Las siguientes reflexiones están destinadas a problematizar y poner en perspectiva el uso y abuso que se hace del concepto de “Política Educativa de Estado” que –tan irresponsablemente– se destina a los discursos políticos en estos días, cara a los tiempos electorales que se avecinan.

POLÍTICA EDUCATIVA DE ESTADO

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Todos los días oigo esto: “todos nuestros alumnos comenzarán la escuela preparados para aprender, para vivir en este siglo XXI, para trabajar, etc., etc”. Pero… ¿Qué necesitamos para educar y aprender en un país moderno y para todos? ¿Qué es una política de Estado? ¿Qué se quiere lograr con ella?, ¿Cuáles son los objetivos que persigue? ¿Por qué “política de Estado”? ¿No es –acaso– la política del gobierno de turno?

Primero, una política educativa –y es aquí donde empieza el debate educativo– es un argumento de estructura; no un tema de coyuntura. La coyunturas unen, las estructuras son la columna vertebral de un proyecto.

Segundo, nuestros políticos ¿saben qué es una política educativa?, porque muchos están acostumbrados a pensar en elecciones más que en generaciones. Debemos saber que una política educativa traspasa los gobiernos; entones, nuestros políticos –ególatras y con ansias de poder permanente– deben de dejar de ser egoístas y pensar más allá de un gobierno.

Tercero, señalaré una diferencia con la palabra “Politequear”. Este concepto presenta a la actividad política como una tarea realizada con superficialidad o ligereza; sin embargo, la educación no debe ser tomada a la ligera: ES AHORA, PARA TODA LA VIDA. Con una buena educación, se formará la calidad de habitante que tendremos en nuestros países –desde los dirigentes hasta los maestros y médicos–. Por lo tanto, se debe pensar en qué queremos y reparar en el hecho de que la política NO consiste en “andar por senderos sinuosos y corruptos”, con poco bagaje cultural.

La política educativa es fruto de una decisión estratégica, porque una política de Estado es todo aquello que un gobierno desea implementar en forma permanente, para que trascienda, a través del tiempo, sin que se vea afectada por uno o varios cambios de gobierno. En efecto, la política de Estado obedece a un interés fundamental, por lo que debe conservarse de forma permanente.

Así, por ejemplo, la política de defensa, la política de vivienda, la política de educación o la política de seguridad –todas ellas– se definen por la importancia crucial que comportan para un país, deben ser desarrolladas al amparo común de una política de Estado unitaria. Esto es, su implementación debe responde al establecimiento de un acuerdo político a largo plazo. Con respecto a educación, el interrogante a responder parece claro: ¿Qué es lo que se persigue? Para dar respuesta a esta pregunta, se debe generar una relación armónica con todos los miembros de la comunidad educativa, desde alumnos, profesores y familias, hasta sindicatos y personal no docente.

PROSPECCIÓN

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Un Estado no se construye de una vez, ni es el resultado de hombres perfectos e infalibles. Al contrario, es la suma de todos los componentes de una sociedad; es el aditamento de esfuerzos y acciones que realizan sus diferentes protagonistas. Es un contrato social que se realiza para vivir en una comunidad organizada; por eso, se habla de políticas de estados.

La política está presente en diversos ámbitos como el de los partidos políticos, las ONGs, los Centros de Estudiantes, en nuestra vida cotidiana… Representa la insuperable posibilidad de “cambiar las cosas que no nos gustan en nuestra sociedad”, para lograr una “colectividad justa”, con oportunidades para todos. En este sentido, viene impregnada de proyectos, de emociones, de compromisos; pero también de utopías, por parte de quienes la ejercitan día a día.

Pensar en una política educativa es pensar en el futuro, eso es responsabilidad. El Estado no debe tener siempre a la escuela bajo la lupa para hacer de esta un blanco fácil de crítica sin construcción.

Los profesionales que estamos en educación

NO somos NI esclavos NI clientes.

La formación transforma, humaniza, y –con el tiempo– tiende a reducir la desigualdad social. La educación humaniza, integra y democratiza el conocimiento.

Es necesario que reflexionemos sobre ¿qué es estudiar?, ¿qué es enseñar y qué aprender?, ¿quiénes son los sujetos de la educación? Todo esto ecualiza a las personas –las iguala– y las aleja de la ignorancia y de la discriminación. Para eso, es inevitable una política educativa clara, comprometida y no simplista.

La educación debe ser inclusiva y de calidad.

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La buena noticia consiste en que el remedio apunta hacia el diálogo político y hacia el establecimiento de redes de compromiso educativo y participación de toda la sociedad; porque la política educativa de un Estado debe tener principios y fines, pero –siempre– apuntando hacia un claro objetivo: la mejora de nuestras sociedades. La escuela no está para resolverlo todo, está para formar “hacedores del futuro”.

Educar es actuar y transformar. Esto no quiere decir acumular y repetir eslóganes políticos cara a las elecciones; no hay que ser “miope educativamente”, porque el cerebro no se debe adormecer y el progreso social debe ser un objetivo que tod@s debemos atesorar a través de la educación.

“La educación NO es llenar el cubo, sino encender el fuego.”

William Butler Yeats

Daniela Leiva Seisdedos
Profesora de Historia especializada en Nuevas Tecnologías en la Secundaria de los Colegios Nuestra Señora de Lourdes y San Cayetano de la Ciudad de La Plata. Argentina. Autora del Sitio Educativo El Arcón de Clío www.elarcondeclio.com.ar. Autora de los Manuales para docentes de Construcción de Ciudadanía de la Editorial Alfaomega. Ganadora de Cuatro PREMIOS UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) a la divulgación de Contenidos Educativos. Distinguida por el Diario Clarín, Argentina entre los 13 docentes del año 2013 de Argentina. ."La educación como meta desde las aulas".