“Todo conocimiento comienza por los sentimientos.”

Leonardo da Vinci

“El mayor peligro para la mayoría de nosotros no radica en establecer unos objetivos demasiado altos y fracasar pronto, sino en establecer unos objetivos demasiado bajos, y lograrlos”

Miguel Ángel Buonarroti

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La Creación de Adán, Miguel Ángel


Érase una vez, un niño, de diez años, que interrogó a su maestra:

Lucía, ¿tú eres renacentista?

Lucía tenía 32 años, y era su primer curso en aquella escuela. Siempre hablaba de manera directa con sus alumnos y consciente de tener ante sí a una persona, que aún en los primeros años de su aprendizaje vital, era ante todo un ser humano pleno. 

Nunca antes me lo había planteado Pablo, ¿por qué me lo preguntas?

Pablo tomó  de la mano a su maestra y con un gesto delicado le invitó a asomarse a la ventana:

Mira, ¡ya es primavera! La naturaleza se ha despertado otra vez, como tú has hecho con nosotros. Antes sólo estudiábamos lo que viene en los libros pero contigo venir al cole es diferente. Ahora exploramos en internet todo el rato para los proyectos de clase y buscando información sobre Leonardo da Vinci me tropecé con la  palabra polimatía. Al buscar su significado te encontré a ti, no ponía tu nombre, pero yo te reconocí.

Lucía sonreía satisfecha mientras escuchaba contar a Pablo su moderna visión del Renacentismo en el siglo XXI. Al finalizar la explicación Lucía anunció con gran algarabía de los chic@s que había llegado el momento de hacer crecer la familia polímata –persona que sabe de muchas y diferentes áreas del conocimiento- en el aula.


Esto es tan solo ficción, pero responde a la realidad de gran cantidad de maestras y maestros que cada día imparten sus clases con los ojos muy abiertos a la vida y al momento histórico presente.

En marzo de 2002, La Revista internacional de ciencias sociales de la Unesco – nº 171, La sociedad del conocimiento- recogía en su introducción lo siguiente:

Las economías industriales van transformándose, progresivamente, en otras inspiradas en el saber, mediante unas inversiones elevadas en educación, formación, investigación y desarrollo, programas informáticos y sistemas de información. Se caracterizan por su uso destacado de las nuevas tecnologías de la información, no sólo para la comunicación entre las personas sino también para la creación de conocimientos nuevos. De allí que se produzca una enorme intensidad de la innovación. Las organizaciones, comunidades y personas han de adquirir nuevas cualidades para ser capaces de prosperar en este mundo lleno de continuas alteraciones. Esto atañe a los sistemas educativos, los mercados laborales, así como a los modos de organización de las empresas y los mercados (…)”.

Hoy por hoy, ya no cuestionamos el hecho de vivir tiempos nuevos, muchos son los que anuncian el nacimiento de una nueva era, e incluso como sociedad asumimos con normalidad un nuevo apellido: “del conocimiento”.

El mundo docente no es ajeno al cambio de paradigma. Pese a todo, si nos atenemos a la teoría de la difusión de innovaciones, los maestr@s que se sitúan en la vanguardia para incorporar los avances pedagógicos, neurocientíficos o tecnológicos distan de ser mayoría. La sociedad en general y las jóvenes generaciones en particular necesitan urgentemente que nuestra curva de adopción se aplane, lo más pronto posible, para alcanzar a todos los docentes, y esta empresa es responsabilidad de la sociedad en su conjunto.

La vida, en sí misma, es un continuo cambio que nunca antes ocurrió tan precipitadamente y que en los últimos años arrastra tanto a instituciones, como a empresas y profesiones, a reinventarse, cada día, por una cuestión de pura supervivencia. La mujer y el hombre actuales necesitan confrontar el cambio desde una perspectiva diferente, están abocados a tomar conciencia de la relevancia de abrir el objetivo para reenfocar los problemas en pro de las soluciones acertadas.

Llegados a este punto, me pregunto: ¿estamos asistiendo  a un nuevo Renacimiento?

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Fotografía de Cofaru Alexandru

El Renacimiento inundó la Europa occidental durante los siglos XV y XVI  y ocupa un lugar privilegiado de la historia por establecerse como plataforma entre la oscura Edad Media y el mundo moderno. Además de la extensión que se vivió en aquella época en las artes y las ciencias, el Renacimiento nos dejó un humanismo marcado por la defensa de las capacidades excepcionales que tenemos las personas para nuestro desarrollo personal e inspiró un aprendizaje polifacético en todas las áreas del conocimiento con el fin de impulsar en cada persona la mejor versión de sí misma.

Como si se tratara del Efecto Pigmalión, una sociedad que entiende así al ser humano, se coloca en la mejor posición posible para alumbrar una ciudadanía madura, libre, sabía y ética.

He empezado con una historia imaginaria, pero no me resisto a incidir en la extraordinaria oportunidad que se esconde detrás de todas las Lucias y Pablos de nuestro sistema educativo.

Aunque les haya sucedido a otras muchas personas, he de decir orgullosa que yo también tuve mi propio maestro polímata, el cual además de enseñarme matemáticas abrió para mí la ventana renacentista. En aquel entonces, él era una excepción, casi un  bicho raro, sin embargo hoy formaría parte del numeroso grupo de maestr@s que representan el modelo del cambio del paradigma educativo.

Para detectar a nuestros maestr@s del #Renacimiento21 y con ello apoyarles y animarles a contagiar a otros os detallo algunos de sus comportamientos que son obvios para mí:

  • Sienten curiosidad por seguir aprendiendo y en diferentes ramas del saber
  • Exhortan a sus alumnos a poner en valor sus talentos
  • Consideran las múltiples dimensiones e inteligencias del ser humano aunque sean “profes de mates” con una visión holística del mundo
  • Conciben la tecnología como una herramienta que ha llegado para quedarse y motivan a sus alumnos a disfrutar de sus ventajas y a salvar sus inconvenientes
  • Predican con el ejemplo, siendo protagonistas de su vida y capitanes del destino de su aula, más allá de las circunstancias externas.
  • Piensan con libertad de espíritu, lo que les conduce a la libertad de pensamiento.
  • Aman la naturaleza y defienden una economía sostenible
  • Aspiran a la renovación en todas las parcelas de la cultura humana, filosofía, ética, moral, ciencia… con el fin de construir un mundo mejor y más justo para todos.
  • Etc.

Todos somos educación, todos podemos contribuir a mejorar el mundo,  tú también.

  • Se describe la Edad Media como un tiempo de barbarie, como la época oscura que siguió a la decadencia de la civilización romana. Pero fue en este periodo donde la humanidad llevó a cabo una de sus mayores construcciones intelectuales, técnicas y artísticas: las catedrales góticas.

    Pocas veces se ha abordado un proyecto tan global y en el que confluyeran tantos saberes. Además de sus maestros constructores, en la construcción de las catedrales intervinieron todo tipo de oficios y conocimientos: maestros canteros, maestros vidrieros, carpinteros, escultores, pintores, astrónomos, matemáticos, filósofos, teólogos, alquimistas, sacerdotes, monjes guerreros…

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/catedrales-y-rascacielos

    • CRISTINA RUBIO

      Enrique muy agradecida por tu comentario. Efectivamente en cualquier época de nuestra historia encontramos variedad cromática. Asumir que la vida misma no es sinónimo de siempre, nunca, todo o nada es un factor determinante en nuestra capacidad de comprender y crecer. Un cordial saludo

  • Magnífico recordatorio de la necesidad de la cultura.

    Digo recordatorio por la necesidad de tener presente que la educación es (o debe ser) algo más que el camino a la eficiencia económica o la utilidad. Las humanidades y la educación en la ética y crecimiento personal y social son la clave para cualquier éxito.

    Se habla, como bien señalas, de la sociedad del conocimiento, aunque matizaría que es la sociedad del acceso al conocimiento, pues no es lo mismo disponer que interiorizar, tener algo al alcance de la mano que tenerlo dentro.

    Tenemos una nueva oportunidad de Renacimiento. Aunque lo que nos llega de aquella época son las luces (siempre la historia es la de los vencedores), eran tiempos de enorme pobreza, analfabetización y desigualdad, y la cultura era un reducto de las élites. Hoy, sin embargo, tenemos la enorme oportunidad de tener un Renacimiento total y democrático. Que la cultura llegue a todos y sea parte de todos.

    Solo la educación puede hacernos renacer o remorir.

    Gracias, Cristina! MUY BUENO

    • CRISTINA RUBIO

      Muchas gracias Pablo por comentar y enriquecer el debate. Tu precisión acerca de la sociedad del conocimiento me parece muy acertada, máxime cuando existe la tendencia generalizada a conseguir todo del modo más sencillo, y en concreto “interiorizar” nos exige un camino interior de esfuerzo y dedicación que debemos estar dispuestos a recorrer. Lo dicho, muy agradecida por tus palabras. Un abrazo!!!