SOCIOLOGÍA Y EDUCACIÓN. La perspectiva sociológica-Parte 1

SOCIOLOGÍA Y EDUCACIÓN. La perspectiva sociológica-Parte 1

“La sociedad no es un objeto de conocimiento dócil, sino un objeto sui generis, receptivo y reflexivo, que reincide sobre las propias propuestas sociológicas elaboradas a partir de su estudio” (J. Enrique Rodriguez-Ibàñez, 1989)

1.1.       La perspectiva sociológica

El origen de la sociología en el siglo XIX responde a un intento de estudiar el sistema social de una manera sistemática, científica y empírica. El término de sociología fue acuñado por Augusto Comte en 1838. La intención de Comte fue la de englobar los estudios sociales, dentro de una ciencia que tuviese los mismos principios metodológicos que las ciencias experimentales: su objeto era el realizar una especie de “física de lo social”. Al igual que en otras ciencias sociales que nacen o se desarrollan en el siglo XIX, el racionalismo de la Ilustración supuso la constitución de unas bases ideológicas imprescindibles para la consideración de que la sociedad podía ser cambiada de acuerdo con los principios de la razón. Esta confianza en la iluminación de la razón, se plasma en una abundante producción científica a lo largo del siglo XVIII, basada en una metodología centrada en la experiencia y en la descripción.

A lo largo del siglo XIX, esa base racionalista e ilustrada europea que justificaba intervenir sobre la sociedad para reformarla, cambiarla o modernizarla, se enfrentará a bruscos cambios y conflictos sociales derivados del proceso de industrialización y consolidación del capitalismo industrial. Las masivas migraciones del campo hacia las ciudades recién industrializadas abren el complejo proceso de conversión del campesinado en proletariado explotado por la industria, emergiendo una mayor conflictividad social planteada por el naciente y después consolidado movimiento obrero y sindical. Asimismo, la confrontación entre las oligarquías absolutistas con la naciente burguesía liberal urbana abren otro proceso de lucha por las libertades civiles y políticas en cada país europeo. Sobre este escenario de cambio general en Europa, de múltiple conflictividad y de radicales mutaciones económicas, culturales y políticas nace la sociología como ciencia autónoma y como instrumento de auto-conocimiento de las sociedades que investiga. Sólo un conocimiento racional y objetivo de la sociedad permitirá mejorar su gobernabilidad, introducir reformas sociales que alivien las desigualdades sociales y reforzar los lazos comunes que anudan la cohesión social.

La sociología atesora ya una experiencia de 170 años a lo largo de las cuales ha acumulado, aumentado y sofisticado la explicación objetiva de las sociedades diversificándose actualmente en unas 30 especialidades temáticas que abarcan los más diversos ámbitos de investigación: desde la sociología de la educación, la sociología política, la sociología de la religión o la sociología medioambiental.

En la actualidad la mayoría de las definiciones la sitúan como la ciencia que estudia la vida social humana, los grupos y las sociedades, tal como la define A. Giddens (1991: 41). Si bien las otras ciencias sociales estudian aspectos concretos de la sociedad, la sociología se distinguiría de éstas y de otras ramas del saber, según manifiesta S. Giner (1990:10), por el hecho que la sociología investiga la estructura, los procesos y la naturaleza de la sociedad humana en general.

La investigación sociológica nació de la fusión de dos antiguas tradiciones europeas: la tradición de la teoría social que se remonta a Platón y la de la investigación empírica que data del siglo XVII. En Grecia, donde nació la teoría social, no se conocía la investigación sociológica pese a que Aristóteles recogió datos acerca de los sistemas políticos de las ciudades griegas. La Edad Media y el Renacimiento, tan fecundos en el plano teórico, no llevaron a cabo ningún compendio sistemático de los hechos sociales para reflexionar y teorizar sobre ellos.

El primer informe moderno de investigación sociológica fue El suicidio de Emile Durkhéim publicado en 1895. Durkheim sigue los pasos de toda investigación, examinando primero las teorías anteriores en torno al suicidio, formulando hipótesis de partida, recopilando datos procedentes de encuestas anteriores y de archivos oficiales y analizando los datos de Francia y otros países para llegar a conclusiones que reformulan las hipótesis al final de la obra. El mayor mérito de esta obra consiste en demostrar cómo la sociedad y ciertos factores sociales influyen y condicionan un acto tan libre, personal y privado como es la decisión del suicidio.

Durkhéim halló tasas de suicidio más elevadas entre los hombres, los protestantes, los solteros y las categorías con mayores recursos económicos mientras que las mujeres, los judíos y católicos, las categorías de escasos recursos y los casados mostraban tasas mucho menores. Durkhéim no se queda en una simple descripción sociográfica sino que teoriza y atribuye la explicación del suicidio al grado de integración social. La probabilidad de suicidarse aumenta en personas individualistas o socialmente aisladas mientras que disminuye entre personas que mantienen fuertes lazos sociales.