La capacidad de atención de los niños de hoy se ha reducido mucho respecto a la que teníamos nosotros. Los profesores aseguran que los alumnos cada vez saben menos y hay un gran número que abandona el colegio antes de tiempo.

Es como si las herramientas que utilizaban nuestros maestros

ahora ya no sirvieran

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Cuando yo era niña, un buen profesor era aquel que conseguía tener a sus alumnos callados durante una hora seguida. Recuerdo que me pasé un curso entero con el pupitre pegado a la pizarra. No veía a la profesora más que de perfil y apenas intuía lo que se escribía en el encerado, pero el objetivo estaba cumplido: yo estaba callada y no molestaba. Al año siguiente, tuve una profesora que con sólo chasquear los dedos conseguía un silencio sepulcral en el aula. No daba una voz, de hecho susurraba, pero el miedo que yo pasaba en sus clases cada vez que pronunciaba mis apellidos es difícil de explicar con palabras.

Hoy en día las cosas están cambiando. Aunque algunos docentes se resisten a abandonar la amenaza y el miedo como herramienta de trabajo, ya hay estudios pedagógicos que insisten en la necesidad de que los profesores creen entornos de aprendizajes seguros y tranquilos, y presten más atención a las emociones de los niños. Y es que la ciencia nos está demostrando algo que ya sabíamos desde la Antigüedad, que “el cerebro no es un vaso que hay que llenar, sino un fuego por encender” (Plutarco. Grecia. 45 d. C – 120 d. C).

Sustituir el miedo y la amenaza por la

empatía y la emoción

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Hay estudios científicos que nos hablan de la importancia de la emoción y la empatía en los mecanismos de la atención. Francisco Mora, doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, asegura en su libro “Neuroeducación” que “sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, ni memoria”.

Desde las aulas, el único español finalista del Global Teacher Prize, César Bona, le da la razón. Considera que la empatía es muy importante en cualquier profesión pero más aún en la de maestro. En una entrevista en TVE, Bona afirmaba que “quizás no sea tan necesario innovar como volver a lo básico, a escuchar y saber cómo están compuestos los niños, que están hechos de imaginación y de ilusión, y es ahí de donde tenemos que partir”.

Según las últimas investigaciones científicas y los resultados obtenidos, parece claro que la formación de los maestros debe modernizarse cuanto antes. Las técnicas de antaño se revelan cada día más ineficaces y el miedo y la amenaza han de ser sustituidas por la empatía y la emoción. Entiendo que para algunos maestros, que llevan décadas enseñando de la misma manera, esto puede resultar complicado, pero son muchos los que quieren hacerlo.

UN NUEVO ENFOQUE EDUCATIVO

La OCDE sostiene que España debe abandonar un sistema de enseñanza demasiado tradicional y considera urgente la mejora de las competencias y las habilidades profesionales. Precisamente, para mejorar estas competencias se han puesto en marcha cursos como el de Especialista Universitario en Coaching y Educación Emocional, lanzado la Universidad Complutense de Madrid, o el Proyecto Happy de la Universidad Camilo José Cela, que incluye la educación emocional en la formación de los futuros maestros.

Este tipo de cursos busca dotar de nuevas herramientas a los profesionales de la educación para que su día a día esté lleno de pasión, ganas, alegría… y que sean capaces de transmitirlas al aula. Y es que para llegar a la nueva manera de aprender de los niños actuales, debemos provocar también un cambio en la manera de educar de los docentes. Se trata de buscar un nuevo enfoque educativo donde la excelencia se mide en términos de excelencia humana del que educa y no tanto en cifras e informes Pisa.


Entrevista a Francisco Mora Teruel. Doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense:

  • Teresa

    Mi gran pregunta debo medicar a mi hijo con diagnostico de TDAH ? ¿Es eficaz en estos casos utilizar biofeedbak y neurofeedbak junto con el sistema Play Attention ? Por favor espero su respuesta. El niño en cuestión tiene 11 años cursa 6º curso de primaria.

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  • Jorge

    Creo que hay dos cosas a tener en cuenta a la hora de responder la pregunta ¿debo medicar a mi hijo con diagnostico de TDAH?

    La primera es si el diagnóstico es correcto. Por desgracia hoy en día se abusa mucho de este diagnostico para facilitar de manera rápida y sencilla la sumisión de los niños. Hay muchas
    situaciones que llevan a un niño a manifestar los síntomas del TDAH, trastorno mental que se diagnostica en base a una serie de criterios indicados en el DSM-5. Estos criterios son altamente subjetivos y dependen del entorno, la situación, la persona que los observa, etc., etc. Un par ejemplos muy estudiados hoy en día, pueden ser estrés postraumático (jamás se debe diagnosticar TDAH a un niño sin antes descartar que se encuentre en una situación de estrés postraumático) y Altas Capacidades Intelectuales (ACIs) en las que la sobre-excitabilidad (Drabrowski) inherente a la gran mayoría de estos niños suele confundirse con el TDAH, sobre todo en ambientes muy estrictos como suele ser la escuela (jamás se debe diagnosticar TDAH a un niño sin antes descartar ACIs mediante un Diagnóstico Clínico por profesionales de este área).

    La segunda es si, una vez confirmado sin lugar a error, es mejor intentar una terapia sin medicación o con medicación. Hay estudios para todos los gustos y en cada caso se abalan con más o menos rigor. También es cierto que cada niño es diferente y lo que funciona bien en uno puede no ser la mejor solución para otro, por mucho que una amplia mayoría de los profesionales de la sanidad tiendan a generalizar tratamientos. Personalmente creo que la medicación debe ser la última opción, una vez descartadas todas las posibles vías alternativas,sin embargo no descarto que en según qué casos pudiera ser la única solución
    viable. Veo tanta incertidumbre en el mejor método a aplicar como niños puede haber
    ser diagnosticados de TDAH.

    Un saludo.