¿Qué pasaría en una clase si entrara una jirafa?

Centraría la atención de todo el alumnado y dispersaría la atención del profesor o profesora que estuviera explicando.

“La jirafa despertaría simplemente curiosidad, uno de los ingredientes básicos de la emoción. La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción. Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación del conocimiento”.

Así comienza Francisco Mora, el capítulo 7 (p.73) de su libro Neuroeducación.

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El cerebro posee neuronas que se activan ante algo diferente, que sale de lo cotidiano, esa emoción generada por la curiosidad de conocer qué es eso distinto nos lleva a querer conocerla y así nos adentramos en la emoción que nos lleva al aprendizaje.

Hoy, insiste Mora, comenzamos a saber que nadie puede aprender nada, y menos de una manera abstracta, a menos que aquello que se vaya a aprender le motive, le diga algo, posea algún significado que encienda la curiosidad.

Hay niños y niñas que manifiestan esa curiosidad espontánea y están predispuestos al aprendizaje: reaccionan de modo positivo, muestran necesidad de saber, exploran nuevas experiencias… Pero hay otros y otras que no se manifiestan así y hay que provocar situaciones para que se les encienda la emoción y la curiosidad por aprender. Esta es la tarea de los docentes cada día, ver cómo vamos a encender esas emociones en el alumnado.

Desde la Neuroeducación se nos proponen algunas estrategias que nos pueden ayudar a encender la curiosidad en aquellos estudiantes que espontáneamente no la tienen:

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ESTRATEGIAS

1

Comenzar la clase con algo provocador, una frase, un dibujo, un pensamiento… algo que resulte chocante (la jirafa, por ejemplo).

2

Presentar un problema cotidiano que lleve al alumnado a despertar curiosidad al principio de la clase: “Al venir hoy para acá he visto en el parque…”

3

Crear una atmósfera que facilite el diálogo, donde el alumnado se sienta a gusto para preguntar, intervenir

4

Dar tiempo suficiente para que el alumnado desarrolle sus cuestiones y argumentos.

5

No preguntar sobre un tema concreto, sino incentivar al alumnado para que plante el problema de forma espontánea. Ello estimula su propia querencia, autoestima y motivación personal.

6

Introducir durante el desarrollo de la clase elementos que impliquen incongruencia, contradicción, novedad, sorpresa, complejidad, desconcierto, incertidumbre

7

Que los grados del punto 6 sean los adecuados para no provocar ansiedad en el alumnado.

8

En las clases prácticas procurar la participación activa del estudiante y su exploración personal.

9

Reforzar el mérito y el aplauso ante una buena pregunta o resolución de un determinado problema.

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Modular pero no dirigir la búsqueda de una respuesta por parte del alumno o alumna y menos proporcionar la resolución del problema.

Se trata de inyectar en el alumnado la curiosidad y así fomentar su disposición para aprender.

Olvidemos por tanto las tan repetidas frases de:

“Manuel, no seas tan curioso que te quieres enterar de todo, ya lo sabrás con el tiempo”

“Siéntate, no seas tan curioso”

“Hay que ver lo curioso que eres…”

“Chiquillo, hay que ver lo cotilla que eres”

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Esta teoría de Neurociencia nos lleva a recordar teorías anteriores en las que el conflicto es la base del aprendizaje significativo.

Algunas de estas estrategias rondan en las cabezas de los docentes continuamente, sabemos que motivar al alumnado es difícil, pero hay que buscar cómo hacerlo de forma que no se dé un aprendizaje abstracto con el que no quede poso cultural.

No podemos olvidar tampoco el contexto en el que vayamos a desarrollar este aprendizaje, no es lo mismo enseñar a un alumno de pueblo que a uno de ciudad, los sitios, los espacios, la forma de relacionarse… son distintos y así lo debemos contemplar en nuestras programaciones docentes.

Por esto, cada vez menos, se deben utilizar esos libros de texto,

UNIFICADOS PARA TODO UN PAÍS.

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PARA SABER MÁS

Dolores Álvarez Peralías
Maestra y pedagoga. He trabajado en Primaria y Secundaria. Durante veinte años he sido directora de centros educativos en los dos sectores de la enseñanza. Mi objetivo primordial siempre ha sido crear un buen clima de centro porque pienso que con ello se mejora el ambiente educativo y se facilita el aprendizaje. Mi pasión es el mundo educativo y aún, estando ya jubilada, es lo que me mueve a escribir, a leer, a compartir ambientes, encuentros y amistades. Sigo aprendiendo cada día y me muevo en redes sociales con cierta frecuencia.