Aclarados los principales mitos sobre la educación en el hogar, percibo tres elementos dignos de tener en cuenta de cara a una mejora educativa que se pueden extraer de este modelo:

  1. Devolver al hogar y a la calle su puesto privilegiado como ámbito de socialización. Sería éste un avance que nos permitiría pensar en una educación más para la vida y menos teórica. Una educación con un mayor enfoque hacia el mundo laboral gracias a un mayor conocimiento de la sociedad en el día a día, que es a fin de cuentas el objetivo final de la etapa formativa obligatoria.
  2. Retomar el papel principal de los progenitores y familia extendida en la educación emocional. Debido a esa responsabilidad otorgada al Estado, los centros educativos van comprobando que ya no se trata sólo de enseñar conocimientos de las diferentes áreas, sino que está siendo ya imprescindible enseñar a relacionarse, a conocerse, valores, etc. todo lo que antes se aprendía en la familia y que ahora pasa a demandarse a la escuela, con el inconveniente de que los profesores no han sido adiestrados en estas lides. El elemento afectivo que incorpora la educación emocional suscita que los padres sean preceptores preferibles en este contexto.
  3. Favorecer la personalización y con ello la promoción del talento. Una de las eternas reivindicaciones del profesorado es la ratio de alumnos. Como es lógico, cuanto más pequeño el grupo, más accesible el conocimiento del alumno y por tanto más cómoda la personalización. Sería ideal un sistema educativo donde pudiera haber un profesor para cada 5 o 6 alumnos, pero claro, eso se intuye insostenible. El ámbito familiar propicia el número reducido y el conocimiento a fondo del “alumno/hijo”, ventaja nada desdeñable.

Pretendo señalar con todo esto que son precisamente los elementos que la corriente de innovación educativa propugna como hitos hacia los cuales avanzar, los que el homeschooling encarna de manera radical. Esto debería llevarnos a repensar el papel de la familia en la escuela caminando hacia modelos de mayor implicación y participación, que incluyan la colaboración en la enseñanza, no solamente en lo extraescolar.

Ciertamente, ante la difícil realidad de conciliación laboral y con la complicada situación del empleo lo más probable es que la dirección hacia la que apunte la educación en los próximos años sea la de poder ofrecer todavía más horas de escolarización para facilitar los horarios de los progenitores y que esto se venda como mejora de la calidad de los colegios. Pero no nos engañemos, que niños de 3 y 4 años pasen 10 y 12 horas diarias en el colegio, por muy bueno que este sea, es algo anti-natural. Pero nadie se va a atrever a criticar a unos padres por trabajar muchas horas. Bastante fortuna es ya al menos poder trabajar.

Pero estas circunstancias no deben confundirnos sobre lo que de verdad es calidad educativa. Habrá calidad si el resultado final del aprendizaje es el de personas que ponen en práctica lo aprendido mejorando la sociedad que se encuentran. Y eso no dependerá del número de horas ni del lugar donde se haya dado dicho aprendizaje.

LOS-NIÑOS-EN-CASA-01-Magazine-INED21

Fotograma de la película: Sonrisas y lágrimas

Estimo que además de la innovación pedagógica y la tecnológica, el papel de la familia en el proceso de aprendizaje debe ser repensado para darle una mayor importancia. Ojalá caminemos hacia un modelo social que permita trabajar menos horas, ganar lo suficiente y poder dedicar  más tiempo a la educación de los hijos de modo que tampoco hagan falta tantas horas de clase. Sí, ya sé que suena muy utópico. Pero la sociedad somos nosotros, así que decidimos la dirección en la que caminar. Y si los “locos” que están optando por el homeschooling están consiguiendo con su locura llamar la atención sobre lo enfermo de un sistema que hemos aceptado con resignación, pues bendita locura y bienvenida su reivindicación.