Suena el timbre, una clase termina, todas las puertas se abren. Algunos minutos más tarde, el timbre vuelve a sonar, comienza otra clase y todas las puertas se cierran. Esta es la imagen estereotipada del funcionamiento escolar, tan mecánica como la del reloj: los alumnos cambian de asignatura y los profesores cambian de aula; todas las horas, de idéntica manera, a lo largo de todo el curso. El sentido que la escuela da al tiempo es el newtoniano: un ente «absoluto, verdadero y matemático».

ANIKO HUSTI


Del tiempo inmóvil al tiempo del cambiO

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Fotograma de la película: El tiempo en sus manos

No me cabe duda que el tiempo escolar es otro de los elementos estructurales de la enseñanza clave para el cambio educativo, pues constituye una variable intrínseca de la enseñanza y del aprendizaje. Otras formas de organización y gestión del tiempo se harán imprescindibles para conseguir dos valores  esenciales para la educación actual: la democratización y la personalización.

La temporalización, en apariencia inocente elemento  curricular, expresa a través de su organización y gestión algunas de las características más relevantes de la educación tradicional en su dimensión práctica. La reflexión sobre los tiempos escolares (incluyendo en este término otros como: tiempo de enseñanza, tiempo de escuela, tiempo relativo a la escuela)  y su gestión, supone uno de  los cambios ineludibles en la educación actual y futura.

La transformación educativa llegará también si comenzamos a innovar la administración y gestión de los tempos escolares: De los tiempos escolares a los tiempos de aprendizaje.

¿Es posible que sea necesario transformar también  la estructura temporal de la escuela para aprender?

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Fotograma de la película: El tiempo en sus manos

El tiempo tecnocrático e industrial de horarios medidos, minutados de acuerdo a las necesidades de un currículo estentóreo y abultado debe pasar a mejor vida. ¿Por qué? Todavía persiste la idea cultural propia de la sociedad industrial que vaticina que horarios relajados y poco controlados van en detrimento de la productividad y que las relaciones sociales impiden la mejora de la producción. Por ello  los humanos necesitamos imprescindiblemente el control del tiempo tanto individual como colectivo.

Es evidente que no hay razón alguna, más allá del control administrativo, para obligarnos a que todos aprendamos en masa, al mismo tiempo, en tiempos decididos y acotados  por otros. Es más, no hay razón para obligar a que aprendamos en el menor tiempo posible como si el conocimiento y la sabiduría se escaparan hacia un viaje inalcanzable o  llevaran marcada una fecha de caducidad o autodestrucción.

Hay un componente de duda, de miedo a arriesgar. Seguramente esta clásica fórmula, tantos años establecida, es la única que sabemos hacer, la única que produce certeza para  mantener una escuela dentro de  los distintivos actuales: estandarizada, homogeneizante, competitiva, repetitiva y sancionadora de la capacidad de cada uno. Es el momento de transformar.

Del tiempo único al tiempo diverso para aprendeR

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Fotograma de la película: El tiempo en sus manos

Partiremos de una visión filosófica (y también científica) que aprendimos con Stephen Hawking a través de su “Historia del tiempo”: el tiempo no es absoluto. El tiempo no es un “flujo”, no es una forma única y absoluta sino subjetiva y plural. ¿Acaso a veces no vuela y otras ocasiones se eterniza? Desde esta perspectiva y aplicado a la escuela, necesitaremos partir de la idea que el tiempo deja de ser considerado un flujo físico interno o externo para pasar a comprender que se construye en diálogo interdependiente entre actores educativos (escolares o no)  y objetos  de aprendizaje (curriculares o no). Es necesario transcender a un concepto de tiempo escolar como horario, con módulos temporales generalizados de comienzo y fin.

Ha sido Andy Hargreaves con el que más hemos aprendido sobre tiempo escolar. A través de él hemos visto como el tiempo de la escuela tradicional está regido por una visión monocrómica, constreñido a la ejecución lineal de una acción o tarea detrás de otra, marcado por el cumplimiento de un programa preestablecido por personas diferentes a los que enseñan y los que aprenden, un programa que debe ser  desarrollado con independencia  de que los actores fundamentales de su desarrollo (docentes y aprendientes) sean capaces o no de hacerlo suyo (cuestión básica para un aprendizaje significativo).

Por contra, en una visión de tiempo polícroma, el diapasón que marca los ritmos escolares se orienta más hacia las personas y las relaciones que hacia los programas. Permite  la realización de  varias acciones a la vez y  desarrolla una alta sensibilidad hacia los elementos contextuales con los que se producen las acciones, hacia sus particularidades y también hacia lo impredecible de las mismas.

Finalizaremos esta primera parte del artículo dedicado al tiempo escolar enunciando los pasos necesarios, desde mi punto de vista, para la transición hacia una nueva gestión del tiempo escolar: Del tiempo inmóvil al tiempo del cambio.

1

Del tiempo absoluto al tiempo personalizado y móvil.

2

De la tarea subordinada al tiempo, al  tiempo subordinado a la tarea.

3

De una asignatura cada hora / un profesor cada asignatura, a un trabajo interdisciplinar y en equipo de profesores que trabajan colaborativamente para enseñar a un mismo grupo de alumnos.

4

De progresión lineal de las tareas, a periodos de aprendizaje con tareas combinadas, multidisciplinares e integrados.

5

De un tiempo controlado administrativamente, a un tiempo administrado autónomamente.

6

De el tiempo como un elemento más burocrático, al tiempo como un elemento más para favorecer el aprendizaje.

7

Del tiempo repetido y estático, al tiempo creativo y dinámico.


Bibliografía:

  • Lara, B.; Acosta, M. y Ortega M.P. (2012): Tiempo escolar: Entre el aprendizaje y el desarrollo. Subjetividad y cultura. 27
  • Correia,T. (2003). Tempo de las escuelas, tiempos de los escolares. Reuniao Anual da ANPED, 26.
  • Hargreaves, A. (1992). El tiempo y el espacio en el trabajo del profesor. Revista de educación, (298), 31-53.
  • Husti, A. (1992). Del tiempo escolar uniforme a la planificación móvil del tiempo.Revista de educación. 298.
  • Varela, J. (1995). Categorías espacio-temporales y socialización escolar: del individualismo al narcisismo, en Jorge LARROSA (ed.), Escuela, poder y subjetivación. Madrid: La Piqueta.

Nota:

La ventaja de escribir es que nos fuerza a leer. Encontrar, casi al final de la realización de este artículo, el documento de investigación de Aniko Husti ha sido una gran satisfacción. Y lo ha sido por comprobar que mis reflexiones, que parten de la experiencia como maestro, no son aisladas y están soportadas por la investigación pedagógica. Con él he mejorado terminología y adoptado términos muy interesantes. También he de decir que, al mismo tiempo ha supuesto una gran decepción al corroborar que, tras 25 años, las prácticas educativas no han variado ni un ápice: EL CAMBIO ES NECESARIO Y, ADEMÁS,  URGENTE.