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FAMILIAS EN EL PARQUE DIGITAL

Propuestas para un modelo de convivencia en el escenario multipantallas

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ESPACIOS

En la era de Internet, vuelve la entrañable Familia Telerín a la televisión. Era la serie que en la década de los 70 y 80 animaba cada noche a los niños a ir la cama “para descansar”. 50 años después de su estreno, vuelve con la serie “Cleo y Cuquín”; eso sí,  con una imagen renovada y un séquito de complementos: videoclips musicales, una aplicación que ayudará a los padres a acostar a sus hijos, libros y otros desarrollos para plataformas digitales y redes sociales. Comenta Víctor M. López, CEO de Ánima Kitchent: “estamos seguros de que muchos padres disfrutarán con sus hijos viendo las aventuras de Cleo, Cuquín y sus hermanos, porque es una forma de unir nuestra infancia con la de nuestros hijos.” ¿Ingenuo, utópico, irónico?

No crean que sólo ha llegado la Familia Telerín, también lo hacen las primeras comuniones, y un regalo: el móvil. Tres de cada diez chicos de 10 años poseen un móvil. A los 12 años disponen de esta herramienta el 69% de los chavales. Y a los 14, el 83%. Son datos  recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). No preguntamos si a esa edad están preparados para utilizarlo,  preguntamos  ¿qué consecuencias y efectos (cognitivos, sociales y emocionales) provoca cambiar muchos tiempos y espacios presenciales, sensoriales, por otros virtuales?

¿Recuerdan cuando en las casas existía un televisor y la familia se agrupaba alrededor de la tele, del mismo modo que lo hacía unas décadas antes alrededor de una mesa, y antes alrededor del fuego? La pregunta ni es retórica, ni pretende ser nostágica.

Los hogares han cambiado su fisonomía, del cuarto de ver hemos pasado a múltiples rincones, en los que existen diferentes dispositivos con pantallas que nos permiten ocupar nuestro ocio con un amplio menú de opciones y con un grado notable de individualidad. Unos dicen que los menores están aislados consigo mismos y con la pantalla, pero la cosa no es tan simple.

@nereatts

VALORES

¿Dónde miran los padres y madres mientras sus hijos miran las pantallas? ¿Dónde mira la escuela mientras sus alumnos viven en su ocio digital? ¿Mientras los alumnos y la ciudadanía son incompetentes digitales?

Familia y escuela son, tradicionalmente, las dos instituciones educativas referentes, pero hace tiempo que han sido desplazadas por el entorno digital. ¿Es posible integrar este entorno en un nuevo modelo educativo, conversacional y convivencial?

Los padres y madres se quejan, y con motivo, de que mientras ellos educan en unos valores, las pantallas lo hacen en otros; pero de un modo divertido, ameno y excitante. Las pantallas en general, y la televisión en particular, construyen un imaginario colectivo que pivota en una serie de principios que modelan diferentes espacios de formación e influencia.

¿Valores? Sí, lo comentamos en La familia como epicentro del consumo multipantallas. Una galería formada por el totalitarismo estético, en el que el culto al cuerpo y la eterna juventud son poderosos indicadores que enfatizan la belleza y ocultan y desplazan la vejez, el dolor, la muerte o la enfermedad. En la que se construye un escaparate social, en el que la vejez, enfermedad y muerte, no ocupan lugar. Son invisibles.

Un sexismo que degrada la sexualidad y frivoliza la imagen de la mujer, así como las relaciones sexuales. La exaltación de la violencia como reclamo y excusa, con un tratamiento humorístico o gratuito, que permite y disculpa el odio o la venganza. La representación estereotipada de situaciones y personajes que simplifican y banalizan la compleja realidad.

El desprecio del esfuerzo y el sacrificio, de la honestidad en el trabajo, y la aceptación de la cultura del pelotazo. Son algunos ejemplos que, sin ánimo de ser exhaustivos, ilustran las repetidas representaciones que pueblan la programación televisiva,  publicidad, muchos videojuegos y numerosas páginas y sitios de Internet.

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¿Hablamos de dieta? Hace tres años organizamos unas jornadas en la universidad de Zaragoza,  en la que reunimos a  más de 30 ponentes  expertos del campo de la educación, psicopedagía, nutrición y comunicación para redactar una publicación que converge en un potente concepto: dieta digital.  Comer, dormir o pensar con los cientos de amigos de FB y los miles de seguidores de twitter es molesto y bastante incómodo. ¿Qué tal una dieta digital?

Vejez, enfermedad y muerte son

invisibles

DIETA

Con receta:

Evitar el alarmismo en el tratamiento informativo sobre los menores y las nuevas tecnologías.

Precisar, con rigor contrastado en fuentes sólidas y estudios actualizados, cómo son estas prácticas culturales digitales en su triple nivelusoabuso y posible adicción o dependencia.

Comprender que nuestros hijos e hijas nunca son conflictivos, que lo pueden ser algunas situaciones, y que nuestra mediación será casi siempre (medio o largo plazo) el contexto de ayuda y acompañamiento que necesitan.

Después del concepto de dieta digital, apareció el  de obesidad digital, en el que Daniel Siebelg, de la consultora internacional JWT Intelligence, alerta de esta creciente tendencia. Más que un nuevo sedentarismo, lo califican como la consecuencia de un exceso de conexión, una obesidad que nace y crece de las muchas horas en la Web. La ansiedad por la permanente actualización del muro de FB, los constantes mensajes de twitter o tuenti, la mirada clavada en el whatsapp, son algunos indicadores.

La dieta digital comprende cantidad y calidad. Como padres y madres es una exigencia decidir con nuestros hijos el tiempo que deben ocupar las diferentes pantallas, cuándo y por qué le compramos un móvil, y cuáles son los contenidos más pertinentes según la edad. Es el propio contexto familiar y el conjunto de mediaciones como padres y madres, así como el modelo educativo que queremos para nuestros hijos, y el modelo de convivencia que deseamos para nuestra familia, lo que marcará  nuestra actuación. Pero sí es necesario un plan, producto en gran medida de esta dieta digital.

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SALUD

En nuestra dilatada experiencia con el programa Pantallas Sanas hemos descubierto que educar es promocionar la salud, no sólo prevenir posibles riesgos y abusos, no sólo estar obsesionado con las medidas de seguridad, que también son necesarias; sino, además, enseñar a hacer un buen uso. Para aprender y divertirse, que son compatibles; para conversar de los gustos e intereses de nuestros hijos; para desarrollar destrezas y competencias que no se pueden conseguir con un libro de texto o una novela. Por eso nos planteamos:

¿Tiene algún sentido satanizar el ocio digital?

¿Nos puede ayudar como padres y madres, también a nuestros hijos, conocer cuáles son estos consumos y posibles interacciones?

¿Es posible que nuestros diálogos, guiños, roces informales giren en torno a estos contenidos digitales?

¿Indica el ocio digital de nuestros hijos cómo y hacia dónde cambian y crecen?

¿El modelo educativo que buscamos, por tanto, el modelo de sociedad que nos gustaría, se puede alimentar de estos diálogos, reflexiones, observaciones, mediaciones?

Dicen los científicos que en sus primeros 1000 días, el cerebro forma el 85% de sus conexiones. Con la madurez llegamos a más de 200 billones de conexiones neuronales, y en esto están los investigadores ahora. Hemos pasado de los millonarios viajes por el universo,  a una exploración de lo cercano. Urge conocer ese órgano, que pesa kilo y medio y cabe en nuestra mano. Algo de esto contamos en laberinto emocional y visión holística.

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CIMIENTOS ENTRE PANTALLAS

Es una evidencia que, si el cerebro evoluciona tan rápidamente en estos primeros años, la familia tendrá algo que ofrecer, algo que decir, algo que hacer. Claro que la escuela también se suma a la fiesta en eso que los expertos llaman educación de la estimulación temprana, que lo señalan allá por los seis años. He pasado por todas las etapas, niveles y ciclos educativos, pero desde hace muchos años, he admirado muy especialmente a los que están en educación infantil, porque es cuando se “siembra” y “riega la planta”, cuando se construyen los cimientos. También entre pantallas.

Nos ocupa y preocupa la tecnología, cómo se ha convertido en prolongación de nuestros sentidos, cómo leemos, pensamos, sentimos, convivimos de manera diferente; cómo se ha formado esa “aldea global”, cómo “el medio es el mensaje” (McLuhan). La tecnología no produce efectos, es el artefacto cultural, con el que coexistimos y convivimos.  Así como el cerebro sin oxígeno muere, la familia sin comunicación desaparece.

Hace unos años, una madre me decía que había observado cómo su hija de dos años, seguía la musiquilla, hasta llegar a la habitación de la tele (cambiemos tele por otra pantalla, si queremos), y se quedaba embobada delante del foco de luz, color y sonido. Esa bocanada audiovisual fascina a los peques, porque proyecta unas imágenes, unos sonidos, unos estímulos que son muy atractivos y gratificantes. Imágenes saturadas de color, formas geométricas de los personajes infantiles, rápidos cambios de plano y de ángulo de la cámara; espacios tridimensionales, realidad aumentada, acción trepidante, músicas pegadizas. ¿Suficiente? No. Tocan la pantalla e interaccionan con todo lo que se mueve y se oye. Realidad y también virtual, valga la contradicción.

Cambió el hogar. Algunos todavía recordarán cuando los abuelos contaban sus cuentos junto al fuego, y removiendo las ascuas, avivaban el relato, y ahuyentaban el sueño de los pequeños que escuchaban. Otros, recordarán alguna de sus mudanzas con la gran y primera pregunta, ¿en qué parte del cuarto de estar ponemos el televisor? Una vez contestada la pregunta, se colocaba el resto del mobiliario. Ahora, el hogar se ha convertido en un conjunto de rincones donde sus habitantes miran, escuchan, conversan, juegan, intercambian. Un conjunto de “habitaciones de cristal”, donde lo público y lo privado, lo cercano y lo lejano, lo conocido y lo desconocido coinciden, se mezclan. Una experiencia que fascina e inquieta.

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Las pantallas siempre educan. Pero no lo hacen como nos gustaría a nosotros, ni siguen los modelos en los que fuimos educados, ni educan como educamos desde la familia, por eso la importancia de nuestra intervención. Tenemos muy claro cuando encendemos y apagamos el microondas, o la lavadora, pero la tele está encendida casi siempre;  los smartphones, las tabletas, las videoconsolas están conectados  casi siempre en las manos de nuestros hijos, mientras que nuestra mirada  a veces queda lejos.

CONTROL

¿Cuánto tiempo dedica tu familia a las pantallas ? Se pregunta @JordiJubany en su reciente libro. La web de Pantallas Sanas ofrece un largo y contrastado listado de propuestas para crear un modelo de convivencia saludable, en torno al escenario multipantallas. Una ciberconvivencia que garantice las estrategias de participación y protagonismo de infancia y adolescencia, apoyada en las buenas prácticas para hacer de Internet un entorno saludable y seguro, con especial detenimiento en la identidad, privacidad y reputación online con las redes sociales y el uso de los dispositivos móviles.

SafeChildrenGuardian es un sistema que combina hardware y software, que permite la instalación en casa a través de un router para controlar el tráfico de todos los dispositivos que usan wifi. De modo periódico publica un informe para que los padres consulten las páginas visitadas, sus contenidos, el tiempo empleado y los dispositivos utilizados.

El sistema anuncia que “protege” a los hijos mientras navegan, bloquea páginas, confirma accesos y avisa por email y SMS a los padres. Cuenta con un grupo de psicopedagogos profesionales para resolver dudas y solicitar consejo.

Con un pequeño router diseñado por la empresa Havoc Tec, que es zaragozana (España), especializada en seguridad e Internet, todo queda registrado y permite los debidos controles. Esta iniciativa, en convenio con Padres 2.0., nos plantea algunas reflexiones.

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Lseguridad de los hijos es un derecho inapelable, como lo es su intimidad. Indica Sergio Pallás, socio Havoc Tec, que SafeChildrenGuardian, responde a las preguntas básicas de los padres:

¿Qriesgos tiene Internet?

¿Qhace mi hijo cuando se conecta?

¿Qhago yo si observo algo anómalo?

En  la demo, se indican las aplicaciones y riesgos en diferentes aspectos:

PRODUCTIVIDAD

En relación con la música, radio, prensa digital y blogs, tv y vídeos online (con los efectos en pérdida de tiempo, dispersión mental).

HÁBITOS

En mensajería, redes sociales, compras online, juegos online (juego compulsivo, adicciones, aislamiento).

LEGALIDAD

En compras online, juegos online, buscadores, viajes online, redes sociales (propiedad intelectual, compras no autorizadas, accesos no autorizados).

RELACIONES

Con imágenes online, web mail, redes sociales, mensajería, videconferencia (acceso por terceras personas, datos personales, imágenes personales).

CONTENIDOS

En prensa digital y blogs, tv y vídeos online, juegos online, buscadores (contenidos peligrosos e indebidos).

El panel de control que tienen los padres recoge los indicadores de uso, las páginas vistas, un historial de navegación, los marcadores de riesgo, tabla gráfica de tipos de contenidos visitados, entre otros registros.

Por tanto, un gestor para aplicar un control sobre los que los hijos hacen en Internet. ¿Es la solución al desconocimiento que tienen los padres sobre lo que ocurre entre sus hijos y la virtualidad? ¿Dónde están los límites para lo que hacen los hijos cuando entran en Internet, y para  lo que pueden hacer los padres cuando observan estas prácticas digitales? ¿Cómo compatibilizar el control, la educación para la responsabilidad y la autonomía y el respeto a la privacidad?

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PARQUE DIGITAL

El título de este post es familia y entorno multipantallas. Todos los que tienen o  hemos tenido hijos pequeños recuerdan las muchas horas pasadas con ellos en el parque. Cuando son muy pequeños los llevamos de la mano, apenas los soltamos. Cuando se hacen un poco más mayores, les indicamos los límites, pero no les perdemos de vista. Cuando crecen, se van solos y los esperamos en casa hasta la vuelta. Y así, crecen y crecen, y nuestro pautado cambia. Lo mismo debería ocurrir en su relación con las pantallas.

¿Por qué si en el parque natural no les dejamos solos, cuando se adentran en el parque digital no les acompañamos?

Es evidente que estas preguntas dependen, en gran medida, del contexto familiar, escolar y social. Con la intención de facilitar posibles respuestas y posibles intervenciones, proponemos el siguiente decálogo de buenas prácticas. La primera parte consta de 5 observaciones; la segunda, de 5 pautas.

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10

DECÁLOGO DE BUENAS PRÁCTICAS

EN LA CULTURA DIGITAL DEL MENOR

1

Interpretamos que muchos mecanismos e iniciativas de prevención como la que hemos descrito, se centran en la teoría de los efectos, que entiende al menor como alguien que responde de un modo lineal y casi mecánico a un estímulo que puede ser positivo o negativo. No es conveniente plantear un control parental desde esta postura, que es reduccionista y trasnochada.

2

Cada usuario satisface sus necesidades y expectativas desde diferentes contextos individuales, también sociales, que buscan una gratificación en los consumos e interacciones digitales. Distracción, evasión, cotilleo, intercambio de  fotos o músicas, y otras acciones que implican riesgo para ellos o para los demás.

3

La recepción crítica forma parte de estos consumos e interacciones. El usuario, aunque sea menor, tiene una capacidad de análisis, interpretación, y respuesta sobre los usos y contenidos que frecuenta. Dependerá del sujeto y el contexto para que sea mayor o menor.

4

Los usos y gratificaciones que satisface el menor, su grado de recepción crítica (según sea el nivel de alfabetización digital que disponga), están acompañados de un conjunto de mediaciones. Tanto los padres y madres, como los profesores, sus propios compañeros, forman parte de una serie de influencias que relativizan el “efecto” y el impacto de los usos, o posibles abusos y adicciones de estas prácticas digitales.

5

Utilizamos con frecuencia la analogía de la dieta digital para explicar que es posible un modelo de intervención parental y educativo en el que se entiendan las prácticas culturales digitales como una alimentación sana, saludable, equilibrada, que ayude al crecimiento no sólo físico, también psicológico y espiritual de nuestros hijos.

Como consecuencia de estos cinco considerandos, ofrecemos el siguiente pautado:

6

Es necesario desde la más tierna edad, planificar estos consumos e interacciones. Desde el tiempo (dosificación) y desde los contenidos (selección). Cuando son más pequeños con una normativa y diálogo, cuando son más mayores con un diálogo y negociación.

7

Es necesario evitar que la brecha intergeneracional entre padres e hijos, entre educadores y alumnos afecte a nuestra visión y nuestra planificación. No hablamos de dos realidades (presencial y/o física, y virtual), ni de dos espacios y tiempos. Es una única realidad que precisa respuestas integradas.

8

El conflicto, muy presente en este escenario, no es negativo. Es una oportunidad para crecer, y en ningún caso, nuestros hijos, ni los estudiantes son conflictivos, lo es cada situación, que desde una mirada positiva y sin prejuicios invitarán a una solución. En la investigación Consumos y mediaciones de familias y pantallas que realizamos con 124 familias de Aragón (España), observamos que  el desconocimiento  que los padres y madres tienen sobre lo que sus hijos pueden hacer con Internet, produce miedo y rechazo. Pero si entendemos estos conflictos como oportunidad para aprender y convivir juntos, se naturaliza el entorno virtual.

9

Internet es una oportunidad para conocer los gustos y tendencias de los menores. Saber lo que les gusta  es un motivo para conversar y negociar con ellos una educación en valores, y desde una preocupación por sus preferencias e intereses.

10

Aunque no lo expresen los adolescentes necesitan la presencia del adulto, del padre y de la madre, del educador. La educación de la presencia es una mediación y el diálogo su sentido.

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TF

TIPOLOGÍA DE FAMILIAS

Nuestra experiencia de trabajo y acompañamiento de padres y madres, nos suscita la siguiente tipología de familias:

1

Las familias preocupadas y ocupadas en sus hijos , pero agobiadas.

2

Las familias preocupadas y ocupadas, con la responsabilidad que les atañe.

3

Las familias ausentes.

¿Qué tipo de familia eres?

@nereatts

Como última parte de este recorrido, nos gustaría describiros en Familias y adolescentes conectad@s, el último encuentro que hemos tenido con padres y madres de adolescentes, merece la pena compartirlo. Hicimos una pequeña presentación, con la intención de “desmontar” los estereotipos que existen sobre la adolescencia, y normalizar la diversidad que caracteriza esta edad. En concreto  me centré en dos:

A

Los medios de comunicación nos tienen acostumbrados a titulares que asocian los adolescentes al botellón, la violencia, la vagancia (los “ni-ni”). O también a  la eterna juventud, asociada a la belleza como valor. Es decir dos estereotipos que funcionan muy bien en los medios: o jóvenes como crónica negra, o jóvenes como crónica rosa y  cuerpo 10.

B

Diferenciamos la adolescencia comoproductohormonal”, de la adolescencia comoexplosión neuronal”, como así indican los estudios e investigaciones de los últimos diez años. Esto lo contamos con más detalle en ¿Por qué los adolescentes son tan raros?

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Las 30 familias convocadas en @Jesuitas_ZAR, lugar del encuentro, tenían una percepción de los adolescentes y de las redes sociales, que era necesario “sacar a flote”, así que nos arremangamos.

Es una evidencia subrayar que ese “imaginario” contenido en muchos padres y madres de adolescentes; en muchos casos, contiene un  prejuicio que bloquea la comunicación, y, en otros, una distorsión que dificulta la relación entre padres y adolescentes, y entre padres y adolescentes conectad@s.

Utilicé la fotopalabra una técnica muy antigua pero muy efectiva para crear un clima distendido de diálogo. Verbalizar este imaginario no es fácil, y utilicé esta técnica con fotografías solo en blanco y negro, que ayudan más a profundizar e identificar nuestros sentimientos para facilitar la expresión.

¿Cómo generamos un espacio de diálogo y construcción con los padres y madres de hijos adolescentes conectad@s? Os lo contamos:

Primero

Extendimos las fotos encima de varias mesas, y los padres eligieron una imagen que respondieran a la pregunta ¿Qué son para ti las redes sociales? Cada uno eligió “su” foto y después explicó al resto de padres el motivo de su elección. La dinámica se podría haber alargado más, y admitiría otras variantes. Pero para el tiempo que disponíamos, los objetivos de la sesión, el perfil del grupo y el número de asistentes, así fue lo más adecuado.

Las respuestas fueron variadas pero haré tres clasificaciones para facilitar la lectura.

Un grupo de padres (reducido), que tenía experiencia en redes sociales, manifestó que necesitaban hacer cierta “dieta digital, olvidarse de las redes sociales, desconectar. Y alguno indicó con la imagen de un coche viejo, que así  percibía las redes sociales.

Otro grupo, con cierta experiencia en redes sociales, expresó sus miedos, y los riesgos que implican las prácticas en estas redes y el uso de dispositivos móviles. Aunque también señaló que bien empleadas aportan beneficios.

Un tercer grupo, con escasa o nula experiencia en redes sociales, estaba dividido entre los que afirmaron que las percibían como una ventana abierta y una oportunidad, con una curiosidad para aprender y conocerlas; y otro grupo, que manifestaba cierto temor y preocupación.

Como se  observa, el retrato que ha salido de los tres grupos, puede responder muy bien a unos patrones genéricos en el resto de familias que no asistieron al encuentro. Aunque conviene decir que este “grupo” no es representativo de la mayoría de padres y madres, porque como es frecuente “los que están” son padres y madres ya concienciados y una disposición positiva para aprender.

¿Qué hubiera pasado si les hubiera preguntado sobre la percepción que ellos tienen de sus hijos conectad@s? Preferí, que primero expresaran la suya propia, para después “escuchar y observar” la de los adolescentes. Del contraste de las dos, fuimos desgranando varias y muy interesantes observaciones.

Segundo

Después de recoger y comentar entre todos el “imaginario” de las familias, nos preguntamos ¿Cuál es la experiencia de sus hijos conectad@s? Para responder a esta pregunta, proyectamos Like, cortometraje realizado por los alumnos del IES Pedro de Luna, ganador de doble premio en el último festival de CineySalud. Agradecemos al programa @cineysalud que facilite este marco de producción y realización audiovisual entre profesores y adolescentes. Los padres tuvieron la oportunidad de conocer en “viva voz”, lo que sienten, cómo se relacionan, la importancia que tiene el móvil y las redes sociales en la vida de sus hijos.

Tercero

Después del visionado comentamos aspectos centrales en la vida del adolescente conectad@.

Cómo construyen su identidad, su sexualidad y su intimidad.

El entorno digital es una zona de luces y sombras: con sus oportunidades y sus riesgos.

La realidad en su doble dimensión (presencial y virtual); y no dos realidades diferentes, ni contrarias, sino complementarias. Nunca sustitutivas, porque entonces ya estamos en zona de riesgo, abuso o adicción.

La necesidad de establecer límites, pero en la adolescencia, menos con las normas y más con el diálogo y el consenso. Hablamos de los contratos entre padres y adolescentes, y estuvimos comentando sus protocolos.

La necesidad de un “dieta digital”. Lo que significa una planificación del uso, consumo e interacciones con las diferentes pantallas.

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CON Y ENTRE PANTALLAS

Quedaron muchas cosas en el tintero, pero seguimos conversando en las redes; por eso, hemos escrito este post. Si como padres y madres nos preocupa lo que comen nuestros hijos, ¿cuánto más lo que respiran? Es necesario y urgente  aprovechar esa magnífica edad (6-10), pera “crear” los buenos hábitos y las buenas prácticas, en la convivencia normalizada con y entre las pantallas.

El hogar ha cambiado sus espacios, sus protagonistas, sus agentes. Lo que antes era el salón de la casa como espacio central, y los padres y madres como referente; ahora, en gran medida, ha cambiado hacia la diversidad de distintos “rincones de ver, de interacciones, de jugar, de aprender en los que “reinan” las distintas pantallas que pueblan nuestros hogares, y los hijos necesitan la presencia y cercanía de sus padres, aunque ni lo manifiesten, ni lo pidan.

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