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¿CUECES O ENRIQUECES?

Si eres maestro y participas en redes sociales y quieres quedar de lo más “cool”, sólo tienes que tuitear esta frase:

“Somos profesores del siglo XX enseñando a alumnos del siglo XXI… en instalaciones del siglo XIX”. Para rematar, se puede completar con la no menos famosa “boutade”: “si trajeran a un médico del siglo XVIII a un quirófano actual no sabría qué hacer, pero si trajeran a un maestro del mismo siglo a una aula actual no notaría ninguna diferencia.”

CINISMO INNECESARIO

Este tipo de afirmaciones quedan muy bien, pero siempre he pensado que tienen un punto de cinismo innecesario… y que son injustas. No sé en el caso de los quirófanos, pero en el caso de las aulas, si han cambiado muy poco… ¡a lo mejor es porque los elementos habituales son lo bastante buenos como para haber rendido un buen servicio durante todos estos años!

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Y entre los elementos habituales destaca, ciertamente, la pizarra. Destaca porque es magnífica. La pizarra permite mostrar un mismo contenido a todos los alumnos a la vez, es compatible con la explicación del maestro, sirve para escribir y dibujar, y para que los alumnos puedan realizar ejercicios. Permite la corrección inmediata de los errores… ¡y es sostenible! Por supuesto, también puede ser usada como cadalso, cuando la frase “sal a la pizarra” (o “pase usted al encerado”… si estás más cercano al siglo XVIII) es pronunciada con ánimo más destructivo que evaluativo; pero la misma pizarra punitiva puede acoger divertidas caricaturas del malcarado profesor realizadas por algún rebelde alumno de talento plástico. La pizarra es, parafraseando el famoso anuncio de refrescos, para todos: para los altos, para los bajos, para los gordos, para los flacos…

MENTALIDAD THERMOMIX

Por eso, me pareció fascinante la invención de la pizarra digital. Aún con sus limitaciones iniciales (dificultades de calibración, trazo demasiado grueso, falta de sensibilidad de la superficie, sombras en la pantalla producidas por el proyector, deslumbramiento…), a las ventajas habituales de la pizarra tradicional se podían añadir ahora tres nuevas posibilidades: preparar fuera del aula lo que se proyectaría después, guardar lo realizado en la pizarra y conectarse con Internet. Si a eso añadimos la progresiva solución de muchas de las dificultades iniciales (especialmente con la llegada de los proyectores de distancia ultracorta y la diversificación de sistemas), queda claro que estamos ante una herramienta absolutamente fantástica… si se quiere y se sabe usar. A eso quería referirme con el título de este artículo.

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Me explico: una amiga mía, profesora excelente, es una magnífica cocinera y una auténtica virtuosa de uno de esos aparatos electrónicos para cocinar cuyo nombre empieza por Thermo y acaba por Mix. En más de una ocasión he podido disfrutar con las realizaciones dulces y saladas producidas por el cacharro en cuestión… y por la pericia culinaria de mi amiga. Porque cocinar con el artefacto requiere modificar los procedimientos habituales: usas unos vasos, unas cuchillas, añades ingredientes, programas unos tiempos, paras, añades… Tienes que tener “Mentalidad Thermomix” y ser buen cocinero.

COCER Y ENRIQUECER

Pues bien, creo que con la pizarra digital pasa lo mismo: tienes que tener “mentalidad pizarra digital”… y ser buen maestro, cuando “bueno” quiere decir capaz de aprovechar las herramientas y sacar partido de ellas, las actuales y las que han ido apareciendo durante décadas.

Si pasar un audiovisual de diapositivas te daba repelús, y hacías cargar a un alumno con el proyector, la pantalla, y que lo conectara todo, y las diapositivas te salían siempre cabeza abajo, y acababas maldiciendo tanta modernidad… la pizarra digital no es para ti. Pero si jugabas con el orden de las diapositivas, y buscabas la manera de realizar las propias fotografiando imágenes de los libros con aros de aproximación y macros y revelándolas directamente en diapositivas… la pizarra digital es para ti, porque tú no “cueces”, tú “enriqueces”.

Si fotocopiabas en transparencias páginas enteras del libro de texto para leerlas en clase con voz monótona mirando hacia la transparencia y no hacia la clase, y maldecías la luz deslumbrante y el peso del proyector y tanto invento… la pizarra digital no es para ti. Pero si probaste distintos tipos de transparencias, y de rotuladores para poder escribir sobre ellas, y las recortaste y pegaste con cinta adhesiva para crear efectos y lograste que los alumnos participaran con sus propias creaciones y las expusieran ante la clase… la pizarra digital es para ti, porque tú no “cueces”, tú “enriqueces”.

Si pasar un vídeo resultaba una tortura, y no lograbas que saliera en pantalla, y los alumnos no paraban de hablar, y considerabas que pasar una película era una pérdida de tiempo y acababas maldiciendo al que inventó el Beta y el VHS… la pizarra digital no es para ti. Pero si buscabas películas y documentales en videoclubs y centros de recursos, y no paraste hasta conseguir que un amiguete te ayudara a montar una cinta con fragmentos que interesarían a tus alumnos… la pizarra digital es para ti, porque tú no “cueces”, tú “enriqueces”.

En manos del profesor que “cuece”, cualquier herramienta, por creativa que sea, acaba siendo un lastre, sólo tiene inconvenientes, sólo produce actividades “cocidas”, herviditas, sosas, sin sustancia… y por eso mismo acaba despreciada e infrautilizada. En cambio, en manos del profesor que “enriquece”, cualquier herramienta es explorada, experimentada, “exprimida”, y produce actividades instructivas, educativas, motivadoras… y por eso mismo hay “bofetadas” para usarla, y se piden más y mejores, para seguir “cocinando” buenas y nuevas actividades.

EX-DUCERE

La pizarra digital es una herramienta extraordinaria, llena de posibilidades. Pero no sustituye al maestro, como no lo ha sustituido el powerpoint, el vídeo, las transparencias, las diapositivas, el libro de texto ni, ya puestos, la pizarra tradicional. El buen maestro no le tiene miedo a las nuevas herramientas, las acoge con esperanza y con deseo de sacar lo mejor de ellas para sacar lo mejor de sus alumnos. Al fin y al cabo, eso es educar, (i.e.: ex-ducere, ‘sacar de’).

Así que, adelante con la pizarra digital, superficie mágica, ventana al mundo, lienzo educativo… y puchero dónde demostrar nuestro talento de maestros capaces de preparar actividades ricas ricas…

¡Y con fundamento!

  • Toni García Arias

    Aunque pueda encerrar cierto cinismo como señalas, la frase de los maestros del Siglo XX encierra una gran verdad. Estamos en un momento histórico en educación provocado por la irrupción de las nuevas tecnologías, lo cual invalida en cierta medida el modelo clásico de enseñanza. Y sobre las instalaciones, por lo general, no pueden ser más deprimentes,