“Los cierres generan procesos emocionales. La revisión de estos procesos es también un aprendizaje para los innumerables cierres que habrá en la vida”.

López y Valls (2013, p.175)

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Mes de junio. Nos encontramos en la recta final de curso. Época de evaluaciones, notas, memorias y celebraciones. Una época que permite reflexionar sobre todo lo realizado a lo largo del curso. Una oportunidad que, como docentes, no podemos dejar escapar para evaluar nuestra tarea, identificar aspectos a mejorar, recursos a modificar, nuevos retos, proyectos, etc. Es un momento muy especial para echar la vista atrás, valorar todo lo acontecido y… APRENDER.  ¿Lo aprovechamos?…

Podemos valorar nuestra tarea docente de distintas formas y en diferentes momentos del curso. Por ejemplo, mediante la autoevaluación podemos  mejorar la conciencia, comprensión y el conocimiento de nosotros mismos, y a su vez, aumentar la autoestima y la capacidad de aprendizaje (Johnson y Johnson, 2014). Por otro lado, recoger información constructiva de nuestro alumnado y compañer@s sobre lo que hacemos es una excelente manera de mejorar la tarea docente. Preguntar al alumnado sobre cómo enseñamos, si hablamos demasiado, si resulta interesante lo que proponemos, identificar lo que más y lo que menos le gusta, nos facilita retroalimentación sobre nuestra práctica (Prensky, 2011).

En este post quisiera poner el acento en la valoración que podemos recoger al final de curso de nuestros inseparables compañer@s de viaje sin los cuales nuestra acción educativa resultaría imposible. Me refiero a la valoración que “debe” realizar el alumnado sobre nuestra tarea docente.

A pesar de vivir en una época de cambio y de transformación educativa, es posible que todavía haya quien piense que recoger la opinión del alumnado sobre nuestra práctica docente no es fiable ni recomendable. Atender a las impresiones y valoraciones de nuestros “socios” como les denomina Prensky (2011) es una forma de descubrir la forma en que enseñamos, la utilidad e interés de las situaciones de aprendizajes que diseñamos, y una oportunidad más, para mejorar nuestra tarea y avanzar hacia el cambio educativo. Además, Prensky (2011) señala que no hay que esperar al final de curso para “tomar la temperatura” a nuestra aula sino que debemos hacerlo en cualquier momento del curso para poder reaccionar, cambiar y mejorar los aspectos que no funcionan. De hecho, el mismo autor propone un sencillo ejemplo para recoger la opinión del alumnado durante la sesión mediante el uso de las tarjetas de color verde y rojo. Personalmente, lo he probado en clase y es una forma rápida, fácil, económica y útil de recoger el feedback inmediato del alumnado sobre la sesión.

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López y Valls (2013) muestran que tanto los inicios como los cierres de curso son momentos únicos y singulares que merecen una especial atención. De este modo, los cierres se convierten en una puerta hacia el aprendizaje y la mejora docente. Siguiendo con López y Valls (p.174, 2013) los finales o cierres de curso permiten:

Identificar los aprendizajes realizados por las personas.

Recoger el feedback para mejorar nuestra tarea docente.

Autoevaluar los aprendizajes tanto a nivel de conocimientos como a nivel relacional y emocional.

Conectar a la persona que aprende con nuevos retos y proyectos futuros relacionados con lo aprendido a fin de dar sentido al aprendizaje realizado.

Leo en un excelente post de Fernando Trujillo (@ftsaez) publicado en EvaluAcción, la necesidad de realizar evaluaciones formativas sobre la tarea docente. El autor, tomando de referencia a Popham, señala 4 dimensiones a las que debemos prestar atención si queremos valorar nuestra tarea docente:

Aspectos pedagógicos relacionados con la propuesta didáctica docente.

Estrategias de aprendizaje del alumnado.

El clima de aula.

Ajustes en el centro educativo para que se convierta en una entorno de aprendizaje eficaz.

Por su parte López y Valls (2013, p.174) plantean 4 preguntas emocionales sobre el aprendizaje para realizar en los cierres a fin de obtener un feedback sobre el trabajo realizado. Dichas preguntas se relacionan con los intereses del alumnado, su nivel de participación en clase, la utilidad de los aprendizajes en su vida real, su habilidad y competencia, sus sentimientos respecto a lo aprendido así como la relación con los compañeros de clase y con el profesor.

De este modo, y siguiendo con los autores citados, propongo 11 preguntas abiertas divididas en 4 ámbitos, para compartir con nuestro alumnado en el cierre del curso.

1

Emociones

¿Cómo te has sentido en clase?

¿Cómo ha sido tu relación con los compañer@s de clase?

¿Cómo ha sido tu relación con el profesor/a?

2

Aprendizajes realizados

¿Qué es lo más interesante que has aprendido?

¿Cómo lo has aprendido?

¿Has aplicado en tu vida real algún aprendizaje realizado a lo largo del curso? Si la respuesta es que sí explica cuál y en qué situación.

3

Tarea docente

¿Qué es lo que más valoras de tu profesor/a?

¿Qué aspectos crees que debería mejorar?

4

Propuestas de mejora generales

¿Qué aspectos crees que podrían mejorarse?

¿Qué propuestas de mejora sugieres?

Aquello que has encontrado a faltar durante el curso ha sido…

Finalmente, y siguiendo el consejo que en su día me regaló el Dr. y profesor Carles González (@xals66), aprovecho para cerrar este post con una frase a completar que a modo de feedback suelo pasar al alumnado y que invito a continuar a todos los docentes que estén leyendo el post:

Por favor continua la frase: “Este curso ha sido como un/una… porqué…”


Referencias

  • López, C. y Valls, C. (2013). Coaching educativo. Las emociones al servicio del aprendizaje. Ediciones SM.
  • Johnson, D. y Johnson, R. (2014). La evaluación en el aprendizaje cooperativo. Ediciones SM,
  • Prensky, M. (2011). Enseñar a nativos digitales. Ediciones SM.
  • Simari, G. y Torneiro, M. Autoevaluación docente. Un momento para reflexionar sobre nuestra práctica. Educar. Portal educativo del estado argentino.