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DISCIPLINA POSITIVA

He de confesar que a mí, esto de la disciplina positiva, me genera bastante animadversión. No sé, lo veo como primitivo, como algo arcaico, como algo que se debió superar ya hace bastante tiempo.

La disciplina se asocia a la doctrina, a la instrucción –que no educación, entendida como el proceso por el que un niño adquiere unas habilidades y competencias que le van a permitir adaptarse mejor a la vida–, a la milicia, a la observancia de las leyes y ordenamientos de una profesión o institución y a un instrumento de azote y castigo. Y no lo digo yo, lo dice el diccionario de la lengua española.

Cuando oigo hablar de disciplina positiva me viene a la mente aquel coche del siglo pasado, que no estaba mal, ni mucho menos, pero que comparado con los coches de hoy en día ha quedado más que obsoleto.

EUFEMISMO INOCENTE

Ciertamente se puede ir a cualquier lugar con un SEAT 600, pero con un coche nuevo y moderno también… Pero más rápido, con más seguridad y con más confort.

Pero también es cierto que algunas personas no consiguen acostumbrarse al cambio automático, a usar el GPS o al asistente de cambio de carril…

Posiblemente las mismas personas que deseen recuperar el obsoleto concepto de disciplina, pero eso sí, con un toque modernizado, con una palabra que le dé ese punto de eufemismo inocente que se necesita para justificar el retorno a algo anticuado y primitivo.

‘Es que a mí me van los clásicos renovados’, dirá aquel que prefiere una tecnología de otro siglo a aprender algo nuevo; ‘es que es una disciplina positiva’, dirá aquel que no pudo, no supo o no quiso poner en práctica los últimos avances en pedagogía y educación.

POTENCIAL COGNITIVO

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¿Dónde queda el trabajo de miles de pedagogos, psicólogos, maestros, educadores y demás entendidos en educación? ¿Dónde queda la cognición? La naturaleza ha estado moldeando durante miles de años nuestra mente, nuestro cerebro, nuestro sofisticado centro de control, para que de un plumazo borremos todo el potencial cognitivo de nuestra especie y lo reduzcamos a un tema de disciplina. Hala, a la basura todos los increíbles hallazgos que la neurociencia nos ha brindado en los últimos años.

A veces dudo si la disciplina positiva ha nacido para atender las necesidades educativas de determinados niños y adolescentes o para cubrir la incapacidad de algunos educadores para lidiar con algunos casos más o menos complicados. A veces dudo de si la disciplina positiva es el recurso más fácil y más cómodo para aquel que no se atreve, no sabe o no puede utilizar recursos más complejos, más sofisticados o más laboriosos. Es que si tenemos que matizar que es positiva… Ya vamos mal…

EDUCAR ES EXIGENTE

Educar es exigente, sin duda; educar requiere de mucha disciplina (tranquilos es un guiño) y de mucha motivación y constancia. Es más, posiblemente los mismos que quieren educar a sus hijos en disciplina positiva tendrían serias dificultades en seguir las instrucciones y preceptos que esperan que sus propios hijos sigan. En definitiva, educar no es más que un tema de coherencia personal y familiar.

Un niño siempre es una víctima del contexto en el que ha nacido sin escogerlo. Cuando el contexto es hostil, el niño aprende lo que puede, a veces por imitación y a veces por resignación. Sea cual fuere el caso, detrás de la mayoría de trastornos de conducta –o de simples incomodidades, en algunos casos– no hay más que un abandono emocional, una incapacidad educativa de las figuras de referencia del niño o un contexto hostil y complicado en el que mantener la cordura es todo un reto.

Pues esto de la disciplina positiva a mí me parece que es un chaparrón de agua fría sobre un niño que está mojado y empapado, me explico: no solo maltratamos a nuestros niños –cuidado de nuevo, uno se imagina el maltrato infantil en el seno de una familia de arrabales, pero nada más lejos de la realidad ya que el maltrato, más o menos evidente, está presente en todo tipo de familias, de cualquier clase social, de cualquier barrio de cualquier ciudad y camuflada peligrosa y sádicamente en familias aparentemente normales–; sino que cuando molestan demasiado, o se nos escapan de las manos, o nos tratan de la misma manera que les hemos tratado nosotros o no podemos hacer nada con ellos, les aplicamos una buena dosis de disciplina positiva esperando que sea un correctivo eficaz de nuestra propia incapacidad. De nuevo, la víctima es castigada una vez más.

Hasta aquí no he expresado más que mi opinión –y que conste que a mí un 600 me despierta cierto romanticismo y admiración, como el de quien mira un viejo telar en un museo– pero a partir de ahora voy a tratar de dar algunos argumentos con una base más sólida o por lo menos voy a pensar en voz alta, esperando que entre tú y yo podamos darle forma a un concepto que ha despertado mi curiosidad –y mis temores–.

BIENVENIDO AL CAOS

Tendremos que ver cómo evoluciona esto de la disciplina positiva pero yo de momento me formulo algunas preguntas como por ejemplo ¿No habrá algo mejor que la disciplina positiva para conseguir un cambio en una persona? ¿No habrá alguna alternativa? Acabado de salir de la carrera trabajé como motivador-formador del colectivo PIRMI, personas en situación de exclusión social, que tenían que asistir a mis clases a regañadientes si querían cobrar una renta mínima.

Bienvenido al caos‘, me dijo un compañero, pero queridos, recuerdo con cariño esos tiempos como un estimulante y difícil ejercicio de creatividad, exquisitez en el trato y cuidado extremo a las necesidades de mis alumnos. Fue exigente para mí, reconfortante sin duda y de utilidad para mis alumnos y mucho más para mí.

Recuerdo también cómo solía encargarme de los niños más complicados en el ‘esplai’ de los sábados (algo parecido a las agrupaciones de boy scouts, centros de ocio educativos para niños y jóvenes, o clubs de tiempo libre) a la que asistían cada sábado los niños de un barrio no muy favorecido de una ciudad del área metropolitana de Barcelona. No fue tan difícil, jamás recurrí a la disciplina, fue exigente y laborioso, estimulante y a veces frustrante, pero de esa misma frustración nacía una profunda motivación por hacerlo mejor a la semana siguiente.

Me resultaría difícil simplificar en unas pocas líneas el secreto de mi éxito con estos casos difíciles y a priori susceptibles de una buena dosis de disciplina según muchos de mis compañeros, pero lo cierto es que en ningún caso vi estereotipos ni etiquetas, delante mío solo tenía niños y jóvenes que tenían unas determinadas necesidades y que hablaban un determinado idioma. Gracias a la empatía, al amor, a la comprensión y a muchas horas de trabajo por mi parte preparándome actividades para tratar los aburridos temas, dinamizando las sesiones y estableciendo los estándares de una relación sana basada en el respeto mutuo, conseguí involucrarlos y motivarlos.

PIRMI

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Pero dejemos de hablar de mí. Bueno discúlpenme que utilice mi experiencia personal, pero he creído que era interesante para poder gestionar una de las objeciones más fáciles que pudiera realizar un acérrimo defensor de la disciplina positiva, sí, la de éste no ha visto un niño difícil en su vida… Pues sí, unos cuantos… En el ‘esplai’ comentado como voluntario, en los talleres del PIRMI, en los dos hospitales públicos en los que trabajé con niños y adolescentes y en mi experiencia como psicólogo mientras realizaba el servicio militar, obligatorio en aquellos tiempos.

Sí, he visto como en muchos casos, mis compañeros, suplían su incapacidad para motivar, para argumentar, para debatir y para dialogar con la obediencia sin sentido y la disciplina. Para mí, sinceramente, la disciplina era la estrategia de elección de aquellas personas que o bien no creían en el diálogo ni en la motivación o bien no tenían más recursos o más ganas de esforzarse y asumir incomodidades.

FIGURA DISCIPLINANTE

Pero tengo una pregunta más que formularme y formularte. ¿Qué pasa cuando la disciplina no es consensuada? ¿Funciona? ¿Provoca cambios profundos a nivel actitudinal? ¿O quizás tan solo se trata de una reacción lógica al miedo a la autoridad y a las consecuencias de la falta de disciplina? ¿Y qué pasa cuando no está la figura disciplinante?

Me temo que la disciplina positiva no consigue ningún cambio en cuanto a responsabilidad se refiere ya que las cosas se hacen por obligación. Llámenme romántico, pero siempre he creído que una persona es libre cuando puede elegir. Normalmente actuamos por obligaciones o por resignaciones, lo cual es un gran descanso para nuestra conciencia ya que nos permite eludir toda responsabilidad y culpabilizar a alguien de nuestras salidas de tono y de nuestros problemas.

Es lo que pasa. La disciplina genera una energía negativa en forma de ira o de resentimiento que va añadiendo presión a la olla, poco a poco, cada vez más y más de tal manera que al final hay que permitir pequeñas descompresiones para poder seguir manteniendo la disciplina. Este fenómeno lo podemos ver cada día. Yo soy de los que prefiere elegir la vida que quiere vivir. Créeme, no es fácil, tampoco tan difícil. Pero hay quien disciplinadamente va cada día a un trabajo que no le gusta, se va cargando de tensión y luego tiene que descargarla, frecuentemente con conductas tóxicas, explosivas, implosivas o compensatorias.

CAPACIDAD PARA ELEGIR

La mayor parte de mis clientes disciplinados diezmados por una crisis existencial, fueron felices cuando cambiaron su disciplina autoimpuesta por su capacidad para elegir responsablemente aquello que querían hacer. Las personas que le rodeaban, su familia, compañeros de trabajo e incluso los desconocidos con los que se cruzaban, también…

Te propongo que cambies la disciplina y las obligaciones que tienes en tu vida por elecciones y consecuencias más o menos incómodas de tus decisiones. Levantarme a las seis de la mañana para avanzar trabajo para poder estar con mi hija por la tarde no es disciplina, ni un acto de amor, ni tan solo un contratiempo ya que no es ni más ni menos que una elección libre basada en el deseo de ver crecer a mi hija, pasar tiempo con ella y atender a la vez a aquellas tareas que realizo gustosamente para ganarme la vida.

No hay acritud, ni resignación, ni culpabilizaciones… No hay más que mis elecciones y las consecuencias de mis elecciones.

AUTOCONTROL

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Sigo con mis preguntas en voz alta… ¿Qué relación hay entre la disciplina y el autocontrol? Por buscarle el lado positivo… El autocontrol y la capacidad para automotivarse son dos fortalezas emocionales que nos van a ayudar a lo largo de nuestra vida. ¿Pero existe alguna fórmula mejor que la disciplina para ejercitarlas? Sí, sin duda. Uno puede lavarse las manos por inercia, sin pensar o por disciplina. Pero llegar a adquirir el hábito puede ser una agotadora tarea de acoso y derribo o un inteligente ejercicio de creatividad y argumentación.

Yo siempre he preferido la argumentación a la obligación, al castigo o a seguir instrucciones sin entenderlas y sin verles un sentido. Quizás sea más efectivo pasar una tarde junto a nuestros hijos realizando un trabajo de investigación con un microscopio, google, colores y cartulinas que el ejercicio de la disciplina sin más.

De pocas cosas estoy seguro, pero una de ellas es que tan solo incorporamos a nuestro bagaje, asimilamos y transferimos aquello que entendemos y que creemos que nos va a resultar de utilidad. Pero permíteme una pregunta… ¿Tú siempre, siempre te lavas las manos? ¿O quizás a veces necesitarías algo de disciplina positiva -otro guiño-?

A veces no nos lavamos las manos, ni los dientes, ni nos duchamos… Pero en cambio queremos que nuestros hijos y alumnos sigan una estricta disciplina que nosotros mismos seríamos incapaces de seguirla. Prueba a imaginarte lo que es estar sentado un montón de horas cuando estás repleto de energía y vitalidad… Siempre es mejor saber contextualizar y guiar a nuestro hijo o alumno con amor y comprensión en vez de aplicarle un correctivo o apelar a la disciplina para tratar de mantener lo que no tiene sentido.

TERRENO DE LA COGNICIÓN

En definitiva lo más importante que podemos enseñar a nuestros hijos y alumnos es a identificar el sentido de sus actos así como las consecuencias que van a tener. Fíjate ya hemos pasado de nuevo al terreno de la cognición.

Pero por si todavía albergas alguna duda, te voy a citar la definición de disciplina: instruir con el objetivo de tener un determinado código de conducta. Yo, ya me perdonen los defensores de la disciplina, soy más de educar con el objetivo de tener una variedad de recursos cognitivos que te permita analizar el contexto en el que te encuentras y tomar las mejores decisiones desde el respeto hacia tu persona y hacia las personas que te rodean.

VALORAR EL SENTIDO

Bajo mi punto de vista, la única aportación positiva que le veo a la disciplina ‘entre muchas comillas’ es la capacidad de esfuerzo que se traduce en una perseverancia, pero de nuevo creo que si enseñamos a nuestros hijos y alumnos a valorar el sentido que tiene lo que están haciendo, serán capaces de aprenderlo igual o mejor ya que la palabra ‘perseverar’, cuando no se acompaña de la palabra ‘inteligentemente’, fácilmente se puede confundir con la obstinación.

Nada de acato, nada de resignación, nada de obediencia. Prefiero constancia, responsabilidad y perseverancia inteligente… De la misma manera que prefiero un coche con ABS, GPS y ETC… Llámame sofisticado…

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