Formación de la Ciudadanía,

Desafíos educativos y políticos

Superar la idea de adición de nacionalidades de los Estados miembros para pasar a construir una ciudadanía política, plural, integradora y participativa es una de las grandes tareas pendientes de la ciudadanía europea.

Una vez asumido y reconocido dicho reto, nos hallamos ante la necesidad de actuar, cambiar y, en definitiva, educar, hasta la consecución de nuestro propósito, haciendo frente a esta problemática más allá del establecimiento de una relación democrática entre los ciudadanos (también los más pequeños) y el Estado. Este hecho requiere la consolidación de relaciones participativas entre los diferentes agentes implicados, atendiendo, en primera instancia, al desarrollo de políticas educativas que lo respalden.

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Ante el objetivo de impulsar el desarrollo local y la democracia participativa desde edades tempranas, podemos defender la formación del alumnado a partir del ensalzamiento de lo global y la atención de lo personal, preparando a los escolares para la vida en sociedad; contribuyendo a la adquisición de destrezas que permitan alcanzar el desarrollo y bienestar de la misma, lo cual queda reflejado en el siguiente fragmento del ensayo “Creer en la Educación”, de Victoria Camps.

“[…] La educación ha perdido el norte, ha caído en la indefinición y ha olvidado su objetivo fundamental: la formación de la personalidad. Una formación que corresponde, sobre todo, a la familia, pero también a la escuela, a los medios de comunicación, al espacio público en todas sus manifestaciones. Urge, por tanto, volver a valores como el respeto, la convivencia, el esfuerzo, la equidad o la utilización razonable de la libertad […]”.

FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD

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En esta línea, la recomendación del Parlamento Europeo sobre las competencias clave para la educación y la formación a lo largo de la vida1, centra su atención en el desarrollo de competencias cívicas, subrayando la importancia de ser poseídas por todos los ciudadanos.

Por ello, ante la elaboración de los programas de estudios, encontramos la influencia de las políticas educativas, pudiendo diferenciar la presencia de la educación para la ciudadanía según tres enfoques diferentes.

1

Educación para la ciudadanía como asignatura independiente, basándose en la oferta de una asignatura obligatoria independiente centrada en aspectos de educación para la ciudadanía.

2

Integración de la Educación para la ciudadanía en áreas curriculares más amplias.

3

Educación para la ciudadanía como dimensión transversal del currículo. Dicho enfoque se caracteriza por coexistir con uno o los dos enfoques señalados anteriormente.

La concreción de España en el marco europeo, quedaría marcada, en el año 2006, como “competencias sociales y ciudadana”, para ser adquiridas a partir de las diferentes áreas de la educación obligatoria, viéndose este carácter modificado con la entrada en vigor de la LOMCE.

IMPLICACIÓN DEL ALUMNADO

Independientemente del enfoque propuesto, y con intención de subsanar las deficiencias que pudieran ser encontradas en la legislación vigente, a lo que verdaderamente debemos atender es a la integración de planes y proyectos que promuevan la implicación del alumnado. Un ejemplo de ello es el gobierno de los centros educativos, permitiendo la representación en la gestión del mismo. Con la intención de integrar estas prácticas en la rutina diaria, se proponen tres mecanismos:

La elección de delegados de grupo y la posterior formación de un consejo de clase.

La elección de un consejo de alumnos.

La representación del alumnado en los órganos de gobierno del centro.

Focalizando la atención en la normativa y recomendaciones oficiales, en alusión al primer mecanismo, hallamos que el este aumenta a medida que lo hace el nivel educativo y, por ende, la edad del alumnado. Tras esta afirmación, se evidencia, en términos generales, la existencia de más mecanismos de participación en la Educación Secundaria Superior que en la Inferior, y menos en la Educación Primaria.

ESPIRAL

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Dicha certeza se respalda en la lógica que guarda el currículum en espiral, donde los contenidos son tratados gradualmente, retomando temas anteriores para su progresiva profundización. No obstante, considero que, en ocasiones, subestimamos la capacidad de los más pequeños, planteando tareas que son superadas sin apenas esfuerzo.

Por ello, aunque respetando este proceso de profundización constructiva, abogo por el establecimiento de verdaderos retos pedagógicos donde, a través de tareas cotidianas, se opte por la promoción de prácticas democráticas reales dentro de los entornos escolares.

Por consiguiente, integrando este tipo de prácticas, favorecemos el desarrollo de la lógica secuencia del proceso de enseñanza-aprendizaje, pues no podemos desligar lo que se aprende del cómo; promoviendo la reproducción de estos esquemas para hacer frete a los desafíos de una sociedad cambiante.

Recurriendo a acciones concretas que puedan servir como motor de cambio, cabe mencionar numerosos proyectos y publicaciones relativas al ámbito educativo en el marco europeo que, entre sus objetivos también destacan los de conectar a alumnos de diferente nacionalidad, fomentando el diálogo y el intercambio cultural.

Algunos de ellos integran otros aspectos transversales, como la propuesta “European Christmas Tree Decoration Exchange 2015”, un proyecto  de intercambio de decoración y tradiciones navideñas con niños de más de 30 regiones europeas; la celebración del día de las lenguas o la cooperación entre escuelas geográficamente dispersas.

La escuela es, sin duda alguna, uno de los mayores mecanismos de reproducción social y, a su vez, el mayor instrumento de liberación y concienciación. Por ende, en conocimiento de su papel transformador, debemos ser capaces de exprimir estas posibilidades, aunar saberes y formar individuos plenos capaces de hacer frente a los desafíos que presentan la convivencia y su organización.