Dicho así, el currículo se entiende más como “bagaje” del alumno al terminar que como prescripción ministerial. Leo currículos en general y el reciente de la LOMCE en particular y me cuesta imaginar a los alumnos conscientes de tener un “bagaje” concreto al terminar. Y creo que precisamente el triunfo consistiría en que todos se supieran a sí mismos como parte de un mundo también sabido. Que supieran lo que saben y lo que no saben, lo que son capaces de afrontar y lo que no. Que fueran capaces de tomar su currículo en manos propias y hablo del final de la escolaridad obligatoria (ESO). Mi experiencia y mis informaciones no me hacen optimista. ¿Por qué?

No veo que los estudiantes se sientan cómodos con la idea de “saber” o de “conocer”. “Tienen” cosas que se aplican a esto o aquello, pero que no les hacen ser u obrar. Hacen Historia pero no tienen una manera histórica de comportarse, hacen Matemáticas pero no suelen ser seres matemáticos, hacen Biología o Química pero no se les ve una inteligencia química o biológica incorporadas, hacen Lengua pero suele costarles la comunicación elegante, incluso se les ve a veces rehuirla.

CURRÍCULO-COMO-VISIÓN-DEL-MUNDO-01-Magazine-INED21

Un bagaje cultural consistiría en sentirse cómodos con la cultura, practicarla con desenvoltura y sin pedantería, como forma de vida. Si la cultura es todo lo que no es biología y ellos son seres biológicos y culturales, deberían sentirse cómodos en sus cuerpos y en sus mentes. Si esto fuera así en todas las personas, hasta la vida en los negociados y los aeropuertos podría ser una delicia. El empleado de ventanilla de una aerolínea tomando decisiones ponderadas y suavizando problemas e informando con prudencia y prolijidad a los afectados y éstos entendiendo la situación global y colaborando en las soluciones. Los fallos en la educación se ven en todas partes.

El problema es inmenso pero a veces ver una pequeña parte, ayuda. Hasta lo más pequeño tiene una perspectiva universal, vean, si no, la pobre mariposa aleteando en Pequín y responsable de la tormenta en Nueva York. Bromas aparte, lo que quiero decir es que los currículos oficiales suelen ser excesivamente analíticos. Presentan piezas de construcción escrupulosamente ordenadas pero cuesta ver el edificio terminado. Y creo que la mente, especialmente la de los niños, funciona viendo totalidades que después se analizan. Pondré un ejemplo.

Los profesores suelen quejarse de que la Historia no interesa a los jóvenes. No están maduros antes de los 16 años para entender la secuencia de actos y actitudes que adultos entre 20 y 70 tomaron en tiempos pasados. No lo veo tan raro. Enseñamos una Historia “hecha” con decisiones y errores adultos de gente que tenía intereses en asuntos que ya no son o países que ya no existen. Y vamos paso a paso desde el pasado hasta el presente. Por ejemplo, en segundo de ESO, si no me equivoco, se estudia la Edad Moderna. Se empieza por el Renacimiento (se les recordará el románico y el gótico, tal vez), se definirá, se listará y se hará balance para continuar con los Descubrimientos, la Monarquia de los Austrias, la Reforma, la Contrareforma, el Absolutismo, la Ciencia, la Literatura, el Barroco, la Ilustración y el Despotismo Ilustrado, la Independencia Americana y la Revolución Francesa (yo nunca llegué a ella en todos los cursos que hice, creo que ahora la hacen al principio de cuarto para no saltarse algo tan fundamental).

Yo, ahora, no lo haría así. Me encantaría que muchos profesores no lo estuvieran haciendo así. Creo que se parece a mostrar un bosque empezando por el primer árbol y describiendo los más destacados y especiales para al final decir: “Señores, ya han visto el bosque. ¿Bonito, no?”. Creo que a esa edad, lo bonito es el bosque, todo él. Pongamos la Edad Moderna, toda ella. El Renacimiento o la Reforma, no sé, pero la Edad Moderna, en general, sí que está en todos nosotros. Fue cuando empezamos a darnos más importancia a nosotros mismos y comenzamos a tener problemas nuevos que aún se arrastran. No parecerá moderna viendo una gorguera pero el problema del sudor aún nos abruma. Y el de la moda nos mueve. Yo subiría a una colina cercana y vería todo el bosque. ¿Qué árboles parece que hay? ¿Qué puede vivir ahí abajo? ¿Habrá plantas menores y con pinchos? ¿Cuánta sombra, cuánto ruido o cuánto silencio? Una vez especulado, vale la pena bajar. La Edad Moderna es ese bosque. Va de aquí hasta allí y lo representamos con una línea del tiempo (el mapa de la Historia). Sobresalen algunos árboles, claro, y los vamos a ir poniendo sobre la línea. Uno será el Renacimiento, pero ya lo estudiará después a fondo quien lo prefiera. Es un árbol cultural, básicamente, hecho de pinturas, esculturas y edificios, también de libros. Después está el de la Reforma que se ve sobresalir allá. Es árbol religioso, pero también político. Algo gordo pasó en la cabeza de las personas que el mundo se llenó de Biblias y muchos se mataban entre ellos. Después iremos a ver porqué. Fíjate si fue gordo que hoy se meten con la Merkel por cosas de esas, de hace cuatrocientos años. Y un poco más allá está el árbol de los Descubrimientos. La gente empezó con tres continentes y acabó con cinco. Será grande un continente, pero no se ve así como así. Quirós se inventó uno juntando brumas con islas. La línea del tiempo se va llenando de árboles-tipo. Hay uno muy especial llamado Querella de antiguos y modernos que da la medida del concepto que aquella gente tenía de sí misma. Y están las opiniones más o menos ridículas y los magnicidios o el ajusticiamiento de reyes y el surgimiento del pueblo; y “el estado soy yo, y que éstos ni se lo piensen, que si quieren algo, que lo pidan que yo soy muy magnánimo”; y los abusos y la crueldad y la conciencia jurídica de Beccaria. Hay cosas muy importantes de las que se habla muy poco en los currículos pero que dan para una charla inicial distendida, simplemente para ver cuánta Edad Moderna hay en nosotros. Y acabar con una línea del tiempo llena de números y rótulos (y dibujitos, ¿por qué no?). Y ahí empezamos a trabajar, con tiempo y calma. Al final TODO nos lo explicaremos TODOS y haremos balance resumiendo qué hemos encontrado, qué hemos visto y disfrutado, cómo hemos definido las cosas, y tendremos visión de cómo empezó y cómo acabó todo para seguir adelante. Y quizá hagamos acta redactando un libro de texto. Posiblemente algunos acaben ignorando esto y otros aquello, pero cualquiera podrá situar después en ese bosque cualquier árbol en su sitio. Y esperemos que tenga bagaje y visión del mundo.

Resumiendo, creo que la educación obligatoria está para “ver” los TODOS. Ya hará bachillerato quien quiera empezar a analizar. Y creo que los que sufren por “el nivel” de conocimientos no se preocuparán cuando vean que alumnos seguros en su “totalidad” pueden “hacer millas” en el análisis.