(Extracto del primer capítulo del libro Cronos va a mi clase, PPC, abril 2015)

Por Carmen Guaita, maestra y escritora.

CRONOS-Y-KAIRÓS-Magazine-INED21


Esta mañana al entrar en el colegio me encontré con Óscar, un joven maestro compañero de claustro, y me confesó que iba como una centella, buscando tiempo para completar los informes y las evaluaciones entre mirada y mirada a los ojos de los niños. Reconozco que me enterneció verle tan serio en su agobio de profesor novato. Como él, al acercarse la primavera, todos los docentes solemos encontrarnos a punto de estallar, estresados, afónicos y con frecuencia insomnes. Son nuestros trastornos de la estación, cuando la sucesión de festividades y puentes nos echa encima el temario sin acabar, y las calificaciones de los alumnos nos sitúan ante dudas que dejan chiquitas a las de Hamlet. En esos momentos solemos olvidar una certeza: ejercemos una profesión llena de sentido que por sí misma es capaz de producir una felicidad profunda a pesar de su enorme exigencia. Así que, también en primavera, los profesores estamos encantados de la vida aunque a veces no tengamos la suficiente perspectiva como para darnos cuenta.

Mientras veía alejarse a mi joven compañero de claustro, entraron en el aula mis alumnos. Un flash de la memoria me trajo la imagen de su primer día de clase, en septiembre, cuando no nos conocíamos aún y ellos se mostraban expectantes ante mí, que disfrazaba de seriedad mi propia expectación. Entre aquel recuerdo y estos chicos y chicas que hoy están hechos, en diferente proporción, a mi imagen y semejanza, han pasado varios meses con sus días lectivos recorridos uno por uno. De este periodo intenso solo puedo evocar fragmentos sueltos, como si mi memoria – tal vez la cualidad más limitada- renunciara de antemano a descubrir los secretos del tiempo. Sin embargo, desde un lugar más profundo que esta pobre memoria,  desde un lugar sin nombre, me llega la seguridad de que ese periodo al que artificiosamente llamo “curso” ha modificado mi realidad y la de los chicos. El tiempo ha pasado, sí, pero a nuestro favor. Sin que pueda fecharlo, hubo un momento en que la mutua expectación se convirtió en empatía; un momento en que renuncié a lograr todo lo me propuse en septiembre; otro en que el progreso de mis alumnos sobrepasó mis objetivos; un momento en que comprendí que el curso había terminado, dijera lo que dijera el calendario; un momento en que fui capaz de lograr la alquimia de la comunicación personal. En alguno de esos instantes un niño y una niña me abrieron su corazón y entonces atisbé, deslumbrada, el secreto de la felicidad.

El tiempo es el marco de referencia de cada vida concreta. Por eso cualquiera puede escribir un grueso tomo sobre el calendario, la medición de los lapsos físicos a lo largo de la historia, la relación entre las fechas y las actividades humanas o el concepto de lo efímero, pero nadie puede escribir un libro sobre el tiempo. Y de lo que no se puede hablar es mejor callar, como decía el sabio Wittgenstein, aunque él se refería a la ética. Pero es lo mismo. Al fin y al cabo, la ética es la comprensión de lo que significa de verdad una vida.

La prisa de mi compañero Óscar, la memoria del progreso de mis alumnos y las expectativas que yo albergo están relacionadas con el tiempo, un don que nos ha sido otorgado para vivir. Sin embargo, como la palabra tiempo en lengua española tiene muchos significados,  me gustaría imitar a los antiguos griegos y distinguir, como ellos, entre tres variables: Cronos, Aión  y Kairós.

Cronos es el tiempo externo y uniforme cuya medida es el movimiento de los astros. Es la arena que cae en la clepsidra, el tic-tac que no cesa. Cronos pasa y no vuelve, se mide y se pierde. Aión es la duración de la vida, por fuerza incognoscible. Kairós es un diosecillo capaz de enlazar a los dos anteriores porque es el momento presente, el más real. En la traducción literal del griego, Kairós es la oportunidad.

Cada ser humano posee un tiempo delante de sí mismo y un tiempo en su interior, por eso pudo decir Nietzsche: “En un instante feliz está la justificación de todo lo pasado y lo futuro”1. Ese instante del Kairós nos configura como una persona determinada, siempre la misma pero nunca igual.

El secreto para entender el tiempo educativo es reconocerlo como Kairós. Hay una manera consciente de ser docente. Es posible concentrarse más en ese privilegio, vivirlo con los ojos más abiertos, controlar mejor el tiempo y sus tiempos. Más allá de que, efectivamente, hay que programar la duración física de las clases y la distribución del temario a lo largo del curso existe otra dimensión que espera nuestra capacidad de estimarla y disfrutar de ella.

La primera clave del Kairós en educación estriba en distinguir lo superfluo de lo importante. La segunda, en la capacidad de congelar un momento concreto de cada día de clase, un aquí y ahora, una vivencia, para saborearla en el presente, mientras está sucediendo, y para que vaya formando parte de la historia que nos contemos al llegar a la meta. Porque ser docente va de historias. La mía con mis alumnos; la de cada profesora o profesor con los suyos; la de los alumnos con nosotros también, por supuesto, pero esa se la  contarán a sí mismos. Érase una vez el tiempo…

La tercera clave del Kairós en educación es su relación directa con la ética. Los docentes no podemos resignarnos a permanecer atrapados en una sola dimensión temporal, aquella que nos constriñe en un planeta chato de timbres que suenan y burocracia. Aunque ese planeta sea inevitable, debemos encontrar un momento de la convivencia diaria con los alumnos para vivirlo a cámara lenta. Y es que enseñar no consiste en resolver la fórmula “alumno x = tiempo requerido para obtener tal resultado”. Se trata de transmitir a la gente joven sentido crítico, valores empoderantes, conocimientos sobre el presente y el pasado, y apertura mental para que ellos mismos puedan diseñar el futuro que deseen.

El tiempo – esta vez referido a la época en que vivimos- nos obliga a una evolución que actualice la enseñanza pero mantenga viva su esencia. Esta profundidad esencial es el lugar natural del Kairós en educación, pero para alcanzarlo es preciso reflexionar sobre los otros dos factores. Cronos puede ser un tirano, en el incógnito Aión debo desenvolver el pensamiento, la libertad y el proyecto personal.

En cada curso de comienza, Cronos, Aión y Kairós vienen a mi clase. Con ellos tengo que contar. Cronos es una herramienta; Aión es un misterio; Kairós soy yo.


1Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Ediciones LEA, 1972

Carmen Guaita
Licenciada en Filosofía. Maestra. Especialista en Ciencias Sociales. Especialista en Pedagogía Terapéutica. Acreditación en dirección de centros escolares. Profesora de la enseñanza pública desde 1982. Es autora de los libros: Cronos va a mi clase (2015), Jilgueros en la cabeza (Novela, 2015), Víctor Ullate, la vida y la danza (2013); Memorias de la pizarra (2012); Cartas para encender linternas (2012); La flor de la esperanza, (2010); Desconocidas, una geometría de las mujeres (2009); Contigo Aprendí, (2008); Los amigos de mis hijos (2007). Es también coautora de los libros: Vaticano II, un tesoro escondido (2014); Autoridad, disciplina y educación, tres palancas del entorno escolar (2011); Apuntes educativos: el lenguaje en la Educación Primaria (1994) y La frustración grupal, (1980). Miembro de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España, FAPE y de la Comisión de Garantías y Deontología de la Confederación Europea de Sindicatos Independientes CESI. Miembro del Jurado de los Premios Acción Magistral, Investiga, Nacional de Fomento de la Lectura y Nacional de Poesía. Colaboradora del programa La noche en vela de RNE, y de las revistas Escuela y 21RS. Publica artículos sobre temas educativos en revistas profesionales y generales: Magisterio, XL El Semanal, Mujer Hoy, Temas para el debate, Claves de Razón Práctica, suplemento Padres de ABC, El Mundo. Hasta junio de 2014 ha sido vicepresidenta nacional del sindicato independiente de profesores ANPE, miembro de la representación de ANPE ante Consejo Escolar del Estado y de la comisión EDUC. Presenta conferencias y ponencias en congresos y cursos universitarios celebrados en muchas ciudades españolas, en Austria y en Portugal. Colabora desde el año 2009 como directora y ponente con los cursos de verano de la Universidad de Almería. Participa habitualmente en Escuelas de Padres en varias ciudades españolas. Pertenece a la Junta rectora de la ONG Delwende que sostiene proyectos educativos en África, Asia y Latinoamérica.

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