Damos por supuesto que el currículo lo pone el Estado. El poder modelando a los ciudadanos.

CURRÍCULO

Cuando el poder lo ostenta la DERECHA, el modelado es detallista. Si hay que conservar hay que vigilar que NO se nos escape nada y que novedades y “ocurrencias” NO vengan a distorsionar “lo que Dios manda“.

Cuando el poder lo ostenta la IZQUIERDA el currículo es más flexible. La izquierda, al menos, considera que la Sociedad existe. Así lo entendía la LOGSE que establecía tres niveles de concreción del currículo: lo que prescribía el gobierno (muy general); lo que plasmaban las editoriales (detallado); y lo que realmente hacían los centros (adaptado). El poder sugería pero se confiaba en los maestros.

Permítanme que abogue por una MODERADA ANARQUÍA. ¿Y si supusiéramos que una sociedad activa decide modelarse a sí misma? ¿Y si diéramos todo el poder a los consejos escolares, liderados, por supuesto, por los profesionales que son los maestros? En fin, un “SOVIET” educativo no tiene por qué dar tanto miedo, creo. Al fin y al cabo son las famílias las principales interesadas en dar a sus hijos la educación más completa y cosmopolita posible. Y los profesores, interesados en su prestigio profesional, no les deberían ir a la zaga. Si ambos se avienen, cada cual respeta el espacio del otro y todos están pendientes del resto del mundo… Yo lo veo bien.

¿Y el Estado? Bien, gracias. El Estado está para vigilar que nadie se desmande y que la sociedad lo tenga fácil y no tenga que esforzarse el doble sin sentido. Es lógico que la administración proponga un currículo (amplio, no detallado) y vigile los centros y sus consejos. Probablemente basar toda la escolaridad en la programación de las televisiones o en las ligas deportivas no sea buena idea, aún en el supuesto que hubiera consejos escolares tan alocados. Posiblemente la Capilla Sixtina no saliera en ninguna serie ni se jugara allí ningún partido importante (aunque sin duda, en alguna cadena programarán El tormento y el éxtasis, sin descartar que algún papa moderno abra la capilla a la euroliga para obtener recursos). Alguien me dijo alguna vez que podría estudiarse toda la Física escolar con una moto. En aquel momento me pareció genial, pero ahora pienso que tal vez los alumnos salieran con una visión sesgada del mundo. Ahi el Estado tal vez debería hacer algo.

SELECCIÓN NATURAL

NATURAL-02-INED21
Consejos escolares formados por cabezas razonablemente amuebladas diseñarán escolaridades parecidas a no ser que unos sean terrestres y otros marcianos. Una buena visión del mundo es una visión compartible. Las diferencias se darían en el estilo y en los detalles. Un centro exitoso podría darse a conocer por un relato de su currículo publicado en libro. Tal vez más enriquecedor que elegir entre diez o doce textos editoriales similares sería estar atento a cómo enfocan el currículo centros diversos. Con el tiempo los mejores estilos y las mejores recopilaciones se acabarían imponiendo sin que las pequeñas diferencias dejaran de enriquecer el panorama compartido. El CURRÍCULO serían todos los currículos del mundo en concurso. Mira, en aquella escuela hacen del agua el centro de todos los hilos culturales. Allí se estudian los procesos productivos en todas las materias y todos los proyectos. No, aquí eso no nos serviría por tal o por cual, pero algo podríamos aprovechar.

El Estado sólo debería vigilar los desvaríos, pero la idea busca responsabilizar más a la sociedad. Los editores ofrezcan libros pequeños, simplemente con texto. Los maestros elijan en función de un proyecto. Los padres colaboren y sugieran. Mal veríamos hoy que los padres pretendieran imponer un libro de texto para un curso. Pero tal vez mañana nadie podría oponerse a que los padres pretendieran incluir tales o cuales libros de divulgación, láminas o literatura en las bibliotecas de aula. O que quisieran conocer la relevancia de los que los maestros eligen. Tal vez eso les implicara más.

En cierta manera sería redistribuir las competencias curriculares de la LOGSE (insisto, ley ambiciosa, algo utópica, en mal momento) de otra manera. El Estado esboza un primer nivel de concreción que puede distribuirse en murales o cuadernillos. Los centros elaboran el segundo nivel poniendo en juego la profesionalidad de los maestros y del jefe de estudios (preferentemente pedagogo profesional o aficionado). Y el tercer nivel de concreción se compone en la realidad con las aportaciones de las editoriales, los alumnos, los maestros, por supuesto y los padres. No creo que los editores deban “hacer la escuela” como ahora ocurre en centros poco profesionales. Creo que deben ofrecer TODA la cultura, sin mediatizarla más que en los detalles que aporten sus autores, su creatividad, su pulcritud de edición. Pienso que las editoriales no deben hacer currículo, no deben hacer pedagogía general sinó buena creatividad, buena lecturabilidad, buena legibilidad y buen material infográfico. Como empresas, ponerse al servicio de su público que son los mestros, los padres, los niños y jóvenes incluso, no marcarles el aprendizaje.

ESO NO ES TAREA SUYA.