Muy pronto serán las elecciones en EE.UU para su 45 presidente. Esta última campaña admite muchos ángulos para el análisis, pero nos centramos en cuál ha sido el papel de la prensa internacional, sobretodo la norteamericana,  en el largo proceso electoral. Y en cómo han cambiado algunas cosas que hasta ahora eran impensables en los medios de comunicación estadounidense.

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Imagen retocada

¿Quién es D. Trump? ¿Quién es H. Clinton? Sabemos el poder cameleónico que tienen los políticos cuando están en campaña. Todos tenemos un dibujo de cada candidato, formado por cientos de imágenes y titulares a lo largo de estos últimos seis meses. Para una semblanza más completa de la demócrata H. Clinton y del republicano D. Trump, pueden consultar en biografía de líderes políticos CIDOB.

La lectura de Timothy Garton sobre estas elecciones norteamericanas suscita una revisión de la cobertura que relevantes medios de comunicación han realizado. Y en consecuencia, algunas de las lecturas e interpretaciones volcadas en los foros de opinión.

PACTO DE NEUTRALIDAD

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Hemos seguido con interés y curiosidad esta campaña, entre otros motivos porque se ha producido una ruptura en lo que Timothy denomina prejucio de equidad en la información. O dicho de otro modo, cómo la prensa internacional, y de modo particular la norteamericana, y más en concreto el New York Times, pero también The Guardian, entre otros, han roto el pacto de neutralidad con  la información e interpretación sobre los candidatos. Una tradición largamente conservada en parte de la prensa norteamericana.

Este concepto que sí se ha empleado en otros análisis de información, como cuestiones de “género” o  de “etnia”, no se había aplicado a la comunicación política con la intensidad y continuidad de estas elecciones. Es evidente, y los lectores nos permitirán la simplificación, que si tenemos dos candidatos y uno afirma que la energía es, permanece estática, y otro indica que se transforma, no daremos la misma credibilidad al primero que al segundo.

Trump, antigua estrella de un reality show maneja muy bien la puesta en escena y los ritmos televisivos, sus mentiras  o medias verdades han sido calificadas como su “segunda piel”. En consecuencia, el Times afirma  que es “el peor candidato propuesto por un gran partido en la historia de los Estados Unidos”.

COMPETENCIA CIUDADANA

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¿La nueva cobertura mediática de estas elecciones es la más legítima? La naturaleza del asunto y del agente informativo (Trump), ¿justifica la transgresión del principio de equidad y neutralidad informativa? ¿Están los ciudadanos en general y los espectadores en particular preparados para comprender esta transgresión y tomar una decisión de voto más coherente y responsable?

Las dos primeras cuestiones son objeto de un largo y complejo debate sobre ética, información y medios,  que retomaremos en próximas publicaciones. Centrémonos en lo segundo. ¿Qué competencias debe tener un ciudadano para diferenciar lo que es información de lo que es opinión? ¿Para observar que detrás de cualquier información hay una intención y un interés? ¿Para identificar los diferentes formatos de populismo político a una lado y otro del espectro ideológico?

Si nos centramos en España, hemos aludido a una investigación que es una referencia para conocer el grado y nivel de alfabetización audiovisual del ciudadano español: un rotundo suspenso, el 95,4% suspende. Estudio realizado por 17 universidades de las diferentes Comunidades Autónomas, que abarca estadísticamente a los ciudadanos españoles.

Esta investigación aplicó un cuestionario con 27 preguntas a 6.260 personas, cada comunidad autónoma, según la media ponderada exigida, lo aplicó a 400, lo que supone una muestra representativa.

MULTIALFABETIZACIÓN

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Explicamos en educación mediática y tecno-apropiaciones, que desde hace más de una década la Unión Europea ha impulsado la educación y alfabetización mediática de un modo decidido. La creación de la sección “Media Literacy”, de la Alianza de las Civilizaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dispone de un banco de recursos y materiales para todos los usuarios en inglés, árabe y español, que se completa con una gran base de datos en más de 60 idiomas.

En una reciente publicación Susana Morales y María Inés Loyola coordinaron “Nuevas perspectivas en los medios de comunicación”. Indican que la apropiación tecno-mediática “es un proceso de apropiación y de empoderamiento de la tecnología, de aquello que no es propio y que nunca ha pertenecido al sujeto, cobra un mayor desafío”. Y ahí estamos.

Precisamos la necesidad de cambiar la percepción de la red como instrumento meramente tecnológico, por una dimensión pedagógica y comunicativa. Es necesaria una multialfabetización que recogemos del New London Group, que desde mediados de los 90  investiga la alfabetización mediática,  y que agrupa en cuatro dimensiones:

1

Dimensión instrumental

Enseñar a manejar el hardware y el software de los distintos recursos tecnológicos.

2

Dimensión cognitiva

Desarrollar habilidades de uso inteligente de construcción, intercambio y difusión de información y comunicación en el entorno digital.

3

Dimensión actitudinal

Fomentar actitudes relacionales ante la tecnología (ni de tecnofobia o rechazo, ni de tecnofilia sumisa), y actitudes prosociales y procomunes positivas de comunicación.

4

Dimensión axiológica

Con un planteamiento emancipador, que potencia criterios para el análisis crítico de la información, y el desarrollo de valores éticos en el ecosistema mediático y móvil.

Escaño, Alises y Villalonga señalan en políTRICa que “la perspectiva del empoderamiento es concebida en la educación como el proceso de concienciación que da cuenta al estudiante de sus capacidades y potencialidades y su relación con el mundo que lo rodea. Así se avanza hacia una perspectiva emancipadora del acto pedagógico, que se sustenta en el empoderamiento del estudiante como una vía para la transformación individual y social”

Es evidente que estas elecciones exigen un análisis completo que recoja los diferentes ángulos de la información (política, económica, social, ideológica), que trascienda el simplismo de los grandes titulares y las fotos de portada. Pero la información tiene que estar bien tratada porque lo reclaman ciudadanos exigentes:

El plató televisivo no es el mejor

patrimonio cultural