“Lo importante es participar”

Le recuerdan previamente al indeciso y luego, en función del resultado, lo vuelve a oír el joven perdedor con ánimo de consuelo, o incluso el ganador con vistas a aleccionarle.

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Se mire como se mire parece una buena frase, pero hay situaciones en las que es, por prematura, errónea: lo importante, siempre que seamos libres de elegir, es disfrutar. Si no, no lo hagas —y mucho menos, compitas— prueba con otra cosa con la que , se te dará mejor.

En el camino hacia la madurez, en ese tránsito de la adolescencia a la etapa adulta, sobran hormonas y faltan certezas, porque de la misma forma que no hay una única media naranja –o naranja entera— para cada uno de nosotros, no hemos nacido para hacer sólo una cosa bien, y, sin embargo, nada confirma que vayamos a hallar lo uno o lo otro.

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El futuro es incierto, con posibilidades infinitas, pero el bienestar NO está asegurado —no para la mayoría— y la existencia es limitada –lo de Walt Disney dicen que es una leyenda urbana—. Hay que trabajar —eso es así— pero ya lo dijo Confucio:

“Escoge un trabajo que te guste y no volverás a trabajar

ni un solo día de tu vida”

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La vocación, la auténtica, debería estar relacionada con lo que nos satisfaga hacer, pasarlo bien, evadirnos, eso que implique que las horas transcurren sin darnos cuenta. Para algunos puede que sea bailar, montar legos, jugar a videojuegos, hacer deporte, pintar, escribir, programar, fotografiar, vender, peinar, construir, ayudar… quien sabe, pero entre tanta gente y competencia, con lo difícil que es hacerse un camino, el éxito se vislumbra más cercano por esta vía que por otras menos intuitivas.

Sin darnos cuenta

Ya sea en lo profesional, en lo sentimental, en lo deportivo o en otro ámbito, se necesita voluntad para encontrar aquello con lo que disfrutemos porque casi nunca llega solo, no hay oráculos, epifanías, ni atajos. Por eso, ese otro refrán de uso común: más vale malo conocido que bueno por conocer, es también desacertado:

Si es malo,

NO vale

Es un privilegio poder tener opciones y la vida es demasiado corta como para no intentarlo —porque es ahí donde estará nuestro mejor yo— no permitamos que la incertidumbre y la comodidad nos hagan tirar la toalla.

No hay oráculos, epifanías, ni atajos