No es fácil predecir el éxito futuro o señalar qué variables están claramente relacionadas con él; son muchas las circunstancias que pueden favorecer o dificultar el camino hacia la eminencia, concepto –por otra parte– bastante relativo.

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Lo que es cierto, tal como muestran innumerables estudios longitudinales, es que la detección temprana y la provisión de ayudas educativas oportunas son la mejor garantía de éxito en el desarrollo personal. Que dicho desarrollo sea socialmente considerado (caso del campo artístico, por ejemplo), depende de factores generalmente ajenos a la acción educativa misma.

La educación de los alumnos de alta capacidad, de todas las personas independientemente de su capacidad, se debe orientar al pleno desarrollo personal, a la completa actualización de las propias potencialidades, en un proceso que –como sabemos– siempre estará inacabado.

Es claro que la alta capacidad puede mostrarse precozmente para en un momento posterior equipararse a un perfil más estándar, de “normalidad”. O lo contrario, que la competencia excepcional aparezca en un momento del desarrollo de las personas más tardío. Sea cual fuere el caso, el reto está en adecuar las oportunidades educativas a las necesidades actuales de cada educando, sin basar éstas en las realizaciones futuras, de las que nunca tendremos demasiada certeza.

Por tanto, es posible que algunos niños de alta capacidad, incluso los prodigios no lleguen a ser eminentes en la etapa adulta, y que algunos adultos eminentes no sean prodigios. Esto no debe condicionar en modo alguno su educación. Al contrario, la acción educativa debe estar abierta a cubrir las necesidades de las personas independientemente de cuando se presenten, evitando a toda costa el etiquetado, estableciendo una especie de inexorable relación causa-efecto entre la etiqueta y el resultado esperable.

Es propio de una actitud educativa estar abierto al cambio y a la mejora, al hecho de que las personas siempre pueden dar más de sí. Además, la eminencia no es, necesariamente, una meta educativa, y no es imprescindible para alcanzar el pleno desarrollo personal. Otra cosa distinta es que el que pueda ser eminente no quiera serlo.

Javier Tourón
Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR desde septiembre de 2015, soy Catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y Ciencias Biológicas. Past-President del European Council for High Ability (2000-2004) y miembro del National Advisory Board del Center for Talented Youth (CTY) de la Universidad Johns Hopkins (2003-2011). Fundé y dirigí el centro para la atención educativa de alumnos de alta capacidad CTY España, International Charter Member del CTY de la Universidad Johns Hopkins (2001-2011). He sido profesor de la Universidad de Navarra durante 36 años (1979-2015). Mi carrera investigadora en el desarrollo del talento académico en jóvenes de alta capacidad me ha llevado a ser Consultant Editor de algunas de las revistas extranjeras más prestigiosas de este ámbito entre las que destacan: High Ability Studies, Education Today, Talent Development and Excellence, Sobredotaçao, Gifted and Talented International, Abilities and giftedness; así como de algunas de las españolas más reconocidas como la Revista Española de Pedagogía, Estudios sobre Educación, RELIEVE, Bordón, Educación XXI o Revista de Educación. Soy miembro de Sociedades Científicas como: International Association for Talent Development and Excellence European Council for High Ability World Council for Gifted and Talented Children National Association for Gifted Children (EE.UU) Sociedad Española de Pedagogía He publicado más de 150 trabajos de investigación en revistas españolas y extranjeras y soy autor y coautor de 30 libros y capítulos de libros, varios de ellos dedicados a la alta capacidad y el desarrollo del talento, así como a la evaluación de Sistemas Educativos.