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TRABAJO EN EL AULA

Llevo tiempo dándole muchas vueltas. Desde que me di cuenta hace ya cuatro años de que me llenaba mucho más el trabajo en el aula que la tarea directiva; y desde que comparto formación en múltiples talleres y cursos sobre diferentes temas relacionados con las metodologías activas.

Llevo tiempo dándole vueltas a la importancia del trabajo en el aula, la credibilidad que otorga esa inmensa y maravillosa tarea para poder argumentar y defender la innovación educativa y la utilización de las metodologías activas.

SIN MORIR EN EL INTENTO

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Cuando alguien, en su quehacer diario en el aula, se da cuenta de que debe cambiar, de que el enfoque del proceso de aprendizaje debe modificarse ante la realidad de un mundo cambiante y digital; puede hacer –básicamente– dos cosas: 1) ignorarlo y evadirse o 2) replantearse su rol docente.

Ignorarlo supone negar toda posibilidad de cambio, a pesar de su obviedad, y así se producen rechazos a la tecnología y a la innovación y quejas sobre la administración, las familias, el alumnado, la falta de recursos, etc.

Replantearse el rol docente lleva aparejados riesgos y miedos que deben ser vencidos por la convicción en la necesidad de cambios y, por ello, debe enfrentarse a múltiples obstáculos y retos que los que ignoran o evaden esta necesidad no quieren asumir.

De esa actitud de enfrentarse a los retos surgen experiencias de aprendizaje innovadoras y docentes que se convierten en referentes para otros que están necesitados de ejemplos que les terminen de convencer de que es posible innovar sin morir en el intento.

Y no nos vamos a ir muy lejos. Como a otros muchos docentes decididos al cambio, a mí me ha pasado con proyectos de aprendizaje desarrollados junto al alumnado con el que comparto y he compartido aprendizajes y con mis experiencias relacionadas con el flipped classroom.

Han sido muchos los docentes que me han agradecido poder dar el salto después de ver esas experiencias de aprendizaje y que les haya servido de acicate para poder lanzarse ellos. Incluso en algún taller, un docente me ha llegado a decir:

“Me creo lo que has dicho porque vienes del aula y estás en el aula y no eres uno de esos teóricos que se creen que lo saben todo”.

No soy una referencia para ellos por mis charlas, mis ideas, mis talleres o mis cursos de formación, sino porque estoy a pie de aula.

A PIE DE AULA

La innovación y las experiencias de aprendizaje de docentes decididos al cambio pueden tener como consecuencia una aparente “fama” o significación en algunos ámbitos profesionales y/o en la red, pero nunca es una causa. Es decir, no creo que ninguno de los docentes que intentan innovar y crear nuevos escenarios de aprendizaje para sus alumnos haga lo que hace para tener fama y relevancia, para ser eso que algunos llaman, despectivamente, un gurú. Porque están y siguen a pie de aula.

Porque a pie de aula se viven los problemas y las dificultades diarias, que deben servir para buscar soluciones y no para ignorar o evadirse de la necesidad de otro tipo de aprendizajes y, por lo tanto, de otro tipo de enseñanza.

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Porque a pie de aula se está en contacto con la realidad del alumnado, con sus dificultades, sus posibilidades y sus expectativas.

Porque a pie de aula uno observa la importancia de la familia y cómo influye el contexto familiar en el rendimiento y actitud del alumnado.

Porque a pie de aula se constata la encrucijada en la que se encuentra el profesorado ante tantos cambios y como es, hasta cierto punto, comprensible el rechazo al cambio. No tanto por el cambio en sí, como por la falta de certezas que nos rodea. Porque el profesorado ha estado acostumbrado a las certidumbres y lleva mucho tiempo inmerso en incertidumbres. Y eso cuesta trabajo asimilarlo a la vez que se hace frente a los problemas diarios del aula.

Porque a pie de aula se observa el distanciamiento de la Escuela y la realidad. Como la Escuela como institución sigue inmersa en una situación de estancamiento metodológico, pero sobre todo, de enfoque. De no saber muy bien qué tiene que hacer, para qué hacerlo y cómo hacerlo.

Porque para comprender los problemas de la Escuela, en un mundo tan cambiante e incierto hay que estar dentro de su realidad, de su día a día.

A pie de aula