Estamos en la era post-TICen la que  el “vivir es ser otro” en los versos de Pessoa, y “ser, es ser visto”, que ya anticipara el filósofo irlandés Berkeley.  El primero suscita la gratificante experiencia de la empatía; el segundo recoge la tendencia narcisista, cristalizada en la simulación-tendencia selfie. Los dos ponen el dedo en la diana emocional. La simulación, siempre presente en las representaciones escénicas clásicas, dimensiona en el entorno virtual del siglo XXI, un baile de máscaras y espejismos, un carrusel  de proyecciones e identificaciones que se viven y se piensan en la convivencia emocional.

LABERINTO-EMOCIONAL-Magazine-INED21

La complicidad que el escenario multipantallas  provoca de un modo particular entre los más jóvenes, tal y como se expone en “Miradas fascinadas, conflictos abiertos”, genera dos sugerentes iconos: el espejo y el móvil. El primero representa la cálida historia narcisista que envuelve el día a día de un adolescente, ¿se imaginan su casa sin espejos? Se trata de un ritual en el que todo pretexto es válido para mirarse en un espejo, “cuanto más me veo más segura me siento” –me dijo una adolescente-. Buscan el reflejo de su imagen en los escaparates, ventanillas de los autos, ascensores. La televisión y el entorno virtual prolonga este ritual seductor, en los que devuelve a los jóvenes el reflejo de un cuerpo perfecto, y por tal, imposible. Ellos perciben la necesidad de ser mostrados en público y exhibir su imagen, sintiéndose populares y admirados. El síndrome pasión-selfie es una evidencia.

The-me-me-me-generation-Magazine-INED21

“Mira mi mundo. Mírame”, es una de las invitaciones que hace un adolescente a través de su fotolog. YouTube, MySpace, Instagram, Facebook son un escaparate global de testimonios donde los jóvenes exhiben sus cuerpos y sus sueños. El nuevo milenio expande el individualismo conectado, las nuevas generaciones son sensibles a la erótica de la pantalla global, las relaciones en la Red son instantáneas, rápidas, intensas y hedonistas. Usuarios y jóvenes que son y existen en la medida en que se exhiben y son vistos. El rumor y el cotilleo fascinado y mediado por la tecnología garantiza el oxígeno de esta existencia.

El móvil es el dispositivo que ofrece una mayor vinculación con la identidad del usuario en general, y del joven en particulal. Lo describen con precisión en “La comunicación móvil” Martínez, Aguado y Corredor.

Es una prolongación de los sentidos, como ya advirtiera McLuhan, una extensión del cuerpo, del deseo y de la memoria. Es el bolso y bolsillo doméstico, donde se guardan las llaves, la cartera. Es el trastero de los recuerdos y rutinas ( agenda, direcciones, notas). Es la personalidad (melodías, aplicaciones, toques, fondo de pantalla) y contiene la intimidad (fotos, mensajes). El móvil cristaliza la existencia, justifica que estamos y que somos. Allí donde termina la textura, la forma y el color de la carcasa, acaba el latido personal. El smartphone concede al usuario y al joven una sensación de libertad, independencia y seguridad. Se puede usar en cualquier momento, desde cualquier lugar. El móvil es también espejo que refleja la imagen que se quiere ofrecer y la mirada que se desea atrapar.

LABERINTO-EMOCIONAL-2-Magazine-INED21

Este breve viaje descriptivo tiene su sede en el interior. El corazón y sus emociones tienen cerebro. Eso que cabe en la palma de nuestra mano,  y que apenas pesa kilo y medio, eso tan cercano y al mismo tiempo tan desconocido. Así como la mente ha estado y permanece oculta bajo las desconocidas aguas del inconsciente, las emociones se deslizan entre los intrincados pasadizos del laberinto. Dos imágenes que utiliza Ferrés en su último libro “Cerebro emocional”. Tanto el iceberg (incertidumbre), como el laberinto (complejidad), son inquietantes y producen el temblor del conflicto, no como problema, sino como oportunidad para aprender.

La educación tradicional no lo ha entendido, tampoco los medios de comunicación que todavía se creen de masas. Mientras la escuela siga centrada en los contenidos, la razón y el maestro, y los medios de comunicación permanezcan atrapados al soporte y el mensaje, seguirán en el  laberinto sin salida. La innovación pedagógica y los social media transitan en la fluidez de los procesos entre los contenidos, agentes educativos-usuarios-en-redes-emocionales  y  los canales de distribución. El yo me emociono, informo, entretengo, aprendo, en cualquier momento y en cualquier lugar manda en el mundo de los conectados.

Dicho de otro modo, hemos abandonado el universo de los contenidos, para explorar el entorno relacional, descentrado y ubicuo, donde las dimensiones espacio-temporales son ya transversales, inciertas, mutantes y permeables. Un Factor R-elacional que es cognitivo, emocional y social. En efecto, ya lo indicábamos universo y cerebro son  grandes desconocidos. El primero en su lejana infinitud, el segundo en su cercanía y complejidad. La “Galaxia Internet” nos cuenta Castells (2003); el “cerebro creó al hombre” exclama Damasio (2012). Cerebro y red formarán nuestro discurso. El cerebro reside, se comunica con el cuerpo, las neuronas generan y mantienen constantes conexiones y redes.

Cerebro, más que organismo, un ecosistema en permanente diálogo que es bidireccional cerebro-cuerpo; cerebro emocional y racional.   

“Mientras que las emociones son percepciones que se acompañan de ideas y modos de pensamiento;  los sentimientos emocionales son principalmente percepciones de lo que nuestro cuerpo hace mientras se manifiesta la emoción, junto con percepciones de estado de nuestra mente durante ese mismo periodo de tiempo” (Damasio, 2010).

 “El procesamiento de emociones y sentimientos son indispensables para la racionalidad”. No se trata de implantar el despotismo de lo emocional, relevando la tiranía racional en la escuela institucional, sino de descubrir la inteligencia emocional, existente en ese calloso subterráneo que une, vincula y significa los dos hemisferios cerebrales. Pero este diálogo se expande de un modo holístico, lo que el cerebro hace con el cuerpo, los seres humanos lo hacemos con el entorno, que se nutre y retroalimenta. La sinapsis interna y cerebral es una fascinante analogía de la sinapsis social que describe Castells en su sociedad-red.


José

Carmen

POST SIMILARES