La primera parte del título lo tomo de un libro del filósofo y pedagogo americano Matthew Lipman, Filosofía en la escuela (Ediciones De la Torre, 2014). Ha creado una cierta escuela que ha llegado a nuestro país. También rema en la misma barca el francés Oscar Brenifier, que defiende la práctica del diálogo crítico en clase. Lo explica mejor que yo Rafael Robles en su blog.

En la televisión catalana (TV3) está arrasando una serie dirigida principalmente a adolescentes y protagonizada por adolescentes lamada Merlí, ‘Merlín’. Un profesor de filosofía de bachillerato que llega algo rebotado a un instituto y lo revoluciona, un poco al estilo de El club de los poetas muertos. Curiosamente, este último año las inscripciones para estudiar la carrera de Filosofía han aumentado asombrosamente. ¿Esnobismo? ¿Necesidad sentida

Las cosas se retroalimentan,

nada es casual

TRABAJAR POR ELLO

De un tiempo a esta parte han aparecido en España grupos de profesores que se han dado cuenta de que no basta con suspirar porque nuestros alumnos desarrollen pensamiento crítico y creativo, hay que trabajar por ello.

Yo añadiría que la práctica escolar tradicional iba precisamente contra ello. Se premiaba la pasividad y la obediencia intelectual. Sólo Dios sabe en cuantas aulas se sigue haciendo.

Veo la página del Centro de Filosofía para Niños que ha tejido una red en seis comunidades y siento algo de alivio. Parece que se inspiran en Matthew Lipman que hizo unos libros-novela para trabajar las implicaciones filosóficas de diferentes situaciones con niños y jóvenes de diferentes edades y que se toma muy en serio la preparación filosófica de todos los profesores. Leyendo sus libros, tengo, sin embargo, algunos reparos.

CAMINAR Y CORRER

Yo creo que la filosofía no es materia sólo para especialistas, que por supuesto siempre representarán la última frontera del pensamiento. Lipman parece pensar que debe haber unos tiempos a lo largo de la escolaridad para entrenar específicamente un pensamiento coherente y consistente en los niños y los jóvenes.

Yo pienso, más bien, que, lejos de crear un horario específico, todos los profesores deberían ser entrenados en el tratamiento crítico y creativo de sus materias, animados a ver todas las perspectivas desde las que puedan verse y acostumbrarse a estimular ese pensamiento en sus alumnos.

Antiguamente, se pintaba a los tiranosaurios andando erquidos como bípedos perfectos y arrastrando una cola que no parecía servir para mucho. Alguien hubo de verlo diferente para darse cuenta de que esa postura era estructural y arquitectónicamente ineficiente para caminar y correr. Desde entonces lo pudimos conocer mejor. La simple enumeración y memorización de partes de cosas deja las puertas abiertas al prejuicio. Y es lo que la escuela venía haciendo.

Pongo este ejemplo para incidir en que la filosofía, es decir, la capacidad de examinar las cosas desde todos los ángulos y en movimiento, percibiendo las contradicciones, es la base de la educación en todos los campos, hágase la escolaridad por materias o por proyectos. Por eso, todos los maestros deberían ser convenientemente agitados y recompuestos en su formación inicial para ser capaces de agitar y recomponer después a sus alumnos. Y acostumbrarlos a que:

No se puede entender una flor

sin entender todo el universo

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Licenciado en Prehistoria e Historia Antigua. Profesor de EGB y Primária entre 1980 y 2000. Redactor de textos escolares y enciclopedias juveniles para la editorial TEXT/LA GALERA. Autor de novela juvenil. Postgrado de Edición en la UOC. Autor del proyecto Biblioteques d'Investigació Jove y del blog LLIBRE DE TEXT: L'ANCIEN RÉGIME. Miembro de la Societat Catalana de Pedagogia y del grupo "Narració i pedagogia". Actualmente retirado.