Ha comenzado en estos días en Canarias un proceso electoral, el de los Consejos Escolares, órganos de control y gestión de los centros educativos, para renovarlos o nombrar a nuevos miembros, y si cabe, tiene tanta influencia en la sociedad como unas elecciones locales.

De estas elecciones a consejos escolares no se va a hablar tanto como las  generales, pero si me permiten,  voy a hacerlo por la importancia de las mismas y el desconocimiento que hay por parte de la sociedad en general y de la comunidad educativa en particular.

ACCIÓN EDUCATIVA Y SOCIAL

Porque el consejo escolar, según dicta la Orden de 12 de mayo de 2016, por la que se regulan la composición y el procedimiento para la constitución y la renovación de los Consejos Escolares de los centros educativos de la Comunidad Autónoma de Canarias, es, sobre todo, un órgano colegiado de participación, de representación de la comunidad educativa, fundamental para dinamizar a los centros escolares, porque convierte a todos los sectores de la comunidad educativa en coprotagonistas de la acción educativa y social, y es el encargado de vertebrar el principio de participación y corresponsabilidad de todas las personas pertenecientes a ella.

SER CORRESPONSABLES

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Está claro que los responsables del sistema educativo no son solo los legisladores, ni los docentes, ni el alumnado, ni la familia, ni el director —aunque con la LOMCE tenga mayor protagonismo y autonomía—, sino que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena, ser corresponsables,  para que los centros escolares sean verdaderos lugares de formación.

La Constitución Española en su artículo 27, apartado 7, prevé que el profesorado, las familias y el alumnado intervengan en el control y la gestión de los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la Ley establece. Y uno de esos canales es a través de los consejos escolares.

CONSEJOS ESCOLARES

Es importante que la sociedad en general conozca las competencias de los consejos escolares y quienes lo componen. Según el artículo 126, apartado 1, de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, el Consejo Escolar debe estar compuesto por el director o directora del centro docente, que lo presidirá; la persona que ejerza la jefatura de estudios; un concejal o una concejala, o una persona representante del ayuntamiento en cuyo término municipal se ubique el centro docente; un número de profesores y profesoras elegidos por el Claustro, que no podrá ser inferior a un tercio del total de los componentes del Consejo Escolar; un número de padres y madres, así como de alumnos y alumnas, elegidos respectivamente entre los miembros de cada colectivo, que no podrá ser inferior a un tercio del total de los componentes del Consejo; un o una representante del personal de administración y servicios del centro; y el secretario o la secretaria del centro, que actuará ejerciendo la secretaría del Consejo Escolar, con voz pero sin voto.

¿Pero, por qué es importante la participación en la escuela? Y más en este órgano, ya que el futuro educativo de nuestros hijos, de nuestro centro o del gremio educativo, puede estar en juego. Las escuelas deben ser espacios donde el alumnado  se forme de manera competencial y, por ello, es muy importante que aprenda a formar parte del proceso democrático de los centros, para así en el futuro, poder entender la democracia en mayúsculas.

NIVEL DE PARTICIPACIÓN

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En la Revista del Consejo Escolar del Estado se recoge un estudio denominado “Principales características de las familias españolas según el nivel de participación en la educación escolar”, y donde los autores María Castro, Eva Expósito, Luis Lizasoain, Esther López y Enrique Navarro analizan la implicación de las familias en la educación escolar de sus hijos y su relevancia para la consecución de los objetivos educativos.

Hablan de dos tipos de participación en la escuela, por un lado aquella que ellos denominan ‘formal’, caracterizada por la implicación a través de los cauces explícitos reconocidos en la normativa (Consejos Escolares, asociaciones de madres y padres de alumnos, etc.) y la participación ‘informal’, aquellas que impregnan toda la realidad educativa (expectativas paternas, comunicación con los hijos, sentimiento de pertenencia a la escuela, ayuda en las tareas escolares, etc.).

Los resultados extraídos nos dan algún dato curioso y contradictorio, ya que los niveles muy altos de cualificación profesional se asocian negativamente con la participación y la implicación y como hipótesis según los autores, podría apuntarse a que se trataría de puestos laborales con una elevada dedicación que dificulta la participación e implicación.

Pero, asimismo, aquellos progenitores con más alta cualificación profesional resultan ser más participativos. A mayor cualificación profesional, mayor nivel de implicación, ya que este mismo estudio extrae que, los progenitores que participan menos en la vida de los centros educativos a los que asisten sus hijos son  familias con bajos recursos en el hogar, en las que la madre ha nacido fuera de España mayormente y en las que, de promedio, los alumnos tardan en llegar al colegio más de 7,5 minutos.

PRESENCIA MÁS ACTIVA

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Pero, a buen seguro que, en muchas ocasiones, estos datos se quedan en simples cifras, ya que cada centro es distinto a otro, y en buena parte la participación de las familias, del alumnado y del propio personal de los centros, depende de cómo se trabaje en los mismos y de cómo se ponga en valor la participación por parte de la comunidad educativa.

Lo que está claro es que familias, personal docente y no docente, alumnado e instituciones debemos ir de la mano, tener una presencia más activa en la vida de los centros y que los consejos escolares no se conviertan en rutinarios y faltos de contenido, sino que sean una oportunidad para convertirlos entre todos en  lugar de formación y participación, eso que tanto se echa en falta.

Porque lo que sí que está demostrado, y hay estudios que lo confirman, es que una comunidad educativa más participativa, es sinónimo de un mayor rendimiento educativo y una mejora del clima escolar. Y aquí en Canarias tenemos muchos ejemplos de ellos. Pero de eso hablaremos otro día.

Esteban Gabriel Santana Cabrera
Maestro de Primaria y actualmente asesor educativo en la Dirección Territorial de Las Palmas. Ha sido coordinador de distintos proyectos de dinamización de bibliotecas, de animación a la lectura y de radio escolar y tiene en su haber varias publicaciones de carácter didáctico dirigidas a los más pequeños. Bloguero y apasionado de las tic, la lectura y la radio pero sobre todo un enamorado de la profesión docente.

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