Para las generaciones anteriores, aquellas que vivieron la guerra civil y la dictadura, las opciones en la vida fueron muy limitadas, casi todo estaba por hacer. Muchos pueblos no tenían saneamiento, solo unas casetas, con dos tablas en el suelo y un hoyo, hacían de retretes; y, a la vez, de acopio de abono para la huerta próxima, no muy diferente a como debió ser en el lejano oeste.

Si eras hombre –empezando a trabajar imberbe–, quizás llegaras a tener algo quedándote algún pelo en la cabeza. Si eras mujer, lo tenías peor, no había mucho más que casarse con alguien discreto a la hora de ponerte los cuernos, limpito y trabajador –en muchos casos, con lo último bastó–. Si “hablabas” con un chico más de dos veces ya estabas marcada; y, a partir de entonces, si rompían, la dejaba por otra o él se iba, por ejemplo, a trabajar a Venezuela para no volver, te convertías en una especie de viuda, siendo posiblemente virgen.

INFOXICADOS-INED21

El primer plan para la igualdad de oportunidades sin distinción de género en España no surge hasta 1988, años después; y, aunque siguen quedando muchas secuelas, ellas y ellos pueden y deben determinar el tipo de hombres y mujeres que quieren ser y tener a su lado.

El problema de estas decisiones –ahora– es una cuestión de infoxicación: hay tanto donde elegir que a veces, como pasa en un restaurante ante una carta de 250 platos, no se sabe.