A todos los que nos dedicamos al mundo de la educación nos gustaría conocer la fórmula que permitiera a nuestros alumnos dar lo mejor de sí mismos. Nos preocupamos por estar al corriente de las últimas metodologías, no solo técnicas, sino también pedagógicas y de llevarlas a las aulas. Y en este ejercicio de actualización constante, resulta imprescindible leer las aportaciones del filósofo y Catedrático José Antonio Marina.

Este 2016 ha publicado su último libro: “Objetivo: generar talento. Cómo poner en acción la inteligencia”, un libro riguroso y optimista, en el que expone su modelo de generación de talento. Resumir el libro resulta prácticamente imposible, puesto que contiene gran cantidad de información sobre distintos ámbitos relacionados con la educación –recogida de fuentes muy rigurosas, con datos absolutamente actuales y expuesta brillantemente—, pero me permito recoger su planteamiento sobre cómo la inteligencia puede convertirse en talento, a la vez que recomendar la lectura de este libro extraordinario.

DEFINICIÓN DE TALENTO

El talento está de moda. Oímos la palabra talento no solo en el mundo educativo, sino también en el mundo del management, y muchas veces sin tener clara su definición. Marina define el talento de forma clara y contundente:

El talento es la inteligencia actuando de manera

adecuada, brillante, eficiente

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Y, a partir de esta definición, se pregunta si seremos capaces de producir el talento que necesitamos para resolver los colosales problemas a los que nos enfrentamos en nuestra sociedad. El primer paso consiste en saber cómo la inteligencia puede convertirse en talento.

José Antonio Marina ha tratado en diferentes libros los dos niveles de la inteligencia humana: la inteligencia generadora —nuestra gran productora de ocurrencias— y la inteligencia ejecutiva –que es la que realmente supone acción—.

FUNCIÓN DE LA INTELIGENCIA

Durante siglos se relacionó la inteligencia con el conocimiento y se consideraban inteligentes aquellas personas que eran capaces de memorizar gran cantidad de información. Es posible que muchos de los errores educativos que hemos sufrido tengan su origen en haber intentado educar la inteligencia cognitiva, proporcionando conocimientos a los niños, sin dar importancia a otras vertientes de la inteligencia.

José Antonio Marina expone que la “inteligencia emocional” intentó llenar ese vacío, pero tampoco proporcionó una visión integrada de la mente humana, probablemente porque la función de la inteligencia no es conocer, pero tampoco es sentir.

La función de la inteligencia no es conocer,

sino dirigir la acción

José Antonio Marina

Marina señala que la función de la inteligencia es dirigir la acción. Una conclusión tremendamente lúcida y valiente. No vivimos para conocer, sino que conocemos para vivir de la mejor manera posible. Por ello, más allá de la inteligencia cognitiva y de la inteligencia emocional, el nuevo modelo que debe integrar a todos los demás es de la “inteligencia ejecutiva”.

INTELIGENCIA GENERADORA

El objetivo de la educación de la inteligencia generadora parece claro: aprender conceptos, aprender a tener buenas ideas, buenos sentimientos, ayudar a tomar buenas decisiones, conseguir las habilidades necesarias y mantener el deseo de mejorar.

La inteligencia generadora (IG) tiene dos componentes: uno biológico –el conjunto de operaciones neuronales con que nuestro cerebro está dotado— y otro aprendido —la información—. La ecuación de la Inteligencia Generadora es = Biología + Memoria.

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La plasticidad es el fundamento físico del aprendizaje, es decir, de la memoria. Debemos recordar las enormes posibilidades que nos brinda la plasticidad del cerebro. El ser humano tiene la capacidad de actuar sobre su propio cerebro, cambiándolo. Lo que hacemos esculpe nuestro cerebro. Este es un tema que ha quedado demostrado empíricamente con multitud de estudios, como el de Eleanor Maguire, que comprobó mediante escáneres cerebrales que los taxistas de Londres habían desarrollado extraordinariamente su hipocampo, sede de la memoria espacial, tras años de memorizar el callejero de la ciudad.

IG = B + M

En la creación de la inteligencia generadora, el primer paso es hacer una reivindicación de la memoria. La memoria es la base de todo aprendizaje, gracias a la cual podemos aprovechar la experiencia propia y la ajena. Marina defiende que el fundamento de la inteligencia humana es la memoria, y que el talento se basa en la gestión óptima de la memoria.

“Por ignorancia se ha devaluado la memoria en favor de otras facultades, por ejemplo, la creatividad, como si ésta fuera una capacidad autónoma, que brotara por generación espontánea o como un don”

La creatividad surge a partir de nuevos modos de relacionar conceptos. Si nuestro cerebro no tiene una base datos previa, si no tenemos conocimientos almacenados, no será posible desarrollar el pensamiento creativo.

“Para tener buena imaginación,

hay que tener buena memoria”

Después de siglos de veneración del talento innato, ahora es el momento de reivindicar el entusiasmo por el aprendizaje, que es el que permite superar límites. Para alcanzar la excelencia en un campo hace falta entrenamiento. El talento reside en la memoria entrenada. Y a ese entrenamiento le podemos poner una cifra: las famosas 10.000 horas de práctica deliberada, que se cuantificaron a raíz de un experimento en la Academia de Música de Berlín, en el que demostraron que lo que separaba a los alumnos buenos de los extraordinarias eran las horas de práctica con el instrumento: los extraordinarios habían dedicado unas 10.000 horas de práctica deliberada al mismo.

El poder del entrenamiento es, pues, muy importante. Mediante el entrenamiento adquirimos hábitos eficientes. La pedagogía se enfrenta a la necesidad de fomentar la adquisición de hábitos.

Los hábitos amplían la inteligencia

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El desarrollo del talento infantil implica ayudar a configurar una inteligencia generadora activa, que asimile conceptos y a la vez sea capaz de utilizarlos productivamente. La inteligencia generadora entrenada es la que permite a los expertos reconocer patrones invisibles para los demás. Así es como, por ejemplo, los radiólogos expertos pueden ver en una placa de rayos X patrones que otros no ven.

Sin embargo, se pregunta Marina, ¿podemos hacerlo?

“Si supiéramos enseñar a desear lo deseable,

la educación no tendría ninguna dificultad”

José Antonio Marina

INTELIGENCIA EJECUTIVA

La inteligencia ejecutiva (IE) también se educa. La educación de la inteligencia ejecutiva es también parte de la educación del talento y, en este caso, quién debe dirigirla es el entrenador.

El esquema de funcionamiento de nuestro cerebro se basa en que está dirigido a una meta y controlado por un mecanismo de feedback. Entrenar la inteligencia ejecutiva es todo un reto, y según Marina, el primer paso es la inhibición.

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“Lo que define a la especie humana es su

capacidad de control”

Roy Baumeister

El primer acto ejecutivo de nuestro cerebro es la inhibición. La capacidad de inhibir el estímulo es eficaz porque nos permite deliberar sobre él y sobre las posibilidades alternativas. Sin esta capacidad de inhibición, la inteligencia ejecutiva no puede funcionar adecuadamente. A partir de este punto, conviene trabajar en las “virtudes de la acción”.

La educación puede actuar construyendo una inteligencia generadora rica y eficiente, y construyendo una inteligencia ejecutiva eficaz y con buenos criterios de evaluación.

IMPORTANCIA DEL CRITERIO

El análisis acaba en el talento de la sociedad.

“El talento de un grupo, una sociedad o una organización es su capacidad de elegir bien las metas y de movilizar todas las inteligencias individuales que lo componen para conseguir alcanzarlas, aumentando al mismo tiempo sus posibilidades personales”

Y termina reflexionando sobre la importancia de los criterios de evaluación. Cuando la inteligencia acierta en elegir unos criterios de evaluación, en unos valores adecuados, consigue desarrollar grandes proyectos. José Antonio Marina reivindica una vez más una teoría de la inteligencia que empiece en la neurología y que termine en la ética:

“Porque necesitamos desarrollar el talento de las sociedades,

que inevitablemente ha de ser un talento ético”

Marta Grañó
Investigadora y divulgadora en Educación e Iniciativa Emprendedora. Compagina la actividad docente en ESADE como colaboradora académica y tutora en asignaturas de Entrepreneurship con su trabajo de investigación de Doctorado sobre Educación e Iniciativa Emprendedora. Ello le permite investigar y adquirir conocimientos en estos ámbitos para colaborar con personas e instituciones a potenciar el espíritu emprendedor a través de cursos, conferencias, artículos y publicaciones Es licenciada en Administración y Dirección de Empresas y MBA por ESADE. Máster en Auditoría y Control de Gestión por la UdL. Máster en Gestión Ambiental por la Universidad de Barcelona. Doctoranda en Economía de la Educación. Convencida de la importancia de promover la iniciativa emprendedora… porque el futuro lo construimos hoy.