LO IMPORTANTE, LO URGENTE… LO ESENCIAL

EDUCAR EN LA ERA DE LA (INGENTE) BUROCRACIA

O nos fijamos en lo esencial,

o nos perderemos en la burocracia

RELLENANDO PAPELES

Vivimos la docencia rodeados de burocracia, “rellenando papeles”. A las exigencias de las distintas Administraciones, que nos inundan de plantillas, formularios y documentaciones, se les unen las distintas plataformas digitales en las que debemos volcar desde horarios y notas hasta datos, currículos y temarios.

Y por si eso fuera poco, son abundantes los Centros que se ven inmersos en procesos de calidad y estandarización, en cualquiera de sus miles de versiones posibles, hasta acabar convirtiendo al docente en un cumplimentador de instrucciones, un gestor de registros y un diseñador de tablas.

.¿LA ESENCIA?

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¿Y dónde queda la esencia de la labor?

En los papeles, desde luego que NO

Vivimos con la presión de lo urgente y todo parece importante. Los colegios dedican tanto esfuerzo, dinero, tiempo y energía en el sostenimiento de lo burocrático, que apenas queda resuello para lo esencial. Sí, lo esencial. La base de la tarea educativa: el acompañamiento de la persona.

Podremos tener las mejores programaciones sobre el papel (en ocasiones, refritos de programaciones heredadas o copiadas a editoriales). Podremos adquirir sonoras certificaciones de calidad y oropeles educativos. Podremos disponer de potentes servidores en los que acumular, como fuentes de Santo Grial, el acervo de un colegio. Podremos almacenar en carpetas numeradas todas y cada una de las hojas exigidas por la Administración. Podremos seguir dedicando recursos a idear, divulgar y completar las más revolucionarias plantillas (que, con frecuencia, no son tales y se limitan a ser remedos de anteriores plantillas). ¿Y qué? Puede que todo eso sea urgente y que, incluso, parezca importante. ¿Es lo esencial?

«CUMPLIR EL EXPEDIENTE»

No es que no haya que organizar, programar, evaluar y controlar. Soy un firme defensor de la estructura, del orden, de la evaluación y de la autoevaluación. No creo que pueda educarse sin la atmósfera adecuada, y la atmósfera se da, también, cuando tenemos claro de dónde partimos, qué queremos lograr, con qué herramientas y en qué secuencia, cómo lo mediremos y qué lenguaje emplearemos para hacerlo.

Sin embargo, sufro al ver que las ilusiones quedan habitualmente enterradas en la ingrata tarea de “cumplir el expediente” rellenando papeles. El papel lo sustenta todo, y me da pena ver todo el capital humano y económico dilapidado en el sostenimiento de complejos aparatos administrativos, relegando –vuelvo a decir– lo esencial.

Entiendo que la esencia es la persona, y que por mucho que lo escribamos en un formulario o una unidad didáctica, por mucho que lo escribamos en un aplicativo de la Consejería o en una programación oficial, por mucho que escribamos y escribamos y escribamos que la persona es la esencia, si realmente el esfuerzo está en mantener lo burocrático, difícilmente haremos un real acompañamiento.

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¿Y si nos relajamos? ¿Y si sostenemos el Aparato sin que absorba toda nuestra energía y nuestro presupuesto? ¿Y si reenfocamos y primamos, por encima de lo burocrático, cuestiones como el reconocimiento del profesorado, su autoestima, su integridad, su entusiasmo y el desarrollo de las cualidades innatas a un educador, como son la intuición, la empatía, la inteligencia emocional y la sensibilidad (por citar algunas)? ¿Y si los Equipos Directivos se preocupan algo menos del papeleo y algo más en acompañar a sus personas? ¿Y si la Universidad forma profesionales para Educación expertos en lo esencial y no en la redacción de unidades didácticas perfectas? ¿Y si las oposiciones no fueran olimpos de la plantilla? ¿Y si en las salas de profesores se discutiera sobre psicología evolutiva, madurez, inteligencias múltiples, neuroaprendizaje o liderazgo en lugar de sobre programación-abreviada, programación de área, DAE, plantillas para el plan individualizado, el PIRE o los requisitos del ACI? ¿Y si educamos lo esencial?

Si realmente el esfuerzo está en mantener lo burocrático,

difícilmente haremos un real acompañamiento

NO SON LOS PAPELES

Lo esencial no son los papeles. Los papeles son necesarios, pero no son la esencia. Son importantes, pero no esenciales. Lo esencial es el alumnado. Al alumnado le da igual si hemos rellenado bien o no una plantilla o si hemos entregado en plazo la programación de área al inspector educativo de turno. Al alumnado no le interesa si la unidad didáctica está sacada de una editorial o si la hemos generado nosotros. Al alumnado no le quita el sueño si hemos fusilado una rúbrica o es fruto de nuestra experiencia.

Lo que le interesa, lo que quiere, lo que necesita, es que escuchemos, que seamos pacientes, firmes, empáticos; que creemos vínculos a partir de los que construir, que le emocionemos, que le contagiemos de entusiasmo, que valoremos sus cualidades y desarrollemos sus competencias. Lo que le quita el sueño es el profesorado irracionalmente exigente, el ausente o el distante. Lo que necesita es que se le trate como persona; es decir, incompleto, imperfecto, único, en proceso y con potencial.

LO EDUCATIVO

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Dicho de otra forma, lo que necesita el Sistema Educativo es desbrozarse, desprenderse de artificios y complejidades absurdas. Lo que necesita el Sistema Educativo es reforzar la ilusión por lo educativo; sí, lo educativo. Es fijarse en la persona, en todas y cada una de las dimensiones de la persona. Pero de verdad, no porque lo hayamos redactado en un papel.

…incompleto, imperfecto, único, en proceso y

con potencial

Los papeles volarán. Si no, fijémonos en las leyes educativas, que se suceden perversamente de la mano de los distintos gobiernos. Leyes que generan, para mayor gloria o desazón de la Administración, sus propios laberintos burocráticos. Los papeles volarán, en efecto, pero no lo esencial. Y lo esencial, lo genuino, eso que esquivará los cambios políticos, modas o presupuestos, no se recoge en formularios. Lo esencial  se vive, se milita, se nota, se respira, porque lo esencial es entender cada persona como la medida de la labor que realizamos.

Los papeles volarán, en efecto,

pero no lo esencial

Mikel Alvira
Tiene una trayectoria de más de veinte años en órganos de gestión, dirección y decisión, pero, sobre todo, con una opción personal decidida por la educación al margen de lo educativo. Eso es lo que él llama educación divergente. Crítico con el sistema educativo actual y con los principios metodológicos habituales, aboga por la educación entendida como acompañamiento, superando la mera instrucción y militando la inclusión, la emoción y los vínculos como marcos imprescindibles para educar. En colegios, sí; en aulas, sí; en la realidad que tenemos, sí. Pero con otras claves. Licenciado en Historia por la Universidad de Deusto, ha impartido clases en esta misma institución durante trece años, tanto en Filosofía y Letras como en el Instituto de Estudios de Ocio, en equipos de docencia y con alumnado de diferentes edades, sensibilidades y procedencias, como reflejan su paso por CIDE (alumnos de universidades de USA). Asimismo, lleva casi veinticinco años como profesor en Enseñanzas Medias, desarrollando su labor como docente en Bachillerato y ESO, así como en Proyectos de Refuerzo Educativo Específico y Diversificación Curricular, además de ocupar puestos de responsabilidad en Dirección. Formado en innovación metodológica, lleva varios años colaborando activamente con Innovación Educativa del Gobierno Vasco (Berritzegune), con la agencia vasca de calidad Euskalit (en donde ha sido evaluador en procesos de gestión integral) y con centros educativos en los que requieren su asesoría. Alvira cree en los vínculos como herramienta educativa, entendiendo que el currículo es la excusa para ayudar a cada alumno a desarrollar sus capacidades. Habitual de foros, cursos y encuentros, el valor añadido de Alvira es su capacidad para comunicar, reconocido como orador, su fuerza está en la pasión con la que transmite, algo que queda igualmente patente en su faceta como escritor, con varios best-sellers en su haber y su reciente “La Novela de Rebeca” (Ediciones-B) presente en España y Latinoamérica.