FOR SALE

Faltan tres días para que las calles se llenen de corazones, y los corazones de besos y regalos. Llega S. Valentín. Pero la tele; es decir, la telebasura lo pone en nuestro comedor y dormitorio todos los días del año, a todas las horas. Una mirilla con poder y sin pudor. Una televisión barata en su producción, cutre en sus contenidos, obscena en sus emociones.

¿Esta es la televisión que nos

merecemos?

¿Por qué nadie ve telebasura, pero sus programas disfrutan de grandes audiencias ?

Conectamos el próximo #15F con la telerrealidad, un género que goza de mucha salud, que muta, se clona y protagoniza la dieta audiovisual y digital de muchos espectadores día tras día.

Digámoslo claro. La llamada telebasuraEs la servidumbre de la televisión a un modelo mercantilista, cuyo objetivo es obtener el máximo beneficio económico en el “todo vale”. Las personas (digamos audiencias y usuarios) son un número, un dato estadístico explotable. Un producto obtenido a cualquier precio. Todo por el rating.

Una mirilla con poder y

sin pudor

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Contemplamos el paso del modelo tradicional (analógico, uniplataforma) al multimedia, multiplataforma. Televisión globalizada, uniformada y clonada culturalmente en sus formatos y contenidos. Una praxis económica en la que los programas de telerrealidad cosechan éxito en cadena. Las productoras amplían mercado, estiran el tirón del programa para promocionar productos o espacios de compra.

La multimedialidad (concebida como estrategia multicanal) es la táctica más empleada por la telerrealidad. Una oferta centrada en las diversas modalidades de relato del programa, que ocupan más espacios televisivos para llegar a más audiencia. Se exprimen varias cadenas, incluso las minoritarias, y cada una emite el programa o un fragmento diferente.

FEEDBACK

Estas cadenas se retroalimentan en un menú uniforme:

Cadena oficial que emite galas y contenido impactante.

Conexiones de apoyo a otros espacios, bien de crónica rosa o matinales, en los que los participantes cuentan su experiencia. Una mezcla de intimidad a voces en formato celebrity.

Cadenas minoritarias, con pruebas semanales del reality o ensayo de los talent-show.
canales 24 horas, al galope del voyeurismo.

Emisión en streaming (online).

Esta mecánica y dinámica comercial que es convergente, la denominamos “agenda clonada”. Enfatiza el producto (programa) y entroniza la función comercial de la comunicación desde un estratégico combinado de sinergias: feedback para la promoción, el programa se convierte en noticia dentro de otros medios. Se implantan parásitos omnipresentes que repueblan todos los espacios mediáticos (en las escaletas de televisiones y radios, de tertulias y debates…). Intereses conectados, el producto potencia otro producto y a la inversa.

La McTelevisión (Sanpedro, 2003) transfiere valores y percepciones con discursos y relatos preocupantes. Las audiencias sociales describen la radiografía de las emociones, de sus espectadores y usuarios, en los programas y en los bloques publicitarios.

De todas las cadenas, Telecinco se ha erigido en el paradigma de la telerrealidad, recoge en una entrevista El País, al director de contenidos de Mediaset Manuel Villanueva que no duda en enorgullecerse:

“Creo que Mediaset es un referente, en especial desde el impacto de Gran hermano en la primavera de 2000, que cayó como un meteorito. Cambió el paisaje audiovisual español y cambió los modos televisivos, porque hasta entonces todo estaba tranquilo y situado”.

¿Esta es la televisión que

queremos?

¿Es compatible el audímetro con la ética y la televisión de calidad?

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Sí, es posible una televisión de calidad, que además informe, eduque y entretenga. En el monográfico de la Revista Comunicar se ofrecen diferentes argumentos que respaldan esta afirmación.

Agustín García Matilla, catedrático de comunicación audiovisual, en “Una televisión para la educación, la utopía posible” destaca varios ejemplos de televisión educativa no aburrida en diferentes países del mundo. Productoras como la NHK, pertenecientes a una corporación pública creada en 1953, que ha utililizado las cuotas como sistema de financiación, lo que les permite un importante grado de independencia, similar al de la BBC. O el modelo británico de la BBC, nacido en 1936 con una programación educativa y de calidad desde 1977, desde una programación infantil y juvenil segmentada. O la Unidad de Televisión Educativa (ILCE) en México o TV cultura de BrasilLa France 2, o la ARTE  francesa, la ORF austríaca.

La tele es un electrodoméstico y mucho más. Pero a diferencia del lavavajillas o el frigo, la tele se enciende y apaga sin sentido. Y a diferencia de los útiles domésticos, no sólo ocupa un espacio doméstico, también forma y conforma una ética de los ciudadanos. De modo que dos responsabilidades están en juego. La de los políticos, que no ofrecen la tele que nos merecemos, y la de los padres y madres, necesarios mediadores entre las pantallas y sus hijos, lo que significa tener en cuenta que las pantallas en general y la tele en particular también “educan”.

A cambio tenemos esta televisión, que es la mostración del todo, pero con la perspectiva de una mirilla graduada de antemano. La llamada telerrealidad, que inspira tantos filmes y best seller de hoy en día. Definir este concepto con precisión es complicado. El docudrama (coloquialmente llamado telerrealidad), es un género híbrido que se ha adueñado de las parrillas locales, nacionales e internacionales, en un festín mediático global, con muchos beneficios económicos.

Las pantallas y la tele también

educan

Este hibridismo dificulta una exacta definición. Es la eclosión de la convergencia mediática y los portales web, con el “género-matriz” del docudrama, compuesto por subgéneros, bien reciclados o inventados, que se diversifican y formatean con contenidos también reciclados que se fusionan en una espiral ininterrumpida. Los géneros tradicionales información + entretenimiento + publicidad, serpenteando en mutaciones impredecibles. Un baby boom mediático permamente e hiperpresente.

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REALITY BITES

¿Cómo funciona?

Los medios construyen una realidad concreta con unos objetivos muy concretos. La relación entre emisor y receptor es muy estrecha, también sus posibles efectos. Se presenta una realidad mediática para que la audiencia pueda o quiera percibirla como “real”; cotidiana, cercana. Baudrillard ya avanzó en la “era de la simulación” la suplantación de “lo real por los signos de lo real”. Eco lo reafirma recientemente en “Número Cero”, cuando afirma que “el síndrome del complot nos invade”.

Un ejemplo: “¿Quieres momentos bochornosos, fiestones locos, tías y tíos despampanantes, cutrerío de lujo? “

O echen un vistazo a otro célebre caso: Madeline Stuart, uno de los símbolos de la inclusión social de los discapacitados.

Para describir cómo funciona este tipo de televisión, dibujaremos el perfil caleidoscópico en 11 pinceladas. Las seis primeras están adaptadas de Javier Mateoslas otras cinco son aportación nuestra.

Relatos próximos a personas reales:

(Anónimas o populares). Las historias o hechos cuentan a cámara una determinada parte de su vida cotidiana. Son experiencias y sentimientos generalmente íntimos.

Obsesión por la apariencia de realidad:

Cuentan historias verdaderas que tienen que parecer reales. Con un relato creíble, siguiendo unos criterios de selección de perfiles, lejanos a lo común y corriente. Se busca que “den a cámara”. La televisión de la gente normal aburre a la audiencia.

La espectacularidad:

Hiperconstrucción de la realidad “que enriquece y distorsiona la experiencia…recurre al misterio y la comicidad… el factor sorpresa es siempre testigo de algo inédito”. Contribuyen los efectos especiales, decorados, reconstrucciones grabadas, posproducción.

La serialidad:

Emisión por entregas como técnica de enganche. A veces el espacio se acorta en sus momentos clave, mientras el presentador advierte: “seguimos grabando”. Otras están organizados por capítulos (semanales o diarios). Esta serialidad se propaga a modo de conversación por los demás espacios de la cadena.

Voyeurismo televisivo:

Una visibilización a ultranza de la intimidad” (Imbert). Sin límites, cuanto más real y transparente parezca mejor. Sexo, polémica, penas, protagonizan los hechos.

Multiformato televisivo:

En una relación recíproca entre contenidos y formatos. El qué y sus cómos. Los programadores insertan y organizan los formatos-contenedor, a la vez que fusionan diversos géneros televisivos (informativo, entrevista, concurso, crónica…).

Participación activa o semi-activa de la audiencia. El  espectador/usuario en el trono del show. A veces con el rol de comentarista, otras colaborador, y hasta de asesor.

Redes sociales:

Con plataformas sobre las cuales el programa se construye y modifica. La televisión en su convergencia mediática dispone de una esfera digital muy dinámica: se vuelcan los contenidos y se genera una espiral y un aura, alrededor de la cual las audiencias activas y semi-activas interaccionan. Un comentario en twitter o un whatsapp, externos al programa, pueden destruir el trono de un concursante o desterrar a un pretendiente acusado de infiel.

Emisión en prime time:

Los programas están organizados en torno a la franja horaria de emisión que coincida con el prime time u horario de máxima audiencia.  La consecuencia inmediata es que en España se agarra a la audiencia hasta las 00.00 horas.

Valores y contravalores:

Que se transmiten y promueven, generando una posible batería de afectos y efectos.

Negocio rentable: sin duda. El programa como producto (que no como servicio, tampoco en la tele pública). La McTelevisión (Sampedro, 2003), es muy rentable para las productoras. Contenidos de bajo presupuesto, con estructura espectacular, que arrastra audiencias.

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Hoy no se discute que el lanzamiento y permanente transformación de la telerrealidad en las estas tres últimas décadas, engloba la extensión de canales y modelos televisivos, así como la fragmentación de las audiencias, para ser un goloso territorio de los programadores, que vertebran la parrilla televisiva alrededor de estos contenidos, con formato y género propio en la cultura televisiva contemporánea.

Sin la intención de concluir este discurso, y sí abrir un debate y una participación de toda la sociedad en la televisión que queremos, y no la que tenemos, recogemos el final de nuestro artículo “la realidad de la telerrealidad: escáner de una sociedad (hiper) televisiva”, en el que se puede completar muchos aspectos tratados.

Propuestas para le tele que queremos:

Convergencia familiar, escolar y mediática (educomunicación):

Una alfabetización general. Que la sociedad, desde edades tempranas, adquiera los valores que le ayuden en su posterior proceso de selección y recepción de contenidos. Que el entorno, al haber sido sometido a un proceso de calidad, genere puntos de vista críticos en cada uno de sus sujetos. Que los medios ofrezcan contenidos de más calidad, que garanticen su función formadora e informadora.

Velar por una dieta mediática saludable (pantallas sanas):

Fomentar el entretenimiento blanco (programas que realmente diviertan y deleiten a la audiencia), dejando de lado aquellos contenidos que vulneren los derechos humanos, promuevan la incultura, o instruyan en el desprecio, en la violencia verbal o física, en lo ordinario o en la vaguedad. Separar la información del show y alertar de cuándo se está expuesto a un discurso factual o real (principal peligro de la era de la hipertelevisión), entretanto se promueva la objetividad y la neutralidad. Tener en cuenta a cada uno de los sectores de la sociedad a la hora de crear contenidos (infancia, juventud, mediana edad, y, sobre todo, vejez). Que se les dote de visibilidad y participación.

Aprovechar las nuevas tecnologías:

Con la implantación de la Televisión Digital Terrestre (2008-2010), Internet y demás pantallas, la sociedad está provista de una sobreinformación que puede desencadenar una fuerte desinformación; mientras la selección individual puede entenderse como solución al problema (en el supuesto de haber creado sociedades críticas), todos estos espacios pueden trocarse verdaderos vehículos fraccionados y organizados de información, en lugar de meros contenedores. Aprovechar las posibilidades que ofrece la diversificación de canales para ofrecer información a la carta (cada contenido en un canal y horario, según sus características), fomentando, de esta forma, el pluralismo, la consiguiente selección individual y respetando los horarios vulnerables.

Garantizar servicios mediáticos independientes:

Lejos del poder mercantil o político y que transfieran valores e ideologías libres de cualquier connotación o intención malévola. Que sea la sociedad soberana de opinar, creer y crear sus propias normas, en lugar de verse maniobrada para ello.

Establecer consejos audiovisuales efectivos:

Al igual que en otros países, es necesario un organismo oficial en el campo comunicativo que legisle, observe, sancione o premie todas las acciones relativas a la actividad mediática. Asimismo, es necesario una revisión de la ética periodística. José Antonio.


José Antonio Gabelas
Lara Escudero
Carmen Marta Lazo