Desde hace algunos días estamos reflexionando acerca de la idea de cómo la moda de las “selfies” afecta a la personalidad de los más jóvenes.

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Andy Warhol

En nuestro blog hablábamos de la relación entre las “selfies” y los autorretratos de Frida Kahlo durante la juventud, pero esta vez hemos decidido ir un poco más allá de la cuestión artística, y centrarnos en cómo las selfies afectan realmente al día a día de un adolescente actual.

Hace cosa de un año escuchábamos la dramática noticia de un chico inglés que no había conseguido la “selfie” perfecta, y que por ello había incluso pensado en quitarse la vida. Vale, es cierto, nos hemos ido al extremo… pero ¿estamos ante un momento importante en la evolución, no sólo del uso de la imagen, sino también del concepto de imagen de nosotros mismos que podemos llegar a tener? ¿Debemos actuar mediante la educación?

Nosotras tenemos claro que sí. En la actualidad la silla de la educación cojea especialmente de una pata. La de la educación en valores. Y uno de los más importantes, para que un alumno pueda encontrarse a sí mismo es la autovaloración.

Tomando al psicólogo John C. Coleman como referencia, y teniendo en cuenta la idea del “elemento” de Ken Robinson, sabemos que las instituciones escolares son sin duda un factor principal en la evolución del concepto que un alumno tiene de sí mismo. La educación en valores ha ido decayendo poco a poco en nuestro sistema educativo.

Si bien la importancia de las calificaciones ha aumentado, la caída de la necesidad de la educación moral y personal ha quedado en un segundo plano. Para eso ya no queda tiempo. Lo que cuenta es no fallar. Ser perfecto. Y si no puedes alcanzar esa meta en la materia intelectual, la “selfie” te permite ser perfecto, o casi perfecto en lo que se refiere a la aceptación social del físico. Aunque sea una mentira visual. O quizás más bien un reflejo de lo mejor que puedes conseguir de ti mismo con sólo un click.

Pero nos olvidamos de dos cosas. Por un lado (y la más evidente) las consecuencias de valorar el físico por encima de todo; pero por el otro, y atendiendo a la materia tanto intelectual como física, ¿es esto lo que queremos? ¿una sociedad sin defectos? Y lo más importante ¿es esto último posible?

Si a los adultos nos agobia esta pregunta, imagináosla dando vueltas en la mente de un adolescente. En el instituto te exigen que seas perfecto, fuera del instituto también, así que si no lo eres ¿qué es lo que te queda? La adolescencia es una época vital en la que todo se experimenta más intensamente, es un momento de cambio en el que eres mucho más consciente de tí mismo. Así que por qué no aprovechar desde la docencia este momento, para sembrar la semilla de la autovaloración positiva, y del conocimiento profundo de los defectos y “el elemento” de cada uno de nosotros. En definitiva esto es lo que nos hace únicos, diferentes e imprescindibles.

En cuanto a la interiorización de los defectos personales, hace poco leíamos a Rafael Santandreu, que comentaba lo siguiente en su libro “Las gafas de la felicidad”:

“<< Hacer bandera >> de los defectos es una herramienta muy poderosa. Somos muchos los que tenemos defectos -en realidad, todos- y juntos vamos a conformar una comunidad estupenda: fuerte y feliz.”

Según Santandreu, los defectos son poderosos, porque gracias a ellos podemos desarrollar otras de nuestras características. De modo que, en vez de centrarnos en aquello que hacemos mal, mejor centrarnos en aquello que se nos da realmente bien. Una persona invidente desarrolla más sus otros cuatro sentidos. Pues ¿por qué no hacer nosotros lo mismo? ¿por qué no enseñárselo a nuestros jóvenes? No se trata de luchar contra nuestros defectos, sino de convivir con ellos.

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Paul McCartney

Por un lado, las “selfies” nos lo ponen más fácil. Podemos convivir con nosotros mismos de una forma más sencilla, porque nos sentimos aceptados. Cuantos más “likes” consigamos, más crece nuestra autoestima. Lo malo es que no crece para siempre, y necesitamos más y más para que se mantenga esa dosis de satisfacción. La clave está en que creemos erróneamente que lo que necesitamos para alcanzar un alto grado de autoestima es la aceptación de los demás, cuando la única persona cuya aceptación necesitamos es uno mismo. No hay número de “likes” que lo sustituya. Y es aquí cuando entramos en la zona adictiva de las “selfies”. De modo que lo que precisamos es una cura definitiva, y no un paliativo. Y esto se consigue mediante la educación moral.

“Para establecer una autoestima saludable debemos concentrarnos en nuestros éxitos y olvidarnos de nuestros fracasos” 

Denis Waitley

Pero como ocurre con la mayoría de las redes sociales, y lo que ellas conllevan, necesitamos que alguien nos enseñe a utilizarlas de forma correcta.  Sin duda podemos enfocar las “selfies” de una forma diferente. Precisamente pueden servirnos para incidir en aquellas cosas que nos diferencian, en lugar de llevarlas al terreno de la perfección física y de lo socialmente aceptado. Las actividades artísticas son sin duda un buen medio para llevar este tipo de prácticas a cabo, y no es la primera vez que se utilizan.

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Stanley Kubrick

Eliott W. Eisner afirmaba lo siguiente en su libro  “El arte y la creación de la mente”:

“La educación es un proceso en el que aprendemos a ser los arquitectos de nuestra propia experiencia y en consecuencia, a crearnos a nosotros mismos. Las artes tienen unas contribuciones muy claras que hacer a este objetivo mediante su énfasis en la expresión de la individualidad y mediante el ejercicio y el desarrollo de la capacidad de imaginación”.

Esto no es una novedad, y muchos docentes de arte se han unido al uso de la ”selfie” como herramienta educativa, fusionándolas con el significado de los autorretratos durante la historia del arte. El autorretrato ha sido desde siempre una forma de analizar las características personales del artista. Pero para ello cabe destacar que no es lo mismo pintar una “selfie” que autofotografiarse, ya que entramos en la temática del significado de las formas, las expresiones y los colores. Arte aparte, no nos cabe duda de que las asignaturas artísticas no son las únicas en las que se puede hacer hincapié en la valoración personal. Debería estar implícito en todo el currículum educativo actual, y ser uno de los principales elementos a desarrollar en cualquiera de las asignaturas que lo componen.

El Clip Infinito
El clip infinito es un proyecto de investigación en torno a la educación. Unidas por este clip encontrarás reflexiones relativas a eso que llaman la revolución educativa, que no es más que el cambio que lleva tanto tiempo pidiendo a gritos la educación y por fin parece que hay un firme propósito de llevar a cabo, contra viento (políticas educativas trasnochadas) y marea (intereses económicos que hacen oídos sordos a las necesidades reales de las personas). Ana Alonso (Madrid, 1989), historiadora del arte y arquitecta de interiores de formación, proyecto de profesora de educación artística y exploradora del mundo en general y del educativo en particular. Inés Sánchez (A Coruña, 1987), artista sin renombre (de momento), con debilidad por la ilustración infantil y juvenil, y futura profesora, me uno a Ana con ganas de cambiar la situación educativa y demostrar que el arte puede ser la vía de enseñanza perfecta para nuestros futuros hacedores de mundos.
  • Jocelyne Orta

    El “selfie” de los auto retratos de la historia del arte es una cosa, pero el de ahora relacionado con los estudiantes, creo tener la palabra, es NARCISISMO, y como bien sabemos es la necesidad excesiva de admiración y afirmación.