Hace dos semanas les presenté mi escuela ateneo ideal. Déjenme que se la enseñe con más detalle. Les advierto que es un centro de ESO, obviamente un parvulario o un ciclo de primaria lo habría concebido algo diferente.

La imagen está hecha con una app sencilla por un autor ignorante y sin recursos, pero lo supliremos con imaginación. Los alumnos son todos niños y aparecen muy tiesos, pero los podemos diferenciar y darles movimiento.

A la izquierda está la entrada y da a una sala grande. La llamo la sala de estar del mundo porque me parece bien que la escuela de los niños sea un mundo en pequeño o al menos un sitio donde el mundo esté representado, ya sea por libros, murales, instrumentos o posibilidades. Creo que tiene unos 250 m2 más otros muchos de salas y patios. No sé si en España nos lo podemos permitir para sólo 100 o 150 niños, pero en cosas peores gastamos el suelo.

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Sólo entrar tenemos un acuario (dicen que relaja), librerías y mapas del mundo, uno físico. Acostumbrados al mobiliario verde y resistente poner sofás y puffs tal vez parezca un lujo oriental. Pero hay quien opina que considerar a los niños bárbaros de entrada tal vez contribuya a que lo sean. Por el mundo se ven escuelas donde el mobiliario familiar también sirve para usos educativos no tendríamos por qué ser differents en eso.

Los mapas y los libros se ven cada día, pero no son obligatorios, eso quizá les confiera más atractivo. “Fíjate a dónde fuimos el verano pasado”. “Oye, con este libro lo entendí”. Una bola del mundo de 80 cm de diámetro y que encima ruede, yo creo que puede tener sex-appeal para jóvenes. Con ella se curiosea y se juega. Vean que en las paredes diagonales hay dos mapas (en realidad, en la app son cuadros) que yo los pondría muy grandes, casi a pared entera. Ah, y aquí no se ven, pero en los rincones hay cajones de cartón forrados y con rótulos (ciencias, lengua, matemáticas, historia, geografía…) llenos de murales rígidos plastificados con procesos explicados o símbolos culturales mostrados o deconstruidos. Las imágenes rescatadas de los libros de texto y más.

En la sala hay muchas librerías. Para los 3000 o 5000 libros que se usan en esos dos o tres años. Hay de todo y se clasifican decimalmente, esa es una de las habilidades que han de aprender. Todos deberían ser bibliotecarios en algún momento. Todos capaces de volver a poner en su sitio los libros dejados en las mesas. Pero siempre hay un par de responsables del momento que pueden controlar también el préstamo. Los libros pueden leerse en común en una mesa, tranquilamente en un sofá, dentro de una salita de reunión si está libre o sacarlo al patio y leerlo sentado a la sombra de un árbol.

Debería haber más biombos para crear intimidades individuales o de pequeño grupo.

A media sala hay un espacio vacío al que ocasionalmente pueden moverse sofás y crear una pequeña reunión. Y una salida a las zonas al aire libre que pueden aprovecharse con parterres y terrarios para experimentar botánica y zoología.

Me parecería perfecto que en una pared larga pudiera haber una línea del tiempo de toda la historia de la humanidad en la que pegar dibujos o fotos, aunque hubiera que subir a una escalera de mano para hacerlo.

Hay un primer patio para juegos informales que podría “amueblarse” de manera libre y al fondo dos cosas importantes. Primero, a mano izquierda dos pequeños patios de deportes, a poder ser preparados para fijar porterías o redes móviles y ligeras. A la derecha un pequeño edificio que llamo “el garaje”. Por supuesto me he inspirado en las casas californianas donde progresó Silicon Valley. Simplemente un taller-trastero donde puedan llevarse a cabo desmontajes y montajes, reparaciones, creaciones o inventos. Según creciera su popularidad tal vez debería regularse su uso para proyectos consensuados u “oficiales”. Arrimada a la pared exterior derecha hay una escalera de caracol para subir al piso superior donde están los talleres y laboratorios de ciencias y artes.

Por supuesto, pueden encontrarse a faltar muchas cosas, un gimnasio, almacenes, armarios, dirección, secretaría, conserjería… en fin, arquitectos tienen ayuntamientos y comunidades. A mi sólo me vienen ocurrencias.

Pero le llamo mi escuela ateneo porque igual que en siglos pasados a los trabajadores se les ocultaba el mundo y ellos se lo creaban, los niños tienen derecho a un lugar desde el que se pueda ver el mundo entero. Fíjense que todo está expuesto y es de todos. Los libros están para que se vean, no para ser un peso y una obligación. El alumno llega con sus cosas y con sus ganas y allí ejerce su disciplina y su profesión, relacionarse y aprender y aprender y relacionarse, en espiral.

Lo que pase después, depende de profesores y alumnos.

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Aunque quiero llamar la atención sobre los peligros. Cuando pensamos novedades y progresos tendemos a ver lo bonito imaginado. Pero no perdamos de vista que hay también muchas maneras de hacerlo mal. En un sitio así ha de haber unas reglas de vida y de trabajo y esas no son tan fáciles de dibujar, porque además de en el espacio, se dibujan en el tiempo.