No podía ser verdad, maldecía su mala suerte, apoyado en el guardarrailes esperaba con temor el veredicto del médico que le atendía, había vuelto a caerse, había vuelto a frenar antes de tiempo al coger la curva, había vuelto a dejarse llevar por el miedo a la hora de descender la carretera, sus compañeros de pelotón ya andarían lejos…

Si en mi primer artículo hablé sobre La pérdida de ilusión del maestro, en el segundo insistí en la perseverancia como clave para mejorar la labor docente y en el tercero recalqué la importancia del claustro para tirar adelante proyectos; en este cuarto, voy a intentar seguir con la metáfora ciclista hablando de las caídas en manera de obstáculos que todo maestro ha sufrido, sufre y sufrirá a lo largo de su trayectoria.

CAÍDAS

La carretera está llena de pequeñas trampas que nos llevan muchas veces a sufrir pequeños o grandes percances que hacen que no avancemos con el ritmo que deberíamos avanzar. Hay piedras que, al esquivarlas, provocan que choquemos, o simplemente al pasar sobre ellas hacen que pinchemos y tengamos una avería o nos vayamos al suelo; pero también la carretera no siempre es recta y ancha sino que  según por dónde circulemos se vuelve: inhóspita, estrecha, con la calzada en mal estado, sinuosa, con curvas cerradas, con fuertes rampas descendentes, etc., que puede provocar que el “ciclista” más temeroso acabe en el suelo.

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En educación pasa lo mismo, hay momentos, hay cursos o hay situaciones que hacen que la profesión o la vocación del docente (que cada uno se atribuya la palabra que más le convenga) sufra pequeñas o grandes caídas. Pongo de ejemplo: Una clase con dificultades de disciplina importantes, una clase con un elevado número de alumnos con dificultades para seguir el ritmo del curso, unas familias poco empáticas y poco dispuestas a entender o a colaborar con la educación propuesta por el maestro, una dirección de centro poco abierta a las propuestas de cambio, a la innovación soñada, un deseo de formación que no se lleva a cabo por falta de tiempo…

Todos estas y demás dificultades hacen que la carrera ciclista del docente no transcurra por idílicos parajes y carreteras bien asfaltadas, sino todo lo contrario por momentos del curso difíciles y complicados.

EXPUESTOS A CAERNOS

Sí, un maestro ha de estar preparado para este momento, pero mucho me temo que nadie nos prepara para ello, no hay unas asignaturas en la universidad tipo: ¿De qué forma caernos para no hacernos tanto daño? ¿Cómo levantarnos después de sufrir un percance? ¿Cómo recuperarnos después de una caída? ¿Cómo evitar no volver a caer con la misma piedra?

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En la vida no vivimos en una burbuja y estamos expuestos a caernos, en la profesión docente, donde la subjetividad es la reina de las posibilidades, dónde no hay fórmulas mágicas, donde cada día es distinto al anterior, las posibilidades de que al girar la curva choquemos contra un obstáculo son muchas, por lo que pienso, y cada vez estoy mucho más convencido, que el futuro maestro debería incorporar en su hoja de ruta formativa, mecanismos para evitar caídas, y en caso de sufrirlas, tener los recursos emocionales suficientes como para poder levantarse.

NO ES LO MISMO

¿Pero y los ciclistas veteranos, aquellos que llevan años circulando por carreteras, aquellos que ya trazan casi con los ojos cerrados aquellas curvas vertiginosas, aquellos que su veteranía dando clase les hace parecer inmunes a los obstáculos del día día de la clase? Pienso que no vale la sentencia de que la experiencia es la madre de las soluciones, cada caída es distinta, no es lo mismo dar con los huesos en el suelo con veinte años que con cincuenta. Aunque ya hayas caído más veces y sepas cómo puedes levantarte, no es lo mismo, pienso que todo docente haya salido del horno haga un año o lleve años de experiencia, necesita saber en cada momento cómo afrontar las dificultades, por lo que no viene mal formarse en la resolución de conflictos, en educación emocional…

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Si, quien quiera subir en bici tiene que estar dispuesto a asumir que puede caerse, quien quiera ser docente tiene que asumir que habrá días malos en los que las dificultades ganarán la batalla a las recompensas, pero dejadme que cite una de las archiconocidas películas de Batman: «Señorito Bruce, ¿sabe por qué nos caemos?

PARA APRENDER A LEVANTARNOS»