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GESTIÓN DE CENTROS

Personas, Emociones, Sentimientos…

(¡Aquí van 10 “mandamientos”!)

Cuando estudiamos y nos entusiasmamos con una materia, tendemos a mirar todo lo que nos rodea con las “gafas” de aquella materia (recuerdo que cuando hice el curso de socorrista siempre que entraba en un recinto me preguntaba dónde estaban las salidas de emergencia y repasaba lo que debería hacer si a alguien le daba un ataque de-lo-que-fuera). Pues en una ocasión, llevando las “gafas” de filólogo, y en tanto que educador en la escuela y en el tiempo libre, busqué las definiciones de “tutor” y de “monitor”. “Tutor” incluía la acepción agronómica de elemento recto para acompañar el correcto crecimiento de la planta (que no está mal, como tutor puedes sentirte identificado) pero “monitor” era “el que censura o amonesta”.

¡Como para volverse a poner las “gafas”!

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Aún así, cuando se habla de Gestión de Centros, no puedo evitar volverme a calar mis gafas filológico-educativas y me pregunto: ¿Es lo mismo ser Gestor que Gerente? ¿Director que Dirigente? ¿Pueden ser Líderes todos ellos? ¿..? Al final del artículo explicaré lo que “he visto” con mis “gafas” —semánticamente hablando—, pero ahora creo que cuando estás en uno de esos cargos, sea cuál sea, lo que te interesa es que te echen una mano, que te guíen para no perderte y ser un buen guía tú mismo. Así que, a partir de mi experiencia y de los buenos gestores con los que he tenido la suerte de trabajar, me atrevo a ofrecer un decálogo —que siempre es muy socorrido— con diez propuestas, diez ayudas que a mí me habría gustado que me ofrecieran cuando me ha tocado ser GeGeDiDiL (GestorGerenteDirectorDirigenteLíder). Aquí van:

1

Sé puntual, no hagas esperar

Un buen gestor llega a la hora establecida a lo que sea: reuniones, entrevistas… Tanto si va a un sitio como si recibe en el centro, es puntual. Y no se excusa poniendo cara de agobio y diciendo “es que estoy hasta arriba de trabajo”, como si el tiempo o la faena de los demás no fuera tan importante. Sé puntual, y descubrirás todas las cosas buenas que llegan a tiempo!

2

Llega el primero, vete el último

Bueno, no hace falta que sea literalmente (sobre todo si en el centro el horario va de las ocho de la mañana a las diez de la noche), pero un buen gestor es modelo de trabajo: los que trabajan con él —y los que están a su cargo— saben que es fiable, que pueden confiar en él y contar con él, porque está ahí. Llega el primero, y además disfrutarás de la tranquilidad de  momentos de paz!

3

Ensúciate, mójate… implícate

Un buen gestor realiza tareas que le son propias… y echa una mano -y las dos- en cualquier tarea “impropia”: cuando es necesario arrima el hombro, carga, descarga, reparte, fotocopia… porque así demuestra que no hay trabajo pequeño, y conoce de primera mano distintas tareas del centro, y demuestra que su implicación es real y total, ya sea con tejanos, camiseta, corbata o traje chaqueta. Implícate, y te sentirás formando parte del equipo.

4

Acoge y escucha, estés donde estés

Las personas a tu cargo (o que-trabajan-en-el-centro-que-gestionas, como prefieras) en algún momento tendrán necesidad -a veces incluso urgencia- de hablar contigo. Lo ideal es que puedas dedicarles un tiempo previsto de antemano, en la tranquilidad de tu despacho… pero eso no siempre es posible. A veces, lo de “la puerta de mi despacho siempre estará abierta” no es suficiente. Todo el centro es tu despacho, así que si te necesitan, sé inmediato: escucha con toda tu atención, sin meter prisas (“sólo puedo dedicarte cinco minutos”) ni adelantarte a dar soluciones (“mira, esto se arregla…”). Acoge y escucha, y gozarás de la confianza de tu equipo.

5

Cuida los detalles, conoce a las personas

A veces he disfrutado de la experiencia de que me enseñara un centro una gestora que se notaba que conocía a su gente: mientras paseábamos se interesaba por el trabajo de uno, la salud de otro, un familiar del de más allá… situaciones personales que trataba con discreción pero cuyo recuerdo demostraba al receptor que había sido escuchado con atención en otro momento. Un buen gestor envía notas, mensajes, recuerda aniversarios, preferencias… y ¡todos se contagian del deseo de cuidarse mutuamente! Ten detalles y elevarás el nivel humano de tu centro.

6

Evita las discusiones absurdas, afronta los conflictos

Un buen gestor inspira respeto; un mal gestor, temor. Y muchas veces el temor lo genera un mal gestor que se “encasquilla” en discusiones absurdas sobre pequeñeces, trabas burocráticas, generalizaciones injustas y ofensivas… Ese mal gestor obtiene la triste compensación de acabar rodeado de aduladores, pero contribuye a la degradación de su centro. Un buen gestor sabe cuándo hay que callar y cuándo hay que hablar directamente y en privado con alguien. Afronta los conflictos y tendrás auténtica autoridad.

7

Absorbe los errores, centrifuga las alabanzas

Los mejores gestores cuentan con un magnífico equipo a su alrededor, personas que aprenden y crecen a su lado, y a las que el buen gestor proporciona oportunidades de mejorar y desarrollar sus talentos. Hay que cuidar a ese equipo, así que si ha habido errores, asúmelos como líder y responsable, sin excusarte en la falta de competencia de nadie (ya afrontarás el conflicto en privado con quién sea). Y si hay alabanzas, asegúrate de que llegan a todos, y muéstrate orgulloso de los logros de cada uno. Elogia a tu equipo por sus logros, y conseguirás lo mejor de todos y cada uno de ellos.

8

Ten perspectiva y permite que la compartan

Esto no se acepta con facilidad, pero en todo centro debe haber una (metafórica) “atalaya”, y desde allí el equipo directivo puede mirar alrededor en el espacio y el tiempo. El buen gestor no aturulla a su gente —que está en las “trincheras”— pidiéndoles análisis y planificación, pero sí permite que compartan la perspectiva de la “atalaya” dándoles responsabilidades ajustadas a sus capacidades —y recursos para ejercerlas—, y manteniendo siempre abierta la comunicación. Ten perspectiva, déjate aconsejar, y podrás guiar con criterio.

9

Acepta las críticas… pero no dejes que te hundan

Puedes ser un buen gestor, el mejor gestor, incluso el gestor perfecto… aún así recibirás críticas. Algunas muy duras, y a menudo muy injustas, ya sea porque no las esperes o no creas merecerlas. Los que dicen “en toda crítica hay una oportunidad”… no han recibido muchas críticas en su vida. Admitámoslo: las críticas hacen daño y no le gustan a nadie. Pero es cierto que puedes extraer de ellas lo que te permita mejorar (tras calibrar de dónde vienen y por qué!) y después dejarlas atrás. Acepta las críticas con entereza —y sentido del humor— y te harán más maduro… ¡y no “más duro”.

10

Cree en el proyecto, defiéndelo y lucha por él

Cuando vimos en familia la versión cinematográfica de “El Príncipe de Persia” —que no era un prodigio de guión— nos divirtió la reiteración de la frase “protect the daga” en muchos momentos de la película. Se ha convertido en un lema familiar cuando hacemos referencia a algo que hay que proteger —¡o cuando vemos otra película con un guión tan flojo!—. El buen gestor conoce el proyecto del centro que gestiona, y cree en él, y en sus posibilidades, y perspectivas de futuro. Defiende el proyecto de tu centro. Sé un gestor-radar, que tiene siempre claro el punto de referencia final, y nunca un gestor-veleta, que cambia de objetivos por ignorancia o comodidad. “Protect the Project”, deja que tu fe en el proyecto te fortalezca… y verás como no estarás solo en la lucha.

Hasta aquí estos 10 “mandamientos” que —soy consciente de ello— no son como para ser grabados en piedra… ¡aunque quizá sí merezcan ser plastificados!

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Y para acabar, como prometía al principio del artículo, mi “visión” filológica. “Gestión” viene de “gerere” (‘llevar a cabo, administrar’), un verbo que tiene un frecuentativo, “gestare” (‘llevar en la matriz’). Pues bien, un gestor debe “gestionar”, pero debería ser también capaz de “gestar”, debería ser capaz de contribuir al nacimiento y a la vida de su centro, y al desarrollo del proyecto y de las personas. Llevándolo al extremo, digámoslo así: en un hospital, el gestor debería parecerse más a la comadrona… ¡que al cajero automático del párquing!