BENEFICIOS DEL HUMOR

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El Dr. Martín, nos previene acerca de los efectos del humor en las personas mayores pues todavía se han hecho pocas investigaciones al respecto, y se deberían efectuar mas estudios longitudinales, que nos digan la influencia del humor en la vida para un buen envejecimiento.

Aspectos fisiológicos del humor

Partimos de que la risa es la respuesta fisiológica del humor por lo que cuando hablemos del humor, nos referiremos a la risa como expresión de este sentimiento. El doctor Fry (2008) define la risa como “una experiencia orgánica total” en la que participan todos los principales sistemas del organismo como: el muscular, el nervioso, el cardíaco y el digestivo.

Acerca de los efectos somáticos de la risa, nos indica García, (2005:21) que:

Incrementa el ritmo cardiaco
Masajea los órganos internos

Relaja el sistema nervioso parasimpático.
Relaja la rigidez corporal

Favorece los procesos de digestión y eliminación
Se normaliza la presión sanguínea.

Mejora el aparato respiratorio, aumentando la capacidad pulmonar.
Favorece la producción de endorfinas, que producen un efecto balsámico, aliviando el dolor.

Aspectos cognitivos:

Para el doctor Ellis (1981: 277-283):

Las ventajas que esgrime Ellis de la utilización del humor desde el enfoque racional-emotivo son las siguientes:

El humor puede ayudar a las personas a reírse de sí mismos y autoaceptarse con sus puntos débiles o vulnerables.
Suministra nuevos datos y potencialmente mejores soluciones.
Distancia y relativiza a las personas de sus problemas desde una perspectiva humorística.

Entorpece y bloquea de forma drástica y enérgica la forma de pensar y actuar irracional.

Les demuestra que es un elemento de distracción y esparcimiento temporal entre ideas autodestructivas o cargadas de agresividad.
Les enseña a disfrutar de la vida y a comprobar lo importante que es pasarlo bien.
Deshincha la grandiosidad humana.

Aspectos relacionales y sociales del humor:

Fernández y García, (2010: 51-59):

Se potencia y fortalece la motivación del grupo, generando una actitud positiva ante determinadas tareas. Ayuda a mantener la atención a la vez que refuerza la memoria y la actitud de aprendizaje.

Favorece la cohesión y comunicación entre las personas. El humor ayuda a sentirse cercanos y próximos a los otros. Aumentan las oportunidades de pasarlo bien, gozar y disfrutar. Encuentra nuevas y divertidas oportunidades de compartir el tiempo. Se reducen las defensas y los miedos. Se enfrentan los problemas desde una perspectiva creativa y lúdica.

Genera un estilo y sentimiento de pertenencia grupal. Facilita los procesos de aprendizaje grupal. Se piensa de una forma más productiva y original. Se amortiguan las situaciones estresantes. Aumenta la ayuda mutua y solidaridad entre los sujetos.

ENVEJECER CON HUMOR

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El tránsito de nuestra vida laboral a la jubilación, provoca en las personas que se encuentran alrededor de los 65 años, una libertad repentina con la que no saben que hacer. Por otro lado una gran cantidad de mujeres que superan los 65 y que nunca han trabajado fuera del hogar, con su casa vacía por la ausencia de sus hijos y los nuevos problemas que ocasionan sus maridos intentando saber que hacer con ese tiempo “extra” resultado de la jubilación, provoca numerosas tensiones en la pareja.

Como resultado de todo esto considero importante

saber afrontar la jubilación y sustituirla por algo que nos llene.

Aceptar hacerse mayor requiere un periodo de adaptación, en el cual nos sentimos tristes y a veces, puede ir acompañado de un estado de depresión, pues nos damos cuenta de que hemos pasado a formar parte activa del último periodo de nuestra vida, el de “mayores”. El pesimismo, la preocupación excesiva o la desgana son muy importantes en esta fase de la vida. Hay que aprender a superarlos.

Mientras tanto, ¿Cómo podemos ayudar a las personas mayores en esta experiencia de envejecer? ¿Cómo enseñarles a envejecer bien, a mantenerse activos aceptando el discurrir del tiempo, a ser amables, a mantenerse fieles a lo que son, a interesarse por los demás y a continuar aprendiendo de ellos, a mirar el lado bueno de las cosas, a conservar el sentido del humor? ¿Esto se aprende? Algunos piensan que es ingenuo creerlo.

Para envejecer bien primero hay que aceptarlo, si lo miramos desde un prisma positivo, debemos aceptar el paso del tiempo, con una postura alegre, sin egoísmo, aprendiendo a ser amables, sin quejarnos y manteniéndonos fieles a lo que somos. Debemos aprender de los demás, sin llegar a aburrirlos con nuestras manías, a ver que las cosas aunque algunas veces vienen mal, también tienen un lado bueno, y, por supuesto, a conservar nuestro sentido del humor.

Creemos que es importante a la hora de acercarnos a esta nueva etapa de la vida, reforzar algunas fortalezas: “Amor, fe y el humor”. Muchas personas piensan que ellas no las poseen y ese hecho ya les va a condicionar a ser infelices el resto de su vida, pues les han enseñado que uno nace con una estructura determinada, por lo que, si tiene la suerte de tenerlas, será afortunado, y si no, será desdichado.

Hay que enseñarles el arte de vivir, disfrutar y relacionarse. Es necesario darles estrategias y habilidades intra e interpersonales con la intención de lograr mejorar su sentido del humor para superar fustracciones, sobrellevar desencantos, superar duelos, desterrar momentos de apatía, así como valorar aquellos momentos, situaciones y personas que nos hacen reír y divertirnos, con el objetivo de establecer una buena comunicación consigo mismo y con las personas con las que se interrelaciona y con el entorno.

Es importante aprender a mirar el lado bueno de las cosas. Las personas que son optimistas viven más años. Hay numerosos estudios que lo confirman. Podemos aprender a ser positivos, a mirar el lado positivo de la vida a cualquier edad. Incluso si esta aptitud no la hemos adquirido antes, podemos trabajarla, y replantearnos cambiar los pensamientos negativos y confiar en nosotros, ya que nuestra vida será como nosotros queramos que sea.

Como dice Walter Dresel:

“El otoño de la vida es como un mirador: nos instalamos en el para observar el camino recorrido y para preparar con entusiasmo el que nos queda por correr. El entusiasmo deberá estar intacto, porque siempre estas en condiciones de crear y de aportar para tu vida renovadoras experiencias que enriquezcan tu existencia.”

MI EXPERIENCIA

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Trabajo con mayores desde hace varios años, y a lo largo de todo este tiempo he aprendido que estas personas poseen muchas ganas de participar en cursos y talleres. Son personas con problemas comunes: la soledad, la falta de comunicación, el deseo de relacionarse. Y uno de los pocos lugares que cuentan para poder hacerlo es en los centros de mayores y en asociaciones.

Su nivel de desinhibición es muy grande y cuando están en grupo, dan lo más importante de ellas:

la alegría, la imaginación, los recuerdos y las ganas de jugar.

Busco la manera de llegar a ellos a través del juego, del movimiento, de la dramatización, del conocimiento y del sentido del humor. Les animo a que vivan el ahora, que se ocupen del presente, que disfruten, que consigan jugando y riendo liberarse de actitudes mentales negativas.

Haciendo una valoración sobre el trabajo realizado en nuestros cursos y sobre el estado emocional de las personas que asisten a ellos. Tengo que decir, que no todo lo valoro de manera positiva; ya que la gran mayoría de los mayores con los que trabajo tienen un importante defecto, y es el de la “resignación”, se han acostumbrado a ella, han vivido con ella, se la han enseñado.

Cuando les preguntas sobre que pasa después de salir de la clase, dicen que llegar a casa, estar con su marido, si todavía les vive, hacer su rutina cotidiana. Si les dices ¿que por qué no se plantan otras cosas? Dicen que llevan toda la vida haciéndolo y es lo que tienen y lo que saben hacer. Estamos hablando de una población, la mayoría mujeres, con unas edades comprendidas entre los 65 y 84 años.

La mayoría de los grupos con los que trabajo lo forman personas muy heterogéneas y condicionadas por origen, situación económica y nivel cultural.

Procuro aprovechar el tiempo que están conmigo e intento sacar el mayor partido posible, buscando su disfrute; y eso es fácil, pues son personas con una gran capacidad de pasárselo bien. Si utilizamos el humor, hacemos que los mayores pongan en movimiento todas las emociones y de ninguna manera se queden indiferentes, utilizaremos dinámicas y juegos que les ayuden a liberar tensiones del cuerpo y les haga llegar a la carcajada como se dice en muchos artículos y libros, “debemos encontrar el niño interior, el juguetón, el creativo, el que nos quite la venda y nos devuelva el sentido del humor, la sonrisa, la risa”.

“No dejamos de jugar porque envejecemos,

sino que envejecemos porque dejamos de jugar”

Ellos lo ponen fácil, ya que la gran mayoría, tienen una risa contagiosa, son personas con un alto nivel de desihibicion. Así al facilitarles el lugar para reunirse y decirles que vamos a disfrutar durante un tiempo de un espacio, donde cerraremos nuestras puertas y nos dedicaremos a nosotros, hemos logrado lo principal, una mayor comunicación, ya que dicen “que la distancia más corta entre dos personas es la sonrisa.” La risa compartida es aquella que persigue la unión y aceptación de las personas, estrecha los lazos y vínculos entre ellas y genera un ambiente positivo y constructivo, una actitud de tolerancia. Facilita la relación y aumenta la solidaridad. Encuentra nuevas y divertidas maneras para disfrutar unos con otros y sirve de apoyo y confianza mutua.

Como dije antes, dispongo de poco tiempo, pero intento aprovecharlo bien, resaltando los momentos de buen humor, pues sé que estos ratos ayudan a los mayores a liberarse de actitudes mentales negativas, acorralan las preocupaciones, desdramatizan los problemas. Al reírnos se fortalecen la autoestima y la confianza en las personas deprimidas, también ayuda a superar la timidez a la hora de comunicarnos con los demás.

En efecto, debemos resaltar la importancia de la risa, ya que es una forma que tienen las personas de evadirse del sufrimiento, pues cuando reímos no pensamos y al no pensar no sufrimos.

Es importante que las personas desarrollen la ilusión por vivir, que utilicen el lenguaje de manera positiva, para ello trato de que aprendan habilidades para experimentar emociones positivas, que les lleven a adoptar una actitud positiva ante la vida. Busco que disfruten del momento, del presente y que cuando se marchen, se lleven para casa alguna habilidad que puedan utilizar.