Las noches de este verano particularmente incandescente se combaten mucho mejor en compañía de buena cerveza y mejor compañía. Hace unos días procedí a ello, y estuve con unos amigos dedicando un ratico a tan magna tarea. Una de las parejas del grupo venía con sus dos hijos preadolescentes.

Casi al final de la noche, surgió en la conversación el tema del uso de las redes sociales y la tecnología en nuestra sociedad. Añadiré que lo que sucedió a continuación me hizo sentir un auténtico bicho raro, pues me vi argumentando con los chicos sobre usos, abusos y des-usos de las rrss y la tecnología y, la que suscribe, ya rozando la cincuentena, estaba más cerca de su modo de pensar que del de sus padres, pues estos desconocen de modo absoluto el tema, y, a priori, están en contra, para desesperación –literal– de sus vástagos. El colmo de la incomprensión surgió comentando la existencia de Snapchat, pues a mí me espoleó la curiosidad saber la opinión de los chavales sobre este tipo de aplicaciones y al resto de los adultos les espoleó los nervios. Tras disolver el encuentro, regresé a casa dando un largo rodeo, paseando sin rumbo y sumida en mil pensamientos…

Curioso, cuando menos, pensé, cómo se establecen las relaciones en red, ayudadas de la complicidad que da el parapetarte tras tu ordenador o dispositivo móvil, el guiño que se puede hacer casi a cualquier hora, en cualquier medio, el poder explicarte con el tiempo necesario, o, muy al contrario, el poder volcar lo que pensamos con vehemencia y velocidad instantáneas, mostrar lo que piensas, lo que ves, estás viviendo o simulas vivir, mientras que en la vida real queda aparcada la cotidianeidad, el sacar la basura, comprar yogures, o poner la lavadora, o, en el caso de nuestros estudiantes, la clase de Inglés o el taekwondo, y como esta magia que surge, es uno de los grandes incentivos de involucrarte en redes sociales.

Curioso, continué elucubrando, como en algunos casos los vínculos que se establecen son tan o más fuertes incluso que los que tenemos con personas con las que convives a diario. Curioso, lo mucho que se pierden, y que se ganan, las personas ajenas a esta realidad de detrás de la pantallita. Habitamos en mundos paralelos

Y, sobre todo, curioso, cuando menos, la existencia y la proliferación de aplicaciones móviles en las que el propio contenido del mensaje desaparece pocos segundos después de ser visto. Snapchat es una de ellas, una aplicación móvil de gran éxito entre el público joven, que combina el fenómeno de compartir contenidos visuales, con la inmediatez de la mensajería instantánea.

Es un tipo de app que actualiza el sentido del viejo refrán: Ojos que no ven, corazón que no siente, dándole el sentido de “pero como quiero mostrar de modo compulsivo mi realidad diaria, y como lo importante es que no quede huella si no hay un atisbo de perfección en ella, esta desaparecerá de tu vista y se borrará en los próximos segundos”, a determinar por el que envía el mensaje.

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Curioso, seguí pensando: Y, en este orden de cosas, ¿qué sentido tiene el uso de estas apps entre nuestros jóvenes? Dice Fito Páez en su canción que “por la boca vive el pez”. El ayudar a un pensamiento autónomo y la expresión de sentimientos y opiniones de modo asertivo son algunos de los objetivos de los educadores, ¿sigue eso vigente en la época de Snapchat?

¿Es conveniente hablar más de la cuenta? ¿Mostrar una foto en la que hemos salido con una mueca terrible? ¿Es bueno, y hablar en términos de moralidad de esto sea probablemente la primera equivocación, permitirnos el error, la metedura de pata, el desliz? ¿Mostrar aquellos que no es “perfecto”?

¿Adónde irán a parar este modus operandi: “Porque escribo igual que sangro, porque sangro todo lo que escribo”, si hacemos desaparecer lo que no es perfecto, medido y adecuado?

En una sociedad que potencia de todos los modos posibles la excelencia, la belleza incólume, la juventud sin límite, la diversión a ultranza, el que aparezcan aplicaciones como Winkmi o Snapchat, por citar algunas de las más conocidas, no constituye más que un paso más para tratar de borrar lo imperfecto, lo pequeño, lo erróneo, aun cuando eso es parte indisoluble de lo que nos hace humanos. Probablemente lo que más evidencia que lo somos.

Curioso, pensé, que también haya surgido una red social, Beme, en la que la realidad se muestra tal cual es, efímera e imperfecta, sin retoques ni filtros. Curioso, que ya tengamos redes sociales hasta para mostrar lo real que es la vida real, lo que no es óbice para hacernos preguntas reales y realistas: ¿Cómo enseñarles a saborear la vida en vez de dedicarse al postureo? ¿Cuál es la posición que debemos adoptar padres y educadores ante todo esto? ¿Tan sólo dejar de tomar cerveza o darnos definitivamente a la bebida?


Para saber más

WINKMI

BEME

9 MANERAS EN QUE LA TECNOLOGÍA AFECTA TU SALUD MENTAL