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PROFESIÓN DE MAESTRO

¿QUÉ DEBE PRECEDER?

Se suele decir que la lectura en tableta distrae por la cantidad de cosas que se pueden hacer. A mí no me suele pasar, especialmente, cuando tengo el propósito de leer. ¿No debería cultivarse también que los niños tuvieran propósito? ¿Deben los deberes preceder al propósito de hacerlos o es al revés?

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Tal vez una de las principales misiones del maestro sea estar pendiente de los propósitos de sus alumnos, encauzarlos y reforzarlos si son loables. Cierto que el propósito puede ser caprichoso y difícil será que armonice con el currículo. Ahí es donde la profesión de maestro se convierte en arte. Arte de observar, arte de escuchar, arte de seducir. Los niños están deseosos de que los seduzcan, atentos a todo. Pero no ha de ser tan difícil que, a la inversa, el currículo armonice con el propòsito de los niños. Sólo es cuestión de que sea breve, genérico y adaptable. La profundidad vendrá de la mano del propósito.

ARTE

Todo lo que hagamos en la escuela ha de enfocarse a enraizar al niño en el mundo en que vive. Todos queremos pertenecer y adaptarnos. Sólo nos inadaptamos si nos fallan los propósitos. No creo en realidad que ningún niño tenga originalmente impulsos nihilistas, rupturistas o disolventes, pero puede llegar a tenerlos. En otro caso acudimos a la psiquiatría. Pero en general, los niños quieren saber dónde han nacido y qué pueden hacer ahí. Con el tiempo querrán saber también cómo pueden modelar su futuro y el futuro en general. Pero no hay que adelantar propósitos.

La profesión de maestro se convierte en arte

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Si el niño escribe mal o dibuja mal y se propone escribir o dibujar bien, ésos serían sus deberes, todo lo que consiga convencer al profesor de que lo ha logrado. También los niños han de seducir. Lo único que debe hacer el maestro es navegar en el punto medio entre la complacencia y la crueldad. Tampoco es tan fácil ni libre de errores.

PROPÓSITOS HUMANOS

Los propósitos humanos nunca son absolutamente individuales, se forjan en grupo. Todo lo que nos proponemos está directa o indirectamente en función de otro. El gran enemigo es la indiferencia y su acólito el peloteo. Los maestros podemos ser muy pelotas. Los niños se dan cuenta tanto de si los ningunean como de si los adulan sin consecuencia. Quieren verse influyentes y es buen propósito que debe mantenerse en unos límites que son los de la armonía de influencias. Que no se agobie el maestro, si eso fuera fácil el mundo sería otra cosa ahora mismo, pero resulta que es parte del trabajo.

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Es difícil que un maestro reconozca

el propósito de un alumno

Tal vez pensemos que jamás un niño se propondrá dividir bien. Tal vez sea que no hayamos reflexionado nosotros sobre la auténtica importancia y el auténtico ser de la división. En otro campo, el programa televisivo «Ciencia para aficionados» (Science for stupid, en su versión original) nos demuestra que la Física tiene mucho interés y apps como Algodoo generar mucho propósito. Sólo que los libros de texto explican las matemáticas y la física tal como se piensan en la universidad (por muchos muñequitos con que se endulcen en los libros de texto).

EPÍLOGO

No quiero decir que eso pueda hacerse con todo y en cualquier momento. Es muy difícil. Es difícil que un maestro reconozca el propósito de un alumno. Todavía más difícil que comulgue con él. Incluso más difícil que lo apruebe. Pero es que en estos casos no hablamos de materia sino de actitud. El propósito es algo muy personal. Es el padre del esfurezo y de la paciencia, del tesón. Es aquello que tradicionalmente, si no venía aprendido de casa, no se adquiría en la escuela por masificación. Tal vez sea la madre del fracaso escolar.

Quien no sepa esforzarse en sus propios propósitos…

¿esperamos seriamente que lo haga en los de otro?