Iniciamos 2016  con ilusión e incertidumbre “volviendo” por algunas lecturas. En concreto Baricco  y sus “Los  bárbaros” ensayo de quien tomamos nuestro título; y Jenkins que en su último capítulo de “Fans, blogueros y otros juegos”, habla de “Los monstruos de al lado”. Ambos autores, desde diferentes miradas, cuestionan una vez más la convulsas relaciones entre la educación y la tecnología.

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¿Son tan altas las murallas en las que nos encontramos, desde donde oteamos, los mal llamados “inmigrantes digitales?

¿Es la tecnología la causa primera, segunda o tercera, de la llamada brecha digital?

¿Es útil y/o tiene sentido intentar conciliar la escuela como espacio educativo formal, con las prácticas de ocio digital y cultural?

Seguro que no somos capaces de responder a estas preguntas, pero sí abriremos surcos para encontrar otras cuestiones y aportar algunas reflexiones, cultivadas en el tiempo al calor de la experiencia. 

La lectura de Carr, ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales, es un título provocativo además de apocalíptico, que cuestionaremos, aunque recoge algunas ideas que nos acompañan estos últimos años.

Son muchos los foros abiertos en los que se discute sobre los efectos y consecuencias del uso de las TIC,  así como de las posibilidades creativas de la tecnología, que ya denominamos TRIC  (tecnologías de la relación, información y comunicación) por el potencial relacional y lúdico y que contienen.

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Estos debates concluyen y afirman con frecuencia que las tecnologías son neutras, que dependen del uso, para que sean positivas o negativas. Pero hay algo más.  McLuhan intuyó  hace más de medio siglo que  “el medio es el mensaje” que la tecnología en sí misma cambia nuestros modos de comunicación. Como cambia nuestras rutinas, costumbres. Carr comenta que su “cerebro es disperso y hambriento”, que cada vez le cuesta más leer un libro impreso. Quizá sea una experiencia bastante común en muchos de nosotros.

Es posible que Internet haya facilitado, junto a otras muchas variables culturales, que los segmentos de atención se hayan reducido y que nuestros aprendizajes funcionen como las olas de un lago en contactos concéntricos; como sugiere Baricco  en un aprendizaje superficial, intenso como el  surfista que cabalga de cresta en cresta de la ola.

Por tanto, ni los usos, ni el análisis de los contenidos de  las TIC son lo esencial, los aprendizajes invisibles la tecnología que es ideología, como ya dijera Postman cambia nuestro cerebro.

En los posibles y necesarios espacios comunes, entre padres y madres e hijos, docentes y discentes, profesores y alumnos aparece la referencia de Jenkins. En “Los monstruos de al lado”, el autor comparte con su hijo un pequeño ensayo sobre “Buffy y el pánico moral” y las diferencias generacionales. Hay un momento mágico en el que su hijo afirma: “me alegré de haber dedicado tiempo a entender la cultura de mis padres”. Esto sólo se puede decir, cuando se ha experimentado que el tiempo de los padres ha estado muy ocupado por los gustos, consumos y preferencias de sus hijos.

Este diálogo entre Jenkins padre e hijo, que os recomendamos leer es una importante alerta para no satanizar los gustos de nuestros hijos y alumnos, menos desde la ignorancia o el desconocimiento.

¿Hay otro modo mejor de conocerlos que conociendo lo que les gusta?

¿Desde qué criterios establecemos la calidad de estos consumos e interacciones?

¿Cuántas distancias, cuántas murallas levantamos para impedir estos puntos de encuentro, que nos permitan crecer como personas, como padres y madres, como educadores?

¿Qué nos permitan comprender a los jóvenes y acompañarles en sus rutas?

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En la investigación que hemos realizado  desde varias universidades con el grupo AUSTICA avanzamos  algunas líneas de reflexión y trabajo con el proyecto de investigación I+D+I: “El uso de las TIC y la brecha digital entre adultos y adolescentes. Encuentros y (Des)encuentros en la escuela y en el hogar”.

Señalamos varias claves que han descrito el marco de la investigación, y que se han reflejado en las conclusiones. Entendemos que ayudan a diferenciar lo que se denomina brecha digital, de la brecha intergeneracional, que de un modo más o menos consciente late en nuestros discursos:

1

La satanización a priori de los usos que hacen los jóvenes de algunas prácticas con y desde pantallas (televisión, redes sociales, uso de los smartphones, videojuegos… ), no se hacen desde el conocimiento de estas prácticas. Este desconocimiento impide dotar de significado constructivo los usos culturales de los jóvenes.

2

No existe brecha digital, sino diferencias culturales entre generaciones (como siempre han existido), en las cuales están incluidas estas prácticas culturales digitales.

3

Existen riesgos y existen oportunidades. De lo primero, son responsables los propios usuarios, la sociedad, las instituciones, también los padres y las madres ¿Qué pueden hacen las familias para evitar los riesgos y aprovechar las oportunidades? Entendemos que el concepto de dieta digital no aparece en las agendas de muchas familias y debería formar parte de la rutina familiar.

4

Con algunas pantallas como los videojuegos y las redes sociales, el desconocimiento de los educadores y familias es grande, sus prejuicios también. Una percepción muy diferente a la que tienen los propios alumnos e hijos/as, que responden mejor a lo que ocurre alrededor del entorno digital.

Si el aprendizaje con estas pantallas de los adolescentes y jóvenes se produce en su ocio digital y, en concreto, en los espacios domésticos y privados, ¿qué deberá hacer la escuela para generar un espacio de reflexión creativa y participativa en torno a estas vivencias?

Las prácticas culturales digitales que desarrollan los menores y los adultos en el entorno convergente mediático, cuestionan las viejas prácticas analógicas, en gran parte depositadas en los contenedores TIC  (uso del PDF, pizarras digitales como si fueran tradicionales, presentaciones PPT o similares como antes los murales, los textos lineales….) que no contienen un cambio en el tipo de comunicación, ni de lenguaje, ni de audiencias, ni de contexto, ni tampoco de educación, que es transmisiva, vertical y unidireccional.

Por tanto, permanece el discurso TIC, que prioriza lo tecnológico, que  entiende la información como masa de datos que hay que manejar, y que considera la comunicación como puro ejercicio transmisor y reproductor de viejos esquemas escolares o académicos.

Y es aquí donde radica el problema, ya que se sigue entendiendo la tecnología como medio instrumental. Sin embargo su uso no  garantiza nada y no genera diversos aprendizajes, ni  nuevos conocimientos, ni un cambio de actitud.

Deducimos que este entorno de prácticas culturales y digitales que experimentan los menores en los entornos tecnológicos, podemos describirlo como TRIC (tecnologías + relación + información + comunicación), que contiene otro concepto y otro enfoque de la educación para los medios y de la comunicación para la educación. Entorno TRIC, dinamizado por el Factor R  que entendemos como interacción, conexión, horizontalidad y reciprocidad.

Qué está haciendo Internet con

nuestras mentes

Entendemos que la tecnología no es efecto ni consecuencia, que tampoco es medio, es artefacto cultural,  es entorno (digital) que forma parte de un circuito, que es cíclico y que produce y es producido por la cultura. Como señala el modelo propuesto y adaptado de los estudios de McQuail.   El contexto social conduce a nuevas ideas, que implican nuevas tecnologías, que a su vez se aplican y suman a usos anteriores. Estas prácticas conducen a nuevas aplicaciones que son adaptadas y adoptadas por las diferentes instituciones, una más otras menos (económicas, políticas, sociales, educativas), que producen nuevos significados y nuevos cambios culturales que se abrirán a un nuevo contexto para volver a empezar.

El tiempo que hasta ahora conformaba y asignaba sentido a la relación, ha mutado en los escenarios mediados por la tecnología, ha descentrado la interacción, multiplicado las direcciones, y generado un “aquí-y-ahora” continuo.  Los sociólogos hablan de campo cultivado para las transferencias y propicio para que determinados usos y consumos de Internet favorezcan compulsivamente las proyecciones/identificaciones del usuario, de modo más intenso al que produce el relato o visionado tradicional.

Interactividad, simulación, inmersión, hipervínculos, multimedia, son cualidades de la Red que aportan atractivos beneficios. Pero la ética para esta nueva convivencia está todavía sin escribir.

Ética y dieta marcan el norte de esta

cultura

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  • Josep Maria Turuguet Salgado

    Yo creo que internet no debería hacer nada con nuestras mentes que no quisiésemos. Convengo que para que el instrumento no nos domine debemos dominarlo nosotros y, para ello, conocerlo bien. Creo que el alcohólico ni conoce bien el alcohol ni sabe exactamente por qué bebe. Lo digital es suficientemente poderoso como para comportarse como el alcohol. Diría que quien tiene una visión del mundo coherente y un proyecto claro de vida… máximo le pasará como a Carr, se dará cuenta y lo racionalizará.