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OBJETIVOS IMÁN

En los ámbitos escolares y académicos está de moda, y en algunos casos hay obligación legal, de plantearse como importante objetivo la adquisición de determinadas competencias.

La adquisición y desarrollo de competencias no deja de ser otro modo de reformular el clásico interés por el desarrollo de hábitos operativos buenos; es decir, virtudes y destrezas. En relación, con ellas suele ser frecuente recurrir a la “fuerza de voluntad” como el requisito imprescindible para adquirir o consolidar un hábito bueno o para debilitar o erradicar un hábito malo.

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He visto que muchas personas, cuando quieren cambiar de hábitos, se plantean los nuevos y deseables objetivos en forma de lucha contra la conducta que se quiere abandonar, bien sea esta una costumbre perjudicial o una manifestación más o menos velada de la pereza o de la inacción. Podríamos poner gran número de ejemplos de la vida profesional o personal tales como adquirir hábito de estudio, ser puntual, mejorar la ortografía, bajar de peso, dejar de fumar, hacer ejercicio, dominar el mal carácter, etc.

En muchos casos parece que el protagonista que “ocupa todo el escenario” es el mal hábito adquirido y el proceso adquiere el carácter de “lucha”, de enfrentamiento contra un enemigo. En principio, identificar el mal a combatir y combatirlo parece una estrategia razonable y quizá la única posible; al menos su práctica es bastante universal.

Antes de presentar otras posibles estrategias alternativas, comparto con los lectores una sencilla, y creo que convincente, actividad que a veces realizo con mis alumnos; lamentablemente, no conservo los datos de la autoría original por lo que he de limitarme a informar de que no es mía. Les pido a los participantes que cierren los ojos y se imaginen cualquier objeto que deseen excepto una manzana roja, brillante, olorosa; es más insisto en que no lo hagan, que, por favor, no solo no se recreen en la imagen de la manzana sino que ni siquiera se planteen imaginársela. ¿Hace falta decir que desde hace varios años nadie ha sido capaz de cumplir el objetivo? Es evidente que ese “indeseable” objeto se convierte en el centro del interés.

Supongo que las consecuencias educativas de semejante planteamiento son bastantes obvias. Cuando alguien centra su estrategia en el indeseable hábito que desea abandonar consigue, por lo general, reforzar su presencia. Un ejemplo relativamente cercano lo tenemos en la publicidad anti-cancerígena en los paquetes de tabaco; no parece que la inserción de imágenes crudas, incluso muy crudas, surtan el efecto, al menos aparentemente, buscado. Más bien hay quien opina que esas imágenes generan tal ansiedad que estimula la “necesidad” de fumar a aquellos que tienen el hábito.

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Por el contrario, teniendo en cuenta que “una de las motivaciones más poderosas es la conciencia de éxito por parte del alumno”, recomiendo a los futuros maestros y profesores que utilicen estrategias pedagógicas y didácticas centradas en el logro de objetivos de modo que la atención de profesores y alumnos se focalice en el bien que se desea alcanzar, dedicándole particular atención a la adecuada comprensión del objetivo y al estímulo necesario para convertirlo, en la medida de lo posible, en irresistible. Se podría establecer una analogía con el comportamiento de las fuerzas que actúan en campos gravitacionales, eléctricos o magnéticos; cuanto más cerca del polo de atracción nos encontremos mayor es la fuerza de atracción.

No me atrevo a afirmar como principio general, tal como llegué a afirmar exageradamente en un reciente coloquio informal, que desaparezca completamente el esfuerzo necesario para abandonar un mal hábito si el deseo de alcanzar el objetivo es suficientemente intenso, pero sí estoy en condiciones de señalar rotundamente que existen casos en los que se ha producido esa situación de “esfuerzo nulo” motivado por una “motivación de alto nivel”.

Considero que, en educación, no basta con desear el bien sino que es necesario aprender a hacerlo e incluso a desearlo bien; en resumen, es muy importante aprender a “hacer bien el bien”.

José Fernando Calderero
Dr. En Filosofía y Ciencias de la Educación. Lic. En CC Químicas. Miembro del Grupo de Investigación “Educación Personalizada en la Era Digital” (GdI-07_EPEDIG). Profesor de “Teoría y Práctica de la Investigación Educativa” en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Vicepresidente de la Fundación “Padres por la Excelencia, Padrex”. Presidente del Capítulo de Educación de AEDOS. Ponente en cursos de formación de profesores y directivos en España y América. 20 años de directivo y profesor universitario. Ha sido Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Subdirector del Área de Educación del Centro Universitario Villanueva, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, profesor de la Universidad de Navarra y del Bachelor of Education de la University of Wales 24 años como director, profesor y directivo de colegios. Miembro por oposición libre del Cuerpo de profesores agregados de instituto de bachillerato. Autor de libros educativos. Director de tesis doctorales.