HUMANISMO EN UNA ÉPOCA-RED

HUMANISMO EN UNA ÉPOCA-RED

Hay palabras que tienen una resonancia que todos creemos entender. Una sospecha de su influencia histórica e, inevitablemente, de su interiorización cultural. La ambivalencia de la tradición es permanente: puede llegar a ser una casa llamada hogar en nuestra alma, o puede ser un incendio que devaste a sujetos y sociedades. Desde esa convicción desarrollaré qué puede significar humanismo en una época-red. Una pequeña hermenéutica llena de dudas y perplejidades: estamos empezando a comprender lo que significa esta nueva modernidad. El presente es un tiempo lleno de incertidumbre, pero es ese espacio donde nos encontramos continuamente. Para llegar a él, hay una historia que debe ser narrada. Una historia de filosofía, religión, literatura, arte, física, sociología, psicología, neurociencias y tecnología. Es lo que quisiera compartir, una odisea de nuestro espíritu.

El humanismo constituye ese comienzo griego que llamamos Occidente. Frente al monopolio de los imperativos de grupo, una conciencia individual se abre paso. Podríamos llamarla con Werner Jaeger: paideía. Esa formación integral que será el aprendizaje del ser humano: esa pregunta que es lo más importante en este mundo que nos ignora. Hay un silencio en lo que nos rodea, lo humanizamos con el logos, ese lenguaje y esa razón que conforman la condición humana. La educación no es una opción, es el camino que una civilización se daba para descubrirnos: humanismo. Cuando Sócrates es descrito como un pez torpedo, como un tábano, como esa interrogación que va alumbrando como una partera el alma confusa o perdida de sus semejantes, está indicándonos el aprendizaje dialógico. Dialogar es un riesgo, es salir de las supuestas certezas, quien dialoga pone su alma en peligro. No hay aprendizaje que no deba ser iniciado por el alumno, un maestro es el que sabe encender esa hoguera llamada conocer. Descubrir será un verbo educativo en Occidente.

El humanismo es un viaje histórico de Atenas a Jerusalén, como nos diría George Steiner. Allí nos espera un sujeto fascinante: Jesús de Nazaret. El imprescindible Karl Jaspers, nos da una clave que enmarca la originalidad humana y ética de Jesús de Nazaret: “El amor absolutamente desinteresado, el amor depurado de todo lo mundano es realidad del Reino de Dios. Tal amor es ilimitado e incondicional”. Ahí está una superación del judaísmo formativo de Jesús de Nazaret, sin negar el fundamento legal de su tiempo, lo supera desde dentro: ese amor que inunda nuestra interioridad, nos transforma. La paradoja de la conducta de Jesús de Nazaret: resulta chocante y, en el límite, escandalosa para su época. Siempre lo he sentido de esa forma: el amor cristiano es uno de las grandes impulsos del alma occidental. Quien ama, está más allá de las leyes. No hay ser humano que nos sea ajeno, quien no piense y sienta esta afirmación, no puede comprender la revolución moral que introduce Jesús de Nazaret. El amor no se negocia en una moral de recompensa: el amor se da, se ofrece. Ese amor destruye la ley del talión: amar es decir no a la venganza. Ese es el Jesús de Nazaret que me apasiona. Ojalá las estructuras posteriores hubieran comprendido este mensaje, no fue así.

El humanismo se empieza a escribir en la Modernidad como ensayo, como novela. Montaigne es un castillo lleno de curiosidad, un espíritu que nos llama sin certezas, pero con la esperanza de que conocerse es una tarea intransferible. Cervantes, ese genio del cruce literario. Un género es a la vez una declaración de lo que es el ser humano, y de lo que quisiéramos ser. La poesía épica tiene el rostro de Héctor y de Aquiles, un Homero que nos describe lo inevitable en esa trama divina y humana que es la Ilíada; la novela como género de los géneros, tiene todos los caminos de la literatura, ese maravilloso Don Quijote y su esforzado Sancho, nos demostrarán que idealismo y realismo son un diálogo que nunca acaba. Se entrecruzan finalmente: Sancho Panza se va quijotizando ante nuestros ojos, y Don Quijote morirá como Alonso Quijano. También Montaigne nos dice que hay una escritura indagando en cada uno, ese humanismo que lleva nuestro nombre. Oliver Sacks nos dirá posteriormente: el sujeto cuenta su biografía como un relato, la psicología como narración continua que se retroalimenta. No es casual que el ensayo y la novela sean géneros abiertos, hay una libertad que debe ser conquistada. Nace el sujeto moderno: no hay vida más interesante que esa observación de cada uno. Pero no hay egocentrismo, ni lejanía en ese descubrimiento. Montaigne y Cervantes: el yo se escribe en plural.

El humanismo es un nombre para decir Ilustración. Para ser capaz de pensar por uno mismo, como nos incita Kant; para que la historia no sea un cadáver sin ningún sentido, hay un progreso posible que nuestra libertad puede protagonizar. No comprendemos la Revolución Francesa, si no entendemos la ruptura de una estructura social donde se va disolviendo las ataduras y los privilegios que dan los estamentos, herencias que perpetúan aquello que la filosofía ilustrada criticará como algo que no puede justificarse. Kant es una llegada y un comienzo, toda libertad lo es en nuestra pensamiento y acción. La educación es un camino lleno de obstáculos, la autonomía nunca es fácil, nunca es automática. Voluntad y conocimiento se conjugan en ella. Un alumno que conquista un juicio propio, es una obra de arte individual y social. Obra de arte como creación ética y de conocimiento. No hay libertad donde no hay autonomía. Hay épocas donde condenan esa posibilidad.

Hay humanismo cuando nos reconocemos en su paradoja, en su falta. Ese humanismo no se puede escribir desde la física clásica newtoniana, Einstein nos explicará que no hay espacio y tiempo absolutos. Los sensorios de Dios como los describía el genio newtoniano, no son posibles. El espacio y el tiempo son relativos al estado de movimiento del observador. Hay un límite, una constante en ese universo que se aleja de nuestro sentido común: la velocidad de la luz. Pero será la mecánica cuántica quien romperá un último espejismo explicativo: el determinismo. Heisenberg y su principio de la incertidumbre. Un anónimo caminante en Praga, nos escribirá las páginas más inquietantes de ese breve o corto siglo XX en la denominación de Eric Hobsbawm. Kafka como todos los grandes clásicos, no es un escritor. Repetiré algo que intuimos al leerlo: es una literatura. Absurda e inevitable, que cumple un proceso sin saber de qué nos acusa, o que debe llegar a un castillo imposible. Que se despierta en una metamorfosis. Se llama poder, o se llama lo indecible: elijan su interpretación. Pero Kafka es un grito que nos pintó Edward Munch, es el hombre del subsuelo que nos anunciaba Dostoievski, es el poder de lo que desconocemos que describirá el inconsciente en Freud, es una advertencia histórica de lo terrorífico socialmente: ese nazismo y ese estalinismo que Hanna Arendt nos analizó como totalitarismo. Holocausto es el nombre del mal, un mal banal quizás, pero siempre lo leeré en la tríada de Primo Levi: hay testimonios que son una noche emocionada. Acaba lo que creímos imposible y llega lo que nunca acaba. Ese crepúsculo nos lo pintó Pollock como una ira abstracta, o como cuerpos destruidos y despedazados en Francis Bacon. Esa violencia plástica la asocio a una necesidad, esa  ruptura de lo que somos. En esos crepúsculos que son las postguerras, un francés argelino que se llama Albert Camus, un hijo de una madre sorda y pobre, una madre analfabeta que contiene toda la moral de este mundo extraño, nos dirá qué es el hombre rebelde, qué es la peste, o por qué siempre seremos extranjeros de nosotros mismos y de lo que nos rodea. Meursault camina en una playa llamada desolación, y hay un sol que nos acompaña. Albert Camus es alguien que nos lleva a un humanismo cercano: el fin no justifica los medios. No hay humanidad, hay seres humanos. Lo leo y lo releo como alguien que me recuerda lo esencial en esta crisis de fundamentos que nos asola.

Habitantes de la época-red, habitantes de la sociedad del aprendizaje, habitantes de la sociedad del conocimiento: navegamos una red de redes que se entrelaza y se expande en una nueva ontología. Mundo de información ubicua e interactiva. Mundo riesgo nos dice Ulrich Beck, mundo líquido nos avisa Bauman, mundo-red en la descripción de Castells, vivimos en las ciudades globales de Saskia Sassen, se desmorona nuestra biografía sólida en esa escritura fascinante de Richard Sennett: la corrosión del carácter de un capitalismo fluido y cambiante, la destrucción de toda linealidad posible. No puedo evitarlo: ¿qué significa humanismo hoy? ¿qué puede decir esa palabra que ha viajado por nuestra historia en esta época hiperconectada? Hay algo que se insinúa, una ampliación y profundización de lo que somos y podemos llegar a ser. Si la psicología de Robert J. Sternberg o un Howard Gardner tienen algo en común, es lo siguiente: un ser humano es un ser plural cognitiva y emocionalmente. Seligman, Mihály Csíkszentmihályi, Salovey y Mayer, D.Goleman, si la corriente de la psicología positiva y de la inteligencia emocional podemos verlas en perspectiva, nos dicen que somos seres complejos, estamos  descifrando que las emociones son nuestro lenguaje cognitivo. Crear no es romanticismo, es un bucle complejo que se puede comprender. Vivimos en la llegada imparable de las neurociencias, el cerebro no es una hipótesis, es una realidad que podemos ver en directo con las nuevas técnicas de visualización del cerebro. Antonio Damasio nos ha enfrentado a una verdad que debe traducirse educativamente, la razón está actuando sobre una emoción previa.

Este oficio que un maestro o un profesor encarna, se enfrenta al cambio más importante de la historia. Un cambio que nos abruma y nos fascina. Nuevos ecosistemas de la información, nuevos espacios de interacciones. La complejidad ha llegado como una dinámica invisible. Edgar Morin ha reflexionado este nuevo paradigma. Hay muchas globalizaciones en ese reduccionismo llamado globalización. Hay otros cambios que anteceden esta brecha educativa: de la oralidad a la escritura, o esa creación de la ciudadanía que se llama  imprenta. Gutenberg es un creador de democracia, lo sabremos después. Interioridad, lectura individual y ciudadanía: toda tecnología produce consecuencias insospechadas. O esa sociedad industrial que alumbra la escuela moderna: el taylorismo educativo. Pero el nuestro es el más complejo, integra y transforma todas las capas culturales y tecnológicas anteriores en un nueva dimensión: mundo-red. Algo significa humanismo, pero necesito dialogar con todos vosotros para saberlo. Por eso escribo, no hay lenguaje solitario. Ninguna tecnología lo hará, aunque lo hagamos a través de ella.

  • pepa

    Humanismo, sentirte parte de una cadena. El eslabón que eres esta formado por las mil huellas que te anteceden.Ese eslabón tiene la responsabilidad no solo de transmitir esas huellas sino de aportar su granito de arena de pasión para que la llama se mantenga siempre viva. El yo siempre se escribe en plural.
    Gracias por la reflexión.

  • Julián Cortés

    Considero que este aporte, es un antecedente
    actual en lo que se ha convertido el humanismo dentro de una ebullición de sucesos
    históricos, literarios, políticos y tecnológicos. Como reflexión general, se
    puede llegar a considerar que después de periodos grises resaltados por
    iluminaciones y oscuridades en la historia, transversalmente el ser humano se
    sigue esforzando en la búsqueda de su razón de ser, a través del arte y la
    ciencia: dos actores que en el renacimiento estuvieron en constante interacción
    y diálogo pero que debido a la revolución científica emprendida por Giordano
    Bruno y consolidada por Galilelo Galilei, la búsqueda de la verdad a través del
    método científico por un lado y la estética por el otro, es sinónimo de dos
    caminos rectores hacia diferentes horizontes.; una discusión sobre la que
    reflexionó Charles Snow a principios de los sesenta.

    Adicionalmente, el concepto de red a lo largo
    del texto se percibe como la articulación histórica y la construcción del
    conocimiento por parte de personas que transcribieron con sus logros la obra
    del ser humano sobre el planeta, a mi parecer, una suerte de explicación de
    cómo el conocimiento se construye gracias a ver hacia lo desconocido pero
    siempre en hombros de gigantes, parafraseando a Bernardo de Chartres.

    En este sentido, la construcción del discurso
    resulta lineal, lo que no corresponde a la comprensión del mundo complejo que
    se suscita en el primer párrafo. Hubiese ayudado mucho abordar las perspectivas
    de Michell Callon para comprender la red de las interacciones sociales como
    sistemas tecno-económicos o los importantes avances que han erigido
    Albert-László Barabási, Duncan J. Watts y Steven H. Strogatz sobre la nueva
    teoría de redes. Ambos diálogos, el primero desde los estudios de tecnología y
    sociedad y los segundos desde la matemática, la biología, la economía, la
    educación, el arte, etc., hubiesen provisto un andamiaje más robusto si de lo
    que se habla es de redes en el
    sentido tanto específico como amplio de la palabra.

    Con todo lo anterior, la construcción sobre
    la comprensión de la humanidad y sus interacciones desde el paradigma de las redes, es un tema vertical y apasionante
    para todas las disciplinar.

    Gracias por su aporte y por este espacio de
    reflexión.

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