La separación sociedad-escuela es uno de los principales retos a superar en la educación del siglo XXI.

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Fotograma de la película: Los cuatrocientos golpes

Ya no se sostiene en equilibrio esta doble distancia: por un lado la escuela no quiere saber nada de los cambios de la sociedad y, recíprocamente, la sociedad no quiere saber nada de cambios en la escuela. Dos mundos que se dan la espalda,  aún sabedores que la mejora sólo vendrán de la mano de ambos. Y quizás, precisamente por eso, no se miran: sin cambio social será mucho más difícil el cambio educativo.

Un equilibrio pactado tácitamente

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Fotograma de la película: Los cuatrocientos golpes

La escuela, casi siempre ligada a instituciones (iglesia, estado…) es de natural conservadora, protectora de la estructura de la sociedad que la cobija.  En las sociedades avanzadas, el derecho a la escolarización universal debería haber superado este estigma que las instituciones educativas tienen desde su nacimiento. Pero no ha sido así. Paradójicamente los estados modernos han descubierto en sus políticas educativas una forma más de control de los ciudadanos. Sólo así podemos entender que se continúe potenciando  una escuela cerrada, controlada, medida y estandarizada como seguro de generaciones de ciudadanos disciplinados.

Miro a mi alrededor y cada día tengo más certeza que hay un movimiento constante en la base de la estructura de la escuela hacia el cambio. Un oleaje que comenzó siendo  humilde, como el aleteo de una mariposa, pero que ha roto la timidez  y ahora está presente en todos los eventos educativos (locales, nacionales e internacionales),  es portada y ocupa columnas de diarios y magazines y ha invadido las redes sociales. Tengo la suerte de vivir la enseñanza desde diferentes ámbitos  y constato evidencias, anhelos y deseos de mejora permanentes en todos los componentes  de las comunidades educativas y de aprendizaje. Pero al unísono también observo  el funcionamiento de una  oposición sin argumentos a ese cambio, un “conforTmismo” con el modelo de escuela existente que se ampara en el silencio. Un silencio de los que tendrían la obligación de “hablar”, de recoger propuestas y ponerlas en diálogo. Un debate que, seguramente, silencian  con la  esperanza de contrarrestar este movimiento a modo de antídoto a la máxima quijotesca del ladran luego cabalgamos. En estos días estamos asistiendo a mítines, programas  e informes electorales que ningunean el ámbito educativo (acaso hacen referencias breves y  genéricas) y quiero pensar que no  se dan cuenta que la ausencia de este discurso, tristemente, retrasará  aún más una transformación educativa que es urgente.

¿Por qué es urgente?

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Fotograma de la película: Los cuatrocientos golpes

¿Acaso en el mundo occidental podríamos seguir viviendo con una organización social  y política sin participación ciudadana o alejada de los derechos humanos? ¿Podríamos hacer un mundo sostenible utilizado los medios de producción del siglo pasado? ¿Acaso la medicina, el derecho, la ingeniería, la política, las relaciones económicas y mercantiles tiene que ver con los modelos  existentes en la épocas anteriores?

Por el contrario las escuelas continúan siendo una reproducción de siglos atrás, donde se instruye en vez de educar; donde los saberes son cerrados y clasistas; donde los modelos de enseñanza y aprendizaje son únicos y directivos; donde los aprendizajes están jerarquizados por una sociedad obsesionada en medir y comparar; donde la promoción de la rutina y la competitividad anula cualquier proceso creativo y donde se  excluye a personas, en razón de mal entendidas razones de igualdad que ignoran básicos principios de equidad.

Las investigaciones en neuro-ciencia lo aseguran: La adquisición del conocimiento y la configuración de la mente humana ha cambiado:

El conocimiento es dinámico, diverso y mestizo.

La construcción de conocimiento es horizontal y compartida.

El conocimiento no se consume sino que  se crea.

El conocimiento es autónomo y el valor de lo construido lo pone el creador, nunca viene determinado desde fuera.

El aprendizaje formal e informal se unen en un continuum que rompe espacios y tiempos estandarizados.

Los recursos para aprender son abiertos y plurales.

La potencialidad de las tecnologías nos abre multitud de  maneras de personalizar el aprendizaje, así como de la posibilidad de modificarlo rápidamente  y compartirlo.

La brecha entre escuela y sociedad

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Fotograma de la película: Los cuatrocientos golpes

Entre los jóvenes hay un desapego al sistema educativo constatable. Y no sólo de la enseñanza obligatoria, también de la universitaria. ¿Por qué esta falta de aprecio? La separación  escuela-sociedad ha sido más que evidente en los últimos 40 años de los que tengo memoria: en la escuela te enseñaban contenidos que no podías adquirir en la calle y en la calle aprendías todo aquello que la escuela ocultaba o ignoraba a propósito.

Es hora de cerrar brechas, de tender puentes que den sentido a una escuela para la sociedad del siglo XXI. La escuela de espaldas al contexto  es una cuestión que tenemos que resolver los que nos dedicamos a la educación de forma urgente, si no queremos que la “institución educativa” quede reducida a un acontecimiento histórico del pasado para las próximas generaciones.