Hoy entrevisto a Rafael Feito, catedrático de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, una voz autorizada en el debate educativo en España, y que hacía tiempo queríamos invitar en este rincón.

Es autor de las siguientes obras: Nacidos para perder. Un análisis sociológico del rechazo y del abandono escolares. Madrid, CIDE. 1990; Estructura social contemporánea. Las clases sociales en los países industrializados, Madrid, Siglo XXI, 1995; Clases sociales y comportamiento político en España, Madrid, Entinema, 1998; Los retos de la educación obligatoria, Barcelona, Ariel, 2000; Una educación de calidad para todos. Reforma y contrarreforma educativas en la España actual, Madrid, Siglo XXI, 2002.

Ha presidido la Asociación Nacional de la Sociología de la Educación, y es una de las grandes referencias de la misma en España.

Les dejo directamente con ella: una oportunidad para aprender a través de las Entrevistas INED21.

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ABANDONO ESCOLAR EN ESPAÑA

En su obra, Nacidos para perder. Un análisis sociológico del rechazo y del abandono escolares. Madrid, CIDE, 1990, analizó una temática que no ha perdido actualidad en nuestro sistema educativo. Desde esta conciencia, ¿qué factores y/o causas siguen cronificando ese rechazo y abandono escolar en España? ¿Hay soluciones realistas que se puedan implementar según su perspectiva?

En esta obra seguía la estela de los estudios culturales británicos y, más específicamente, el libro de Paul Willis Aprendiendo a trabajar. Lo que hice fue centrarme en el choque de la cultura obrera contra la cultura escolar que es, básicamente, una cultura de clase media. El problema persiste tanto aquí como en cualquier otro país. Los informes PISA ponen de manifiesto que en todos los países analizados –y son más de sesenta-, en la escuela les va peor a los alumnos que proceden de entornos de bajo estatus socioeconómico. En definitiva, la trayectoria escolar depende en muy buena medida de dónde la cigüeña te deje caer. ¿Hay soluciones? Sin duda. Hay escuelas de estos entornos que lo hacen muy bien. Es algo de lo que he hablado en mis trabajos sobre “escuelas democráticas” en España.

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ESCUELA Y FAMILIA

Toda educación es parte de un todo: la propia sociedad donde se desarrolla. No hay educación en abstracto, se desenvuelve siempre en una situación y contexto determinado. Y ahí, la familia es un actor educativo y principal, ¿cómo mejorar esa relación necesaria entre la escuela y la familia? ¿Qué mecanismos y estrategias se pueden implementar con ese objetivo?

En realidad, volvemos a la cuestión planteada en la pregunta anterior. Hay niños que perciben la escuela como una prolongación de su familia. En la escuela se habla con un lenguaje similar al que utilizan sus padres, los cuales podrían tener incluso un nivel educativo y cultural superior al de los maestros. En este caso, hay una suerte de pacto implícito entre estas familias y la escuela. No obstante, y especialmente en el caso de ciertos padres profesionales empieza a aparecer un conflicto derivado de la percepción que estos tienen de la escuela como una institución que no está preparando para los retos de un mundo en cambio.

En el caso de las familias de bajo nivel cultural el conflicto es claro. Este es el tipo de familias que la mayor parte del profesorado no desea. Basta con preguntar a los profesores de un centro público en cuyas proximidades hay centros privados. Su idea es que estos últimos se llevan los mejores alumnos, de modo que consideran que les ha tocado la peor parte. En estas condiciones, resulta fácil tirar la toalla.

La LODE, aprobada en 1985, estableció mecanismos de participación de la comunidad educativa por medio del Consejo Escolar y las Asociaciones de Padres. El modelo ha sido un fiasco. Bastaría con el dato de que las principales actividades de estas asociaciones no van mucho más allá de la organización de actividades extraescolares y de diversos festejos. En modo alguno, son entidades –salvo honrosas excepciones- que conformen proyectos educativos o vinculen a la escuela con el entorno.

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RETOS DE LA EDUCACIÓN OBLIGATORIA

En su obra del 2002, Los retos de la educación obligatoria, Barcelona, Ariel, 2000, abordó ese mismo título que tantas veces se da por evidente. No lo es, y su debate posiciona cualquier política educativa: ¿cuáles son esos retos de una educación obligatoria en nuestra exponencial sociedad hiperconectada?

Esta sociedad hiperconectada pone de manifiesto que es posible aprender de un modo radicalmente distinto a cómo se hace la escuela. Si un niño de doce años quisiera saber sobre la reproducción de las amebas, con un golpe de clic en un ordenador encontraría vídeos y textos que en poco tiempo le suministrarían información y conocimiento sobre el tema. Lo mismo ocurre con los deberes. Si alguien quiere saber cómo halla el mínimo común múltiplo puede encontrar en la red decenas de personas que se lo explican en un par de minutos. Con esto quiero decir que ahora, más que nunca, es posible fomentar los aprendizajes autónomos, de manera que el profesor se convierta en alguien que aclara dudas, que guía a los estudiantes, que organiza debates, que promueve el trabajo en grupo, etc. La idea de la flipped classroom me parece muy atractiva.

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LEY EDUCATIVA DE CONSENSO

Desde hace décadas asistimos a lo que alguna vez llamé el laberinto educativo español, donde todos los actores (no sólo la clase política) presentan sus argumentos excusándose de cualquier responsabilidad concreta —algo que define nuestra mentalidad social en tantos ámbitos—. Desde esta introducción, que puede asumir o no, quisiera hacerle una pregunta difícil y necesaria: ¿cuáles son, para usted, los ejes fundamentales (esos mínimos) que podrían vertebrar una ley educativa de consenso social y política en España, en el caso que sí la vea posible?

Me parece claro que la escuela es una institución exculpatoria. El problema siempre está fuera de ella, muy especialmente en la familia, a la que tiende a considerar como una institución incapaz de educar. Desde luego, con este planteamiento no podemos ir muy lejos.

No obstante, la cuestión se refiere más bien a la del posible pacto educativo. En mi blog reflexioné sobre esta cuestión (se puede ver aquí). Señalaba lo siguiente: “ Habría que dejar muy claro, y esto debiera ser uno de los núcleos del consenso en torno a una ley educativa, que la ESO es un nivel terminal desde el que se puede optar por el Bachillerato, la Formación Profesional de Grado Medio o por la cada vez menos aconsejable salida al mercado de trabajo. Dado que la ESO es lo mínimo –en realidad, ahora mismo menos de lo mínimo— que todo ciudadano ha de adquirir para no estar en serio riesgo de caer en la marginalidad social, no se termina de entender que nuestro sistema no haga todo lo posible para que prácticamente la totalidad de la población se gradúe en este nivel (como sucede en la mayoría de los países de nuestro entorno). Nada más lejos de mi intención que rebajar la exigencia académica. Antes al contrario, se trata de que todo el mundo alcance el nivel de conocimientos y de competencias exigibles en la educación básica, lo que podríamos llamar el salario escolar mínimo”.

Mi impresión es que para el Partido Popular la educación deber ser, incluso en los niveles obligatorios, un elemento de selección social. De hecho, la propia OCDE acaba de indicar a nuestro gobierno que se debe evitar la selección temprana en Matemáticas que la LOCE introduce. Veo difícil, aunque no imposible, el consenso con el PP (y esto no ocurre solo con su política educativa). Quizás si Podemos no hubiera sido tan intransigente, se podría haber alcanzado un acuerdo con Ciudadanos, el PSOE y algún que otro partido de ámbito regional.

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PISA

En el debate educativo hay una pluralidad ideológica, de perspectivas y de sensibilidades, que desde INED21 siempre hemos querido visibilizar, pero lo anterior debe ser complementario con la evidencia disponible en las diferentes problemáticas; si no, el peligro es caer en un subjetivismo acrítico donde todo vale; dicho esto: ¿cuáles son las lecciones no aprendidas del Informe Pisa, según su opinión, aplicado a nuestro sistema educativo?

La verdad es que el informe PISA dice muchas cosas. La más conocida es la referida a la supuesta y falsa mediocridad de nuestros resultados educativos. Pese al catastrofismo mediático, estamos más o menos en el lugar que corresponde a nuestra posición económica en el mundo y, a veces incluso mejor. Estamos al mismo nivel que Suecia o los Estados Unidos, por citar a vuela pluma un par de países.

PISA dice cosas como que la escuela pública obtiene los mismo resultados que la privada (siempre y cuando descontemos el efecto del estatus socioeconómico), que nuestros escolares están sobrecargados de deberes, que tenemos muchas horas lectivas, que nuestros profesores son de los mejor pagados del mundo, que a los inmigrantes les va particularmente mal, etc.

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QUÉ PUEDE APORTAR LA SOCIOLOGÍA

En la conclusión de un gran artículo de síntesis, escribe lo siguiente:

“Hoy en día, especialmente en el caso de la reforma educativa española, la sociología no parece estar desempeñando un papel clave, a pesar de que junto con la pedagogía, la psicología y la epistemología constituye, sobre el papel, uno de los soportes de la educación. Sin embargo, el profesorado demanda un análisis sociológico del entorno. No obstante, la sociología de la educación no se ha revelado especialmente útil en el trabajo cotidiano del profesor. En general, la sociología es crítica con la labor del profesor: le considera un agente del sistema, un “extraño sociológico”, un semi-profesional y otra serie de términos que despiertan escasa simpatía.”

“Se hace cada vez más preciso que la reflexión sociológica se convierta en un punto de apoyo de la tarea docente del profesor, de modo que este se convierta en un intelectual reflexivo. En parte esta es la línea de sociólogos como Henry Giroux, el cual se apoya en Freire para elaborar sus propuestas en favor de una pedagogía radical”.

«Teorías sociológicas de la educación»

Situándonos en nuestro presente, ¿con qué argumentos explicaría esa necesidad, pocas veces percibida, de la sociología de la educación para el docente actual?

Lo primero que me gustaría saber es qué sociología se enseña en las facultades de Magisterio y en el Curso de Formación del Profesorado de Secundaria. Es como el tema de la Filosofía en Secundaria. La filosofía como disciplina intelectual es muy crítica. Sin embargo, lo que llega a las aulas puede ser la cosa más soporífera del mundo.

Retomo la pregunta: ¿qué puede aportar la sociología? Creo que la lista sería inabarcable en el espacio de una entrevista. Señalaría como aspectos destacados el hacer ver que el alumnado no procede de un mundo socialmente uniforme, que no todos los grupos sociales perciben la cultura y la lógica escolares del mismo modo, que ciertos saberes escolares pueden ser una pérdida de tiempo, que educar es sobre todo una cuestión de poder.

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LOMCE

En un interesante artículo en El País, «¿Merecen la pena las reválidas?», 02/09/2013 , problematiza ese aspecto de la LOMCE, advirtiendo que las buenas intenciones, pueden llevar a resultados nefastos. Más allá de ello y para tener una visión panorámica, ¿cuál es su fundamentada opinión, en los aspectos positivos y negativos, respecto a la LOMCE?

Parece que la LOMCE no tiene quien la escriba –para defenderla-. Es más sobre esta cuestión de las pruebas externas el Ministerio de Educación –más bien sus analistas a sueldo— escriben PowerPoints –me pregunto si esto es escribir—. En general, la literatura científica es hostil hacia esta ley. Las principales razones se centran en la selección temprana, la jerarquización curricular, las “reválidas”, la desaparición de la democracia participativa en los centros, etc.

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FORMACIÓN DOCENTE

Un tema vigente en la actualidad mediática es el de la selección y formación docente —cuestión que, por otra parte, de su interés, repasando su bibliografía—, y que, por diferentes razones, no se ha legislado directamente desde hace tiempo: ¿cuál y cómo es su modelo de selección y formación docente para el sistema educativo en España?

Primero: no formar más profesores de los que se prevé que va a precisar el sistema educativo. Formar profesores de calidad es muy caro y no podemos permitirnos el lujo de formar profesores que no van a tener empleo en nuestro sistema educativo –cosa distinta es que nos planteáramos exportar profesores-. Con esto se conseguiría lo que es una realidad en países como Finlandia: un estudiantado que se forma para ser profesor especialmente motivado.

Segundo: la cuestión del acceso a la profesión. Una oposición —en el caso de la enseñanza pública— dice muy poco sobre la capacidad profesional de un docente. El modelo del MIR me parece el más adecuado.

Tercero: la formación permanente. Estamos en un mundo en el que los conocimientos se duplican cada pocos años, en el que cada vez se sabe más sobre cuáles son los mecanismos que permiten que la gente aprenda más eficazmente, nuestra sociedad está en continua evolución.

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COMPETENCIAS DOCENTES

Profundizando en la pregunta anterior y para lograr más especificación en esta temática, ¿qué competencias, en su opinión, debería caracterizar al docente del s. XXI?

Un docente debería ser una persona inquieta, una suerte de agitador cultural, alguien abierto a la innovación, a los nuevos conocimientos. Por supuesto, debe ser alguien que promueva el pensamiento propio en sus alumnos. En una película de Adolfo Aristarain, el profesor de una Escuela de Magisterio (interpretado por el siempre excelente Federico Luppi) les dice a los futuros maestros que han de “despertar el dolor de la lucidez” (se puede ver a partir del minuto 7)

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TRES CLAVES

Termino con una pregunta que, desde diferentes perspectivas, han contestado otros invitados a estas entrevistas, ¿cómo sintetizaría en tres claves la educación del s. XXI?

Entiendo que la pregunta es cuáles deberían ser esas tres claves. En realidad, creo que serían las de siempre: formar personas autónomas, solidarias y prudentes. Sin duda, el elemento distintivo de la educación del siglo XXI es que ahora precisamos que prácticamente todo el mundo adquiera altos niveles educativos debido a la complejidad creciente de nuestra condición tanto de ciudadanos como de trabajadores.

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Gracias por sus respuestas. Antes de terminar, quiero públicamente dar las gracias a Rafael Feito por su amabilidad al contestar esta entrevista. Y nos despedimos esperando que pronto volvamos a dialogar en INED21: estamos seguros de ello.