Hace poco me encontré con una entrada en El Blog que te hará pensar en la que se hacía eco de unas declaraciones del anterior Presidente de Uruguay, el muy conocido “Pepe” Mújica en las que mostraba su idea de la Educación.

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Su idea, muy comentada favorablemente en las RRSS, es que hay aprendizajes fundamentales para la vida que deben trabajarse en los hogares y que se supone que los niños deben llevar razonablemente adquiridos al incorporarse al entorno escolar. En concreto, decía que:

En la casa se aprende a saludar, dar las gracias, ser limpio, ser honesto, ser puntual, ser correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes y a los no tan semejantes, ser solidario, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizado.

Y en la escuela se aprenden Matemáticas, Lenguaje, Ciencias, Estudios sociales, Inglés, Geometría y se refuerzan los valores que los padres y madres han inculcado en sus hijos.”

En un análisis rapidísimo “estímulo-respuesta” me pareció un mensaje bienintencionado pero muy reduccionista y redacté el siguiente tweet: “OK. Faltan los aprendizajes más importantes: APRENDER A AMAR Y A PENSAR. ¡Ojo! Los profes también tienen que educar.”

Ampliando un poco más mi respuesta, y dentro de las limitaciones de espacio de una entrada de blog como esta, comento algunas puntualizaciones que me gustaría hacerle al expresidente, persona que admiro:

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Es cierto que en el hogar se pueden, y se deben, enseñar todas esas conductas y actitudes, pero no bastan, aunque a veces ni siquiera se consigan. Todos esos aprendizajes serían insuficientes si se quedan en meras respuestas convencionalmente aceptadas carentes del convencimiento interior de “lo bueno que es hacer el bien”.

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AMAR (buscar el bien del otro, independientemente de los sentimientos, sensaciones, emociones, etc. que uno experimente) es una necesidad vital de todo ser humano. No me refiero al deseo que tenemos de que nos amen sino a los grandes desarreglos psicológicos y sociales que acaba sufriendo el que no ama. Todo niño debería experimentar en su desarrollo la seguridad y el “calor” de sentirse amado. Y a todo niño debería ayudársele a aprender a amar de forma que, sin ruido de palabras, pueda ser feliz, no “el día de mañana” sino en su vida cotidiana. Es importante ir mucho más allá de los significados tan pobres y reduccionistas que la R.A.E. (Real Academia de la Lengua Española) otorga a la palabra amor.

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¿En el hogar, y en la relación social y con la Naturaleza, no pueden aprender muchas de esas “asignaturas” que tradicionalmente se asignan a la escuela? No me estoy refiriendo a esos restos de antiguas concepciones escolares denominados “deberes” sino al reconocimiento de que el ser humano no puede dejar de aprender en todo momento. ¿Qué podría decir nuestro amigo en aquellos casos en que “los padres cogen el mando”.

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Está bien que la escuela enseñe conocimientos, habilidades, competencias, “asignaturas”, pero qué bueno sería que, por encima de cualquier otro objetivo, procurase que los niños y jóvenes APRENDAN A PENSAR. Los que llevamos muchos años en esto de la enseñanza sabemos que es compatible un brillante currículo académico con graves carencias de sentido crítico.

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Siempre que tengo ocasión hago campaña a favor de introducir en la escuela la “Formación intelectual”. Claro qué es relevante la “Educación Física” pero ¿solo somos cuerpo?

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Conviene puntualizar que enseñar a pensar no consiste, ni muchísimo menos, en lograr que los niños y jóvenes adopten necesariamente “mis” percepciones sobre la realidad. En este sentido considero muy importante ayudar a cada persona a que sea capaz de recorrer SU propio camino en la tarea común de conocer lo mejor posible la “escurridiza” realidad avanzando ilusionadamente en la búsqueda del Bien, la Verdad y la Belleza.

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Dado que la realidad es una, deberíamos ir abandonando las percepciones esquemáticas y fragmentarias que asignan rotundamente unos roles concretos a cada entorno educativo e ir avanzando hacia una cooperación sinérgica en la que los primeros y principales responsables de la educación, los padres y las familias, asuman el papel que la Naturaleza les otorga sin delegar su responsabilidad en manos de los técnicos de la enseñanza- aprendizaje.

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Recomiendo el enfoque sinérgico que @rosaperis de @EPEDIG nos presenta en la relevante comunicación con gran potencial educativo y social que ha presentado en el International Congress: Families and Schools recientemente celebrado:

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Retomando mí crítica inicial al reduccionismo, comparto con los lectores mi percepción sobre una cita bastante conocida en el ámbito de la investigación: “Si yo salgo de la naturaleza, a lo ignoto, a los extramuros del conocimiento, todo parece confuso y contradictorio, ilógico e incoherente. Esto es lo que hace la investigación: lima la contradicción y vuelve las cosas simples, lógicas y coherentes” (Szent-Györgyi, 1980). A simple vista puede parecer un canto a la importancia y utilidad de la investigación de la que el autor afirma, ingenuamente desde mi óptica, que “hace simple lo complejo”. Profundizando un poco más creo que este enfoque sirve de justificación intelectual a las ideologías, que tanto daño hacen, y que básicamente consisten en pretender que una explicación cerrada de la realidad pueda dar razón de toda la realidad y se considere la “verdad” ante la que no cabe discusión posible.

Por otro lado, creo que es una experiencia muy común percibir que cuantos más conocimientos se tienen de una determinada rama del saber, más deseos de saber se tienen y más interrogantes surgen; al aumentar el conocimiento aumenta la habilidad para conocer descubriendo nuevos e insospechados horizontes. Por eso, es muy importante ayudar a caer en la cuenta de que todo conocimiento lo es “in fieri”, en construcción, y su validez es provisional mientras no se encuentre otra explicación mejor. Creo que una parte considerable de la madurez humana consiste en ese darse cuenta de la enorme complejidad de la realidad sin sufrir por ello y sin “cerrar los ojos” para no desconcertarse.

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Y, para finalizar, una breve mención la interdisciplinariedad que percibo entre las “dos asignaturas pendientes”: APRENDER A AMAR Y APRENDER A PENSAR. Aunque son dos cuestiones distintas tienen muchos, y muy fuertes, vínculos mutuos. No se puede amar lo que no se conoce y para eso hace falta desarrollar las capacidades de observación y análisis, fases importantísimas del “pensar”. Cuando se está dispuesto, sincera e ilusionadamente, a buscar el bien del otro, es decir a amar, se estimula la creatividad y la inteligencia (facultades “primas hermanas”) para encontrar los medios más aptos para lograr el objetivo.

Saludos muy cordiales a todos los educadores, profesionales o no, y a toda persona interesada en el bien de la Humanidad y de la Naturaleza.

José Fernando Calderero
Dr. En Filosofía y Ciencias de la Educación. Lic. En CC Químicas. Miembro del Grupo de Investigación “Educación Personalizada en la Era Digital” (GdI-07_EPEDIG). Profesor de “Teoría y Práctica de la Investigación Educativa” en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Vicepresidente de la Fundación “Padres por la Excelencia, Padrex”. Presidente del Capítulo de Educación de AEDOS. Ponente en cursos de formación de profesores y directivos en España y América. 20 años de directivo y profesor universitario. Ha sido Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Subdirector del Área de Educación del Centro Universitario Villanueva, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, profesor de la Universidad de Navarra y del Bachelor of Education de la University of Wales 24 años como director, profesor y directivo de colegios. Miembro por oposición libre del Cuerpo de profesores agregados de instituto de bachillerato. Autor de libros educativos. Director de tesis doctorales.