Los seres humanos somos expertos en crear pretextos. Somos capaces de crear mil y una excusas con el mero fin de sobreprotegernos, de mantenernos en nuestra zona de confort, donde sabemos lo que tenemos; pero jamás sabremos lo que podríamos llegar a tener. Y es que las excusas son pequeñas ladronas de oportunidades.

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Una vez hemos convertido nuestras acciones en hábitos y, por lo tanto, en rutinas, es posible (sucede a menudo) que nos estén privando de lo que más queremos. Las excusas siempre están más cerca del engaño que del argumento. Existen infinitos pretextos para no llevar a cabo alguna acción que a priori, y en teoría, sí queremos llevar a cabo.

Pequeñas ladronas de

oportunidades

“El verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, como muchos piensan, sino el conformismo y la mediocridad. Todos cargamos con más vacas de las que estamos dispuestos a admitir; excusas que ni nosotros mismos creemos, con las que pretendemos explicar por qué no hemos hecho lo que sabemos que tenemos que hacer”

Camilo Cruz

El ser humano tiene una conversación interna constante, que en coaching denominamos la columna izquierda. En esa conversación tratamos de autoconvencernos o de autoimponernos excusas que nos “permitan” no realizar la tarea que teníamos pensada “sin sentirnos mal”. El problema de ese “no sentirnos mal” es que es momentáneo. Porque, en el fondo, sabemos que esas excusas son mentiras que nos contamos, y una vez volvemos a la consciencia de nuestros objetivos se produce un efecto rebote que hace que no sólo nos sintamos mal, sino que comencemos a maltratarnos psicológicamente por haber hecho tal cosa.

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Una vez el diablo que tenemos dentro ha vencido a nuestro “Pepito Grillo”, comienza la lucha externa. Esa lucha externa nos hace poner en práctica todas esas excusas que nos hemos puesto, y nos quedamos paralizados sin llevar a cabo la acción.

Las excusas nos “protegen” del fracaso. Hacen que nos preparemos a nosotros mismos, que no intentemos algo “por sí sale mal”. Y lo que hacemos en realidad es no intentarlo, y así privarnos de la posibilidad de tener éxito; además de la generación de nuevas experiencias que siempre nos enseñarán algo.

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Paralizados,

sin llevar a cabo la acción

“Una excusa es peor 
y más terrible que una mentira”

Alexander Pope

Pero, ¿cuáles son las más utilizadas en nuestro día a día por la inmensa mayoría de la población mundial?

LAS CUATRO EXCUSAS

1

NO TENGO TIEMPO

No tengo tiempo”. Nos repetimos esta frase una y otra vez. “Claro, es que él tiene más tiempo que yo”; “Ella no tiene tantas cosas que hacer y, por eso, tiene tiempo”.

Afortunadamente, y aún siendo la más utilizada del mundo, es muy fácil desmontar esta excusa. Es imposible que una persona tenga más tiempo que otra. Y el porqué es tan fácil de explicar como imposible de negar: los días tienen 24 horas para todo ser humano. Sí, 24 horas, 1.440 minutos, 86.400 segundos. Mismo tiempo para todos. Cada persona decide de manera libre en qué emplear su tiempo: en trabajar, en dormir, en comer, en jugar, en leer, en estudiar, en entrenar, en ver televisión, etc. Uno siempre es libre de ajustar su tiempo a sus necesidades. Y es que la vida no es más que un cúmulo de decisiones que deberían estar regidas por nuestras prioridades. Y tú, ¿de qué manera estás libremente dedicando tu valioso tiempo?

“Hay mil excusas
para fallar, pero ni una sola buena razón”

Mark Twain

2

NO PUEDO

No puedo”. La justificación a ese no puedo es tan variada que sería imposible escribirlas todas aquí. No puedo es una frase que daña nuestro subconsciente. Y lo hace porque, a la larga, nos lo creemos y cada vez que vayamos a intentar algo nos lo repetiremos de nuevo. No puedo son dos de las palabras que más daño hacen a nuestro inconsciente. La primera vez que nos lo decimos es una excusa, porque nunca sabremos si podemos o no hasta que no lo intentamos una, dos y hasta mil veces. El problema de decirnos estas dos palabras muy a menudo es que finalmente se convertirán en creencias; y, entonces, habrán calado tan profundamente en nosotros que será más difícil extirparlas de nuestra columna izquierda. Y tú, ¿de qué “riesgo” te estás protegiendo cada vez que te dices “no puedo”? ¿Qué beneficio estás perdiéndote al no intentarlo?

“Disciplina es el puente entre las metas 
y los logros”

Jim Rohn

3

ES LO QUE HAY

Es lo que hay”. Y por lo tanto “no puedo” hacer nada al respecto. Las cosas no pueden ser cambiadas porque “esto es lo que hay”, así que no lo intento. Y así sucesivamente. Cuando decimos “es lo que hay” estamos atribuyendo a un ente invisible la responsabilidad de que las cosas sean como son, y nos estamos mintiendo a la vez que nos decimos que nosotros no tenemos ninguna incidencia en lo que sucede a nuestro alrededor. Y el caso es que es todo lo contrario. Al no cambiar nada en lo que hacemos y en lo que pensamos, las cosas no cambian, y siguen siempre igual. El más mínimo cambio en nuestra manera de pensar y de actuar conlleva siempre a cambios en el mundo que nos rodea. Y tú, ¿hasta cuándo quieres seguir culpando a la vida de todo lo que te pasa? ¿Es más fuerte tu deseo de cambio o las mentiras que te cuentas a ti mismo?

“Sólo tendrás tiempo para las cosas que realmente te interesan… y sólo tendrás excusas para lo que no te importa.”

Claudia Palacios

4

YO SOY ASÍ

Yo soy así”. Esta excusa es muy similar a la anterior. Se basa en deslizar la responsabilidad de nuestras decisiones y de nuestros actos y otorgársela de nuevo a un ente que nos ha hecho ser como somos. “Yo no puedo levantarme a las 6 de la mañana para entrenar, yo no soy así. A otros les costará menos, pero yo soy como soy”. (Sí, lo sé, suena a la canción de Alaska…”yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré…). Y que cómodo es decirnos eso, ¿verdad?… Cada vez que algo nos cuesta, como en el ejemplo que puse de levantarnos antes para entrenar, decirnos que no somos así y volver a sentirnos en nuestra zona de confort. Es duro asumir que los únicos responsables de todo lo que nos pasa somos nosotros mismos. Nos resulta MUCHO más sencillo culpar a la vida, y al tipo de persona que “somos” que producir un cambio y generar nuevas situaciones. Un individuo no es de ninguna forma, sino que se comporta de una manera u otra. Porque no por hacer una tontería en la escuela, un niño se convierte en tonto. De la misma manera, porque tú te levantes tarde y te guste dormir no te convierte en un ser perezoso, sino que te estás comportando como tal. Y esto es lo bueno del ser humano, que tiene un poder tan increíble como es el cambio. Y tú, ¿hasta cuándo quieres seguir dándole el control de tu vida a tus excusas?

La próxima vez que te quieras engañar y ponerte excusas, te doy un consejo. Ve al cuarto de baño, mírate al espejo, y cuéntate esas mentiras mirándote a los ojos. Verás qué efecto tan increíble tiene en tu columna izquierda.

“Mentirnos a nosotros mismos es más fácil que mentir a los demás, pero, a la larga, es aún más doloroso.”

Jesús Sánchez-Camacho

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