Redes sociales

como construcción o como trampa

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Los ojos de los insectos son fascinantes. Un prodigio de la ingeniería. La mayoría de los insectos tienen los “ojos compuestos”. Formados por unidades que estructuran su visión. Algunos tienen seis unidades y otros disponen de varios miles como las libélulas. Pero nuestro objetivo no son sus ojos, sino su comportamiento.

ARAÑAS

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Observemos las arañas. Viven en todas partes, son ubicuas. Tejen telas para atrapar a sus víctimas, son depredadoras. Esperan alrededor de la red, hasta que sienten las vibraciones que producen los movimientos de sus víctimas al quedar atrapadas. Les cuesta mucho tiempo y mucha energía tejer. Son muy cuidadosas porque también ellas pueden quedar pegadas, de modo que sólo se mueven por los hilos no pegajosos para atrapar su presa.

En verano, pasamos largas jornadas en el campo, nos asombran las hormigas y las arañas. De las hormigas ya hemos hablado en inteligencia colectiva. Sin jefes, ni inspectores, ni planes, ni metas.

ABEJAS

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¿Y qué decir de las abejas? Un enjambre con más de 10.000 insectos es capaz de tomar la decisión sobre lo que será su próximo asentamiento. Conforme crece el “baile” en la colmena, llegan más exploradores al lugar indicado. Si están conformes bailan también para anunciar su nuevo hogar.

La ubicuidad de las arañas permite utilizar esta analogía para observar también las luces y sombras de las redes sociales. Del mismo modo que las arañas tejen y tejen, siempre con una finalidad y con sumo cuidado su red, los usuarios de la Red construyen sus  identidades y reputación, no exentos de riesgos y peligros.

Sin jefes,

NI inspectores, NI planes, NI metas

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COLECTIVOS

Los colectivos que encontramos en la naturaleza enseñan dos lecciones

La incertidumbre, la complejidad y el cambio NO tienen por qué convertirse en un problema si trabajamos en grupo y fijamos objetivos comunes.

Los instrumentos necesarios para lograr el éxito y evitar el caos son la diversidad de conocimientos, la aplicación de reglas simples, las interacciones entre los miembros del grupo, así como las aportaciones individuales y uso de umbrales de consenso.

“Nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”, señala Bauman, no sólo acuerdos, también las relaciones que nacen y mueren en la red, que es efímera, inmediata e intensa. Relaciones que no son gratuitas, acaso recíprocas, casi siempre asimétricas. Son “desigualdad creciente” que indica el pensador polaco, y que podemos traducir como élites selectivas (influencers).

ControlSEO, vigilancia, poder. Son los guardianes de la Red. Fagocitados en la pérdida de la privacidad, nos sentimos muy cerca del artista Sterling Crispi que expresa su preocupación por el excesivo y agresivo avance de la tecnología de la vigilancia.

Interpretamos  “el colapso de la confianza”, de Bauman, como un producto. Se fabrica el “diseño de la confianza”, desde una intención y con unos intereses. En las redes sociales, los influencers marcan la tendencia, porque son a su vez, portadores del saber, detentadores del SEO, conocedores de las métricas. Los magos del número. Son los vigilantes y aduaneros de las grandes corporaciones. O sea la gran dictadura en la Red. Lo sabe muy bien Google.

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¿Cuál es el peaje de estar en las redes? Tiempo, datos, dinero, privacidad, sentidos. ¿Son nuestras relaciones, nuestro conocimiento, nuestros sentidos un nuevo simulacro?

Pero las redes sociales, son también un escenario que constituye y ayuda a formar un entorno de oportunidades. Resuena el pensamiento de Levy en su “inteligencia colectiva”, cuando diferencia entre el conocimiento compartido, información compartida por todos los miembros de la comunidad; y la propia inteligencia colectiva, como conocimiento disponible y posible para todos. Vaya, un doble placer: saber y compartir.

Hechos que trascienden ese “activismo de sofá” que describe el pensador polaco. Estos dos últimos años hemos experimentado con lo que por ahora llamamos #4Entorno, una derivación del tercer entorno (que Echeverría atribuyó a la tecnología). Castells en su ”Redes de indignación y de esperanza”, y antes en “Poder y comunicación”, describe como el tejido asociativo, las comunidades de vecinos, diferentes colectivos unidos por diferentes y diversos motivos, se organizan y proyectan y amplifican su acción en y con las redes sociales.

Control, SEO, vigilancia, poder

Desde la reprogramación y en la autocomunicación: estructuras horizontales de muchos a muchos.

Las redes sociales no son la causa, ni el motivo, son un “nuevo entorno” que recogen la energía y la fuerza de la colectividad para licuar su expansión. Como señala el sociólogo, autocomunicación, redes horizontales, interactivas, multdireccionales. Una red de autocomunicación que trasciende espacio y tiempo (on/off), calles, plazas y ágoras virtuales; que produce contenidos, establece vínculos y también cambios sociales.

A mediados de los ochenta, no había Facebook, ni YouTube, pero había una tendencia innovadora y pedagógica muy potente en nuestro país. Los movimientos de renovación eran muchos y diversos. Y se observó que los medios de comunicación (entonces prensa, radio y tele), proponían una triple mirada crítica, que exigía:

1

CONOCER

Conocer los medios, y por tanto, que fueran objeto de estudio, de análisis, de reflexión.

2

UTILIZAR

Utilizar los medios, como recurso y como herramienta para desarrollar destrezas, competencias.

3

EXPRESAR Y COMUNICAR

Expresar y comunicar con los medios. Contar nuestras propias historia, construir nuestras narraciones.

Es posible que ahora, con las redes sociales haya que reinventar estas tres miradas. Quizá con una visión mucho más paródica, en la que el diseño de pensamiento en red, de trabajo en red, y de producción en red, ayuden a generar otros modelos de comunicación, y por tanto de educación.

Ahora estamos en la plena y permanente celebración del yo. Un colega publica Mr. Ego  muestra una galería sus disfraces (víctima, verdugo, salvador). Parodia y carnaval son dos ingredientes que debiéramos incluir en nuestros procesos de análisis y creación (o creación y análisis).

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GESTIÓN DEL YO

¿Te haces un selfie? ¿Individualismo conectado? ¿Es sólo cuestión de elegir entre la gestión del yo y la gestión del ego?, que expresa @carlosgurpegui en las últimas jornadas de Pantallas Sanas. ¿O seguimos en la “zona del confort” donde “ser es ser visto”?, dixit Berkeley.

¿Qué imagen quiero ofrecer a los demás?

¿Cómo quiero que los demás me vean?

¿Qué quiero que los demás digan de mí?

¿Qué quiero decir de los demás?

Son preguntas que responden a la construcción de una identidad, y a una gestión de la intimidad.

¿Por qué me conecto?

¿Cuándo me desconecto?

¿Qué puedo hacer en vez de conectarme?

Son preguntas que responden al tipo de consumo que yo quiero hacer, y por tanto, a la dieta digital que quiero aplicarme.

¿Veo los ojos de la otra persona cuando estoy en una conversación online?

¿O veo la imagen en la pantalla con  quien hablo?

¿Nos miramos a los ojos?

¿Los recursos gráficos, músicas, emoticons, imágenes …sustituyen el tacto, el oído, la mirada, el olor y la presencia?

Internet no es el libre y democrático acceso al conocimiento, las redes sociales no son la fiesta de la participación,

“Las audiencias interactivas son algo más que un concepto de mercadotecnia y algo menos que una democracia semiótica”

dixit H. Jenkins