EDUCAR PARA LA INCERTIDUMBRE

EDUCAR PARA LA INCERTIDUMBRE

Vivimos en una sociedad del riesgo, esta característica diferencia nuestras sociedades actuales y las sociedades industriales, según U. Beck. En otra ocasión, expuse brevemente varias connotaciones de esa singularidad. Quisiera hoy profundizar en la existencia de la incertidumbre y sus posibles consecuencias y modalidades que, a modo de ensayo, podemos y debemos llevar a la matriz educativa. La idea fundamental es la siguiente: la incertidumbre no es una anomalía, una excepción que haya que erradicar; al contrario, es una variable esencial que debería introducirse en todos los elementos de una educación del s.XXI. Desde esa afirmación, argumentaré tres posibles consecuencias.

Una educación para la incertidumbre, es una educación donde no hay certezas en gran parte de los elementos, procesos y estructuras que nos rodean. Si tiene sentido verdaderamente aprender a aprender, es porque sabemos de antemano que el presente no tiene asegurado una linealidad y secuencialidad en el futuro, que sí tenía en una sociedad industrial. No hay certeza en qué elementos serán los principales en nuestro itinerario biográfico y profesional; no hay certeza en la dinámica de los procesos económicos, sociales o políticos donde vivimos y estamos; no hay certeza en las estructuras que, por inercia, nos rodean y protegen actualmente: qué tipo de Estado o qué tipo de mercado, qué tipo de sistema educativo o sistema sanitario, son estructuras que acelerarán su dinámica, hasta convertirse en rostros irreconocibles para el sujeto actual. Esa aceleración crecerá. El determinismo que la física cuántica derrumbó en el s.XX, hoy se muestra como un cadáver explicativo de nuestra época. Un detalle: cada vez se hace más evidente socialmente cómo se va conformando una dualidad respecto a esta característica. Los que rechazan la incertidumbre, los que se adaptan a ella. Una educación para la incertidumbre debería interiorizar estas características, significando su inevitabilidad y estrategias.

Una educación para la incertidumbre, es una educación para la hibridación de los elementos, procesos y estructuras que nos rodean. Nuestra sociedad del conocimiento rompe esas dualidades que, tan bien, nos protegían en su oposición teórica y práctica. En forma de preguntas: ¿tiene sentido una organización curricular que divida ciencias y letras? ¿tiene sentido oponer la naturaleza y la cultura, no son procesos ya convergentes y, muchas veces, sintetizados en nuestra cultura/naturaleza tecnologizada? Sí, nuestra globalización compleja es una época híbrida, un  tiempo donde lo nuevo no pide permiso a las fronteras de las disciplinas y los géneros. Está delante de nosotros: red de redes, la educación como procesos de aprendizajes diferentes que se retroalimentan en un bucle apasionante, a la vez social e individual. Una duda: ¿cómo está transformando esta nueva geografía a nuestra estructura cognitiva y emocional? Hace tiempo enunciamos algunas consideraciones: una nueva complejidad cognitiva se está construyendo. Complejidad y síntesis donde las neurociencias empiezan a dar luz. Otro día hablaremos de ello.

Una educación para la incertidumbre, es una educación para la flexibilidad del tiempo y el espacio. M.Castells nos describió cómo las nuevas tecnologías habían y estaban transformando estas nuevas relaciones temporales y espaciales: lo explicamos aquí. Arriesgo posibilidades educativas que deberán construirse metodológicamente: no se trata de elegir entre lo lineal o lo fragmentario, deberíamos construir la capacidad del sujeto de contextualizar esas dos dimensiones. Cómo esta multiplicidad temporal y espacial va a dibujar nuestras vidas, cómo la red se introduce como modelo de explicación en ámbitos insospechados, es comprender que el tiempo y el espacio están siendo procesos mediados tecnológicamente, con efectos imposibles de predecir. Nunca una época tuvo tantas experiencias del tiempo y del espacio disponibles: apasionante…

Una educación para la incertidumbre asume estos retos, no los ignora o los obvia por su complejidad. Aunque puede hacerlo, estaría asumiendo su anacronismo irreversible: una educación que no quiere enfrentarse a las preguntas de su tiempo. En esa travesía, el tecnorrealismo que defendemos en INED21 debe ser el puente entre lo que hay y lo que debe llegar. A menudo leemos y escuchamos revoluciones educativas constantes: son demasiadas para que todas tengan razón. El abuso del concepto de revolución educativa, es un ejemplo de su banalidad. No hay tecnología en abstracto, toda tecnología es un contexto individual y social. Dicho de otro modo: tecnorrealismo. 

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  • Juan Francisco

    Es así estimado. En mi caso fue la lectura de E. Morin entre otras, la que me cautivó por su apasionante descripción de la incertidumbre como rasgo distintivo de nuestra cultura. Ello exige, una fuerte capacidad emocional y flexibilidad cognitiva para vivir y descifrar las problemáticas y solucionáticas actuales con ánimo constructivo a pesar del “pavor” que la incertidumbre puede provocar en muchos acostumbrados a un ambiente de control de todas las variables, de estabilidad, orden y regularidad que se rompe creativamente, deseablemente, por los espíritus libres que están dispuestos a ver en el viaje la recompensa, al decir de Senge, sin que por ello deban estar seguros y plenos de certezas. Lo importante es que esta búsqueda esté orientada por una ética de bien común y de interacción, trabajo en equipo y construcción y gestión de conocimiento. Un gran abrazo¡

  • http://www.otraspoliticas.com/ Enrique

    Cuando tener poco dinero sea la norma, lo más sensato será no necesitarlo, o disponer de múltiples habilidades que permitan sustituirlo o conseguirlo; desde bailar claqué hasta coser un traje, pasando por programar, impartir un cursillo sobre Nietzsche, conducir un autobús, montar un escenario o podar un tilo.

    Si no cambia en profundidad, no parece que el sistema educativo que conocemos sea capaz de ofrecer tal cantidad y variedad de destrezas. Y esto es la parte fácil de lo que se necesitaría. Es mucho más problemático aprender a convivir con las largas temporadas de inactividad laboral de las que dispondremos. Y lo es todavía mucho más aprender a vivir sin certezas.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-para-la-incertidumbre