“Se tarda menos en hacer una cosa bien que en explicar por qué se hizo mal”

WADSWORTH, Henry Longfellow

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Hace unos meses, mientras estaba pensando en qué escribir me puse música, precisamente la Overtura de Egmont, Op. 84 de Beethoven. A cargo del Director Hugh Wolff. Él y la orquesta Filarmónica NEC (New England Conservatory) en el Boston Symphony Hall. Mientras escuchaba iba observando los movimientos del director, y la perfecta sincronización de toda la orquesta.

Hugh Wolff, me fascinó sólo con ver cómo dirigía a la orquesta. Esto me hizo recordar el pasado concierto de Año nuevo y un post de Andrés Ortega, qué decía así, lo cito textualmente, dado que después hemos hablado al respecto, me dijo: “adelante, Ricard, Just do it!”, para esto están las redes. El post que quiero recuperar es el siguiente: Innovación y Liderazgo al son de la marcha Radetzkyby Andrés Ortega Martínez (02/01/2014).

A principios de Enero, tiene lugar el tradicional concierto de Año Nuevo a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena. El encargado de dirigir, mejor dicho, de liderar el concierto el año pasado fue el pianista y Director argentino-israelí Daniel Barenboim, quien, junto a la filarmónica, ofreció un concierto excepcional repleto de calidad y que ha culminado de una forma inesperadamente espectacular desde un punto de vista de innovación y liderazgo.

Desde que Willy Boskowsky, en 1958, estableció la tradición de cerrar el concierto con el Danubio Azul y la Marcha Radetzky nunca, hasta este concierto, se había producido un broche tan inusual… y es que Daniel Barenboim hizo algo diferente; pero, sencillamente extraordinario, no desde un punto de vista musical, sino desde una perspectiva de liderazgo

Daniel Barenboim no dirigió con sus movimientos la marcha Radetzky, sino que, en un alarde mezcla de espontaneidad, disruptividad e innovación, se dedicó a saludar uno por uno a todos los integrantes de la Filarmónica, regalando gestos de complicidad, sonrisas y muestras de afecto a todos y cada uno de ellos… mientras estos, interpretaban de forma magistral y sin aparentemente dirección alguna la archiconocida obra de Johann Strauss padre.

Fue sin duda, una deliciosa forma de comenzar el año, disfrutar de una composición que año tras año sigue emocionándome como la primera vez que la escuché, mientras era testigo excepcional de una ruptura de protocolo, de un ejercicio de innovación sobre una tradición instaurada desde hace más de 50 años…”

Andrés Ortega (@Ander73)

Volví a casa, me puse de nuevo el fragmento que escuché y re-escuché el apoteósico final de concierto del que Andrés nos hablaba, que en su día me pareció fantástico. Blue Hippy Van by Kyle Szeged.

Nuevos líderes del

desafío

Hacia el final de la noche, se me ocurrió que la realización de una orquesta y dirección de un equipo tienen mucho en común, esto me hizo recordar varias situaciones que he vivido profesionalmente. Una de ellas, en particular, fue un reto que —de la noche a la mañana— Dirección General nos encomendó, a saber: que rompiéramos con el proveedor y fabricante principal de nuestros productos y lo diversificáramos todo en diferentes fábricas externas; que montáramos una interna y siguiéramos fabricando, es decir, que siguiéramos tocando música, pero —a la vez— habíamos de cambiar de partitura constantemente, de notas musicales; y creáramos unas notas nuevas, todo a la vez. Por suerte, se realizó y todos conseguimos el resultado final: llevarlo a buen puerto. Hubo horas de sacrificio, dedicación y motivación para el nuevo reto que teníamos todos; todo había de llegar a buen puerto o podría ser un gran cataclismo para  el conjunto de la empresa. Por este motivo, si partimos de la idea que el líder es el director de orquesta, es decir, un Conductor, será este conductor quien dirija a todo el conjunto:

Habíamos de cambiar de partitura

constantemente

1

Comienza con un plan. Comienzan con una partitura musical y una idea clara de cómo debe sonar. Sólo entonces intentan recrear en tiempo real su musical “visión”.

2

El conductor recluta a los mejores jugadores. Grandes conductores atraen grandes jugadores. Conductores mediocres atraen a jugadores mediocres. Los mejores jugadores quieren trabajar para los mejores conductores. Los iguales se atraen.

3

El conductor es visible, para que todos puedan verlo. El conductor se encuentra en una plataforma, de modo que cada miembro de la orquesta puede verlo. Esta es la única forma en que la orquesta puede permanecer en la alineación, con cada jugador arrancar y parar en el momento adecuado.

4

El conductor conduce con su corazón. Grandes conductores son arrastrados por la música. Son apasionados. Ellos no sólo juegan con su cabeza; que también juegan con el corazón. Se puede leer en su cara. Nosotros podemos sentirlo en nuestro movimiento. Somos completamente presentes y “podemos hacer jugar en la totalidad del completo.” “¡No micro dirijas, lídera!

5

Los delegados de los conductores y se centra en lo que sólo él puede hacer. El conductor no lo hace todo. Tiene que vender los boletos. No participa (por lo general) en las preliminares. Ni siquiera asegurarse de que la orquesta está afinada. (El concertino hace eso.) Se queda fuera del escenario hasta que es hora de que se haga lo que sólo él puede hacer de plomo.

6

El conductor es consciente de sus gestos y su impacto. Un conductor no puede permitirse el lujo de hacer un gesto involuntario. Todo significa algo. La película de la muñeca, la elevación de las cejas, y el cierre de los ojos todos tienen significado. Un buen conductor no puede permitirse ser descuidado con su conducta pública.

7

El conductor mantiene de espaldas a la audiencia. Los conductores son conscientes de la audiencia, pero su atención se centra en los jugadores y su rendimiento. La única vez que el conductor deja de reconocer la audiencia antes de que comience el juego y después de que se termine. Aparte de eso, él se centra en ofrecer un producto excepcional, más allá del producto, lo quiere mostrar que ese producto no es sólo igual, sino que es diferente, y en ello se basa porqué transmite emociones, sentimientos.

8

El conductor comparte el protagonismo. El nunca quiere ser el protagonista, es más siempre da las gracias al público, luego a todo el equipo, y al final deja que los demás por su propio pie, si quieren se lo agradezcan, no obliga a nadie nada. Cuando el concierto termina, y el público está aplaudiendo, el conductor se dirige a la audiencia y toma un arco. Un buen conductor de inmediato se dirige a la orquesta y les invita a ponerse de pie y el arco también. Comparte la gloria con sus colegas, con su equipo, con su orquesta, al darse cuenta de que sin ellos, la música no sería posible. El líder, la persona responsable agradece siempre a cada uno de los miembros por el esfuerzo, dedicación, colaboración y creación del proyecto que haya salido bien.

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Todo esto tiene una aplicación directa e inmediata en la labor de aquellos que “conducen”. Nosotros podemos asistir a una sinfonía con nuestro equipo y, luego, discutir las implicaciones para entender cómo se puede dirigir—de manera más eficiente— nuestra organización, equipo, etc.

Somos como los nuevos líderes del desafío. Los nuevos conductores que miramos al presente, sin olvidar el pasado, con la vista hacía el futuro.

Ricard Lloria
Transmisor de confianza, honestidad y transparencia hacia el proveedor-cliente interno y externo, con habilidad para win to win, B2B, experiencia en el campo de responsable y dirección en Compras, Supply Chain MRO, S&OP contratación Servicios Generales. Máster en Marketing, distribución y consumo (Marketing y logística) por la UB. Graduado en Ciencias Empresariales con Comercio Exterior ( Graduado en Empresa Internacional) por la UB.