad, desde un engranaje febril en el que la naturaleza humana se ha vaciado. El tercer capítulo, corta  el aliento desde el momento en el que el implante se coloca en el “alma” de Paul, con una excelente interpretación  de Jimi Mistry. En la última parte de la trilogía, las personas pueden grabar toda su vida en vídeo desde sus propios ojos. Es más, pueden recuperar cualquier escena en cualquier momento, revivirla o comentarla con sus amigos. El implante, metáfora de la memoria, también mantiene su ambigüedad, del mismo modo que la contiene la naturaleza tecnológica, creada por el hombre, pero que transforma a su creador.

Son muchas las huellas presentes en esta narración, desde el panóptico de Orvell, hasta el soma de Huxley, pasando por Ubik de P. Dick:

“La realidad es aquello que cuando dejas de creer en ella, NO desaparece”.

De las muchas lecturas que palpitan en este relato, me centraré en el ámbito de las relaciones humanas que anulan y  provocan; visibilizan y ocultan; potencian y castran; mantienen y mutan  los escenarios mediados por la tecnología. Con otro tono,  en “yo no tengo un iphone”, se describen cientos de detalles, que la patina del humor desliza con más amabilidad el contundente discurso de Black Mirror.

Aquellos que estamos en las fronteras de la comunicación y la educación,  de la presencialidad y la virtualidad, nos encontramos  como Teseo en el laberinto  buscando el sentido en el caos, también andando en tierras pantanosas, como sugiere Rivière:

“Una vez dentro del circuito, y esto es lo singular del fenómeno, todo es, se vuelve virtual: desde los políticos hasta las víctimas del Zaire, pasando por los ídolos juveniles, los presentadores de televisión y la gente del pueblo que desnuda sus sentimientos en un talk show”, para añadir más adelante “el reinado de lo virtual abarca todos los órdenes de la vida, ¿hasta convertir en innecesaria y superficial la vida real?”

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No hay que marcharse muy lejos para comprobar la certeza de estas palabras. Una noticia, la actualidad, es efímera y leve, lo que interesa es su mantenimiento en un tótem permanente y en un tiempo indefinido. Y esto siempre se logra con un buen espectáculo. Lo ejemplifican El show de Truman, y  de un modo más sutil y brutal  The Player de R. Altman.

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El show de Truman

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The Player

La fenomenología de las pantallas son un territorio para la gratificación sensorial, una peli, un spot, una serie, videojuego, conversaciones online…

“El nuevo capitalismo no busca avasallar sino hacer amigos, no pretende ser encantador… Su mayor facultad no es vencer, sino vender”

(V. Verdú).

Ya dijo Bill Gates, antes de retirarse, que nuestros salones (antes llamados cuarto de estar, luego cuarto de ver, ahora un rincón más del entorno multipantallas doméstico) serían grandes supermercados.

DOMUS

El espacio doméstico reúne un conjunto de rincones de ver y jugar en nuestro propio hogar. El espacio público será el compartido con la familia, ubicado no siempre en el cuarto de estar o comedor. El espacio privado  se encuentra acotado en el dormitorio de cada miembro. El público está controlado, los adultos saben, más o menos, cuando encienden el televisor o se conectan sus hijos. El espacio privado escapa al control, porque existe una puerta que separa lo público de lo privado, pero lo privado se convierte en global a través de la pantalla, por eso hablamos de habitaciones de cristal.

El entorno multipantallas teje una red social con intensa espesura. Las interacciones online, con mucha frecuencia complementarias al offline, como demuestra la investigación que estamos finalizando, cataliza una comunidad con una comunicación fragmentada, nerviosa,  multidimensional, lúdica. Distante físicamente, cercana emotivamente; inmediata, gratificante. El tiempo que hasta ahora conformaba y asignaba sentido a la relación, ha mutado en los escenarios mediados por la tecnología, ha descentrado la interacción, multiplicado las direcciones, y generado un “aquí-y-ahora” continuo.  Los sociólogos hablan de campo cultivado para las transferencias y propicio para que determinados usos y consumos de Internet favorezcan compulsivamente las proyecciones/identificaciones del usuario, de modo más intenso al que produce el relato o visionado de una peli.

Recientemente, gurús de la virtualidad como Sherry Turckle  también alertan de diferentes riesgos. El denominado Factor R (‘relacional’), se mueve en una doble dimensión. Genera un entorno ambiental relacional en todas y cada una de las “presencias” en la virtualidad, y entreteje una red de interacciones que construye un nuevo cuerpo sin materia, y un nuevo tiempo en la dictadura de la sincronía. Este factor, nace y crece del manantial emotivo. Cada clic, cada instante fugaz será efímero en la medida en que carezca de emoción, será permeable si existe vinculación o afinidad, tal y como ha desarrollado Gee.

CAMPOS DE AFINIDAD

Estos campos de afinidad se convierten en una plataforma y una excelente tentación, para que educadores y comunicadores despleguemos fantasía y concreción en torno a los espacios colaborativos. Así como en el ocio digital se producen de modo espontáneo y natural; en los espacios formales, hay que generarlos, pero no desde el discurso TIC, ya descrito en otros comentarios.

Interactividad, simulación, inmersión, hipervículos, multimedia, son cualidades de la Red que aportan atractivos beneficios, pero una ética para esta nueva convivencia está todavía sin escribir. Ética y dieta son indicadores que  marquen el norte de esta cultura. Para lo segundo ya organizamos unas jornadas que obtuvieron como resultado la publicación Psicopedagogía y nutrición,  disponible para todos.

El año pasado, coordinamos M.Lourdes de Torres Auded, enfermera y nutricionista y un servidor la publicación Psiconutrición del menor. Nutrición, psicopedagogía y pantallas sanas. Con una visión positiva e integradora  más de cincuenta expertos nutricionistas, comunicadores, médicos, psicólogos, pedagogos, escritores ofrecen sus conocimientos para hacer una convivencia más saludable en el entorno multipantallas.


José

Carmen

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