Si preguntásemos, incluso a profesionales de la enseñanza, sobre cuáles son las principales metas del sistema educativo, pocas veces nos encontraríamos entre las respuestas que una de ellas es, o debería ser, la excelencia.

Esta debe ser, a mi juicio, una de las metas prioritarias de cualquier actividad educativa, con lo cual estoy diciendo desde ahora mismo que el sistema educativo no está para garantizar ningún tipo de mínimos, estrategia que se emplea en ocasiones para defenderse de posibles críticas cuando los resultados no son los deseados. Un sistema educativo orientado a garantizar los mínimos (concepto relativamente difuso y cambiante), lo único que acaba asegurando es la mediocridad.

El argumento que quiero presentar aquí es simple: si la educación debe lograr el pleno desarrollo de las personas, cuestión que nadie pondría en duda, una meta necesaria de cualquier sistema tiene que ser la excelencia. Maticemos la cuestión que es, lo sé, abiertamente polémica.

Garantizar la excelencia es una consecuencia inmediata del respeto a la diversidad y de la consideración de que cada persona tiene no sólo un ritmo, un tempo, distinto, sino unas competencias y capacidades diversas, y si consideramos que en el horizonte de la educación está la persona y su pleno desarrollo, ¿con qué argumentos se va a negar la atención al desarrollo de cada escolar hasta donde sea capaz de llegar?, ¿no estaremos todavía pensando en el alumno medio como si existiese en la realidad?

El pragmatismo organizativo al que se ha visto sometida la escuela y algunas influencias ideológicas de carácter colectivista que no son del caso, han llevado a aceptar, sin mayor cuestionamiento por parte de muchos educadores, que los alumnos de las mismas edades son iguales educativamente hablando y que, por tanto, tienen las mismas necesidades, lo cual está bastante lejos de la realidad, por no decir que carece de toda base psicopedagógica.

El sistema educativo debe lograr, a través de una educación tan personalizada como sea posible (debería serlo en grado sumo), la promoción del óptimo resultado posible para cada persona. A mi juicio, esto garantiza una apuesta seria por la promoción de la excelencia, que será diversa para cada persona, ciertamente, pero que provocará una transformación tal en las escuelas que impedirá todo igualitarismo, que es a lo que conduce el “garantizar los mínimos”.

Promover la excelencia equivale a facilitar los recursos educativos necesarios que permitan a cada alumno llegar tan lejos, tan rápido, con tanta amplitud y con tanta profundidad como su competencia le permita. Esto es entender el principio de igualdad de oportunidades en su correcta acepción.

Una escuela que no tienda a ser lo más adaptativa posible no podrá garantizar, al menos, esta tensión hacia la excelencia. Pero, curiosamente, con gran frecuencia en círculos pedagógicos se habla de educación personalizada, de individualización educativa o de atención a la diversidad y a las necesidades educativas especiales que ella conlleva. La pregunta es ¿qué se hace con la excelencia de los más excelentes? La respuesta está al alcance de cualquiera.

Javier Tourón
Vicerrector de Innovación y Desarrollo Educativo en la Universidad Internacional de La Rioja-UNIR desde septiembre de 2015, soy Catedrático de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación y Doctor en Ciencias de la Educación y Ciencias Biológicas. Past-President del European Council for High Ability (2000-2004) y miembro del National Advisory Board del Center for Talented Youth (CTY) de la Universidad Johns Hopkins (2003-2011). Fundé y dirigí el centro para la atención educativa de alumnos de alta capacidad CTY España, International Charter Member del CTY de la Universidad Johns Hopkins (2001-2011). He sido profesor de la Universidad de Navarra durante 36 años (1979-2015). Mi carrera investigadora en el desarrollo del talento académico en jóvenes de alta capacidad me ha llevado a ser Consultant Editor de algunas de las revistas extranjeras más prestigiosas de este ámbito entre las que destacan: High Ability Studies, Education Today, Talent Development and Excellence, Sobredotaçao, Gifted and Talented International, Abilities and giftedness; así como de algunas de las españolas más reconocidas como la Revista Española de Pedagogía, Estudios sobre Educación, RELIEVE, Bordón, Educación XXI o Revista de Educación. Soy miembro de Sociedades Científicas como: International Association for Talent Development and Excellence European Council for High Ability World Council for Gifted and Talented Children National Association for Gifted Children (EE.UU) Sociedad Española de Pedagogía He publicado más de 150 trabajos de investigación en revistas españolas y extranjeras y soy autor y coautor de 30 libros y capítulos de libros, varios de ellos dedicados a la alta capacidad y el desarrollo del talento, así como a la evaluación de Sistemas Educativos.